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Perú, la batalla por la nación

El futuro de Perú se juega este 7 de junio con la celebración de la segunda vuelta electoral. Una
Los candidatos presidenciales de Perú, Keiko Fujimori, por el partido Fuerza Popular, y Roberto Sánchez, por el partido Juntos por el Perú, saludan durante un debate en Lima el 31 de mayo de 2026, antes de la segunda sección presidencial del 7 de junio.
Sánchez y Fujimori llegaron al balotaje después de una primera vuelta plagada de fallos logísticos y denuncias de fraude. En conjunto, no recibieron ni el 30% de los votos. (FOTO: ERNESTO BENAVIDES/AFP)

Perú no puede salvarse del clivaje político que lo acompaña, la profunda herida entre el fujimorismo y el anti-fujimorismo, al que se suma una confrontación con el bloque de izquierda radical, una brecha que divide a la sociedad y la fractura en identidades, intereses y valores antagónicos y dispares. Esta fractura que atraviesa todo y a todos en Perú también se sustenta en la veta geográfica y territorial que separa al Perú de la costa, el más desarrollado, industrializado y vinculado al mercado internacional frente al Perú andino, rural e indígena y del que poco se ha beneficiado del crecimiento económico. Esta complejidad marca los votos, las emociones y el rumbo de la nación.

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El futuro de Perú se juega este 7 de junio con la celebración de la segunda vuelta electoral. Una fecha que refleja uno de los períodos de mayor turbulencia de su historia reciente: una sociedad polarizada por la rivalidad ideológica, la debilidad del Estado, la atomización del voto, la desconfianza ciudadana hacia las instituciones y las élites, así como la crisis política crónica que se toca con la sucesión vertiginosa de mandatarios, vacancias, renuncias, escándalos de corrupción y la confrontación constante entre el Poder Ejecutivo y Legislativo.

Los números reflejan esta dramática inestabilidad: ocho presidentes en diez años y el desfile de tres presidentes en el transcurso de una semana (Martín Vizcarra, Manuel Merino y Francisco Sagasti) durante la tercera semana de noviembre del 2020. ¡Inclusive, Perú se quedó varias horas sin presidente! Precisamente, la consigna del actual presidente interino, José María Balcazar tiene la misión de conducir el presente proceso electoral, tras la destitución de José Jeri, el último mandatario que tan sólo duró cuatro meses en el poder.

La rotación más frecuente de líderes que se remonta a la presidencia de Pedro Pablo Kuczynski ejemplifica el drama de la inestabilidad política, pues ningún gobierno logra consolidarse plenamente, trabando la deseada construcción de gobernabilidad. En este contexto, destacó el caos de la primera vuelta electoral del pasado 12 de abril, donde se presentaron 36 candidatos para un padrón electoral de alrededor de 27 millones de personas y solo pasaron a la segunda vuelta: Keiko Fujimori y Roberto Sánchez, los dos candidatos que ni siquiera llegaron al 30% de la votación. Lo más grave es que el 70% del electorado votó por candidatos distintos a los dos finalistas, un país políticamente disfuncional que alimenta la extrema pesonalización de la política y con ello el hartazgo social y el enojo ciudadano.

Quizá la incógnita que definirá el rumbo del país será la dirección que tomen los votos de Rafael López Aliaga, el llamado “Trump peruano”, quien quedó en tercer lugar y de Jorge Nieto, exministro liberal y del centro político que terminó en cuarto sitio con el 11% de las votaciones, ambos inclinarán la balanza ya sea para favorecer a Keiko Fujimori o Roberto Sánchez.

No en vano se ha señalado, que esta elección será una réplica de la del 2021, cuando Keiko Fujimori se enfrentó a Pedro Castillo en su tercer intento por conquistar la presidencia. Nuevamente el duelo será entre el bloque fijimorista y el castillista-andino, pues Roberto Sánchez ha prometido seguir el ideario político de Pedro Castillo e indultarlo de ganar la presidencia. Él ha prometido promulgar una nueva constitución, a propósito de ampliar la participación del Estado en la economía, fortalecer el control nacional sobre los recursos naturales y, revisar los acuerdos comerciales vigentes. Este duelo refleja un país roto en dos partes, polarizado al extremo y el cual no resolverá la crisis de representatividad que prevalece en el país.

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La novedad electoral recae entonces en el regreso a un Congreso Bicameral, que con la elección de los 60 nuevos escaños del Senado, busca reducir la fragmentación partidista y facilitar la construcción de acuerdos políticos.

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Nota del editor: Rina Mussali es analista internacional y miembro del Comexi. Síguela en X como @RinaMussali . Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente a la autora.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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