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Reshoring, el concepto que está redibujando el mapa logístico

Considero que el reshoring marca el inicio de una etapa distinta para la manufactura y el comercio en la región. Una en la que la complejidad deja de ser una excepción y se convierte en la norma.
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El reshoring marca el inicio de una etapa distinta para la manufactura y el comercio en la región. Una en la que la complejidad deja de ser una excepción y se convierte en la norma, apunta Ilan Epelbaum. (undefined/Getty Images/iStockphoto)

En medio de tensiones comerciales, incentivos industriales y una política cada vez más activa de relocalización en Estados Unidos, el reshoring se ha instalado en la conversación económica como una señal de alerta para México. La narrativa es clara: si la producción regresa al país de origen, ¿qué pasará con el papel de México en la manufactura global?

Desde mi perspectiva, el planteamiento es incompleto. El reshoring no está desmantelando las cadenas globales de valor, pero sí las está transformando de una manera más profunda de lo que parece a simple vista.

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Parte de la confusión radica en entender estos movimientos como excluyentes. En realidad, lo que estamos observando es una reorganización de capacidades productivas donde distintos países cumplen funciones complementarias dentro de una misma cadena. Es decir, la producción no necesariamente regresa por completo, sino que se redistribuye en función de costos, riesgos y prioridades estratégicas.

Y es que lo que estamos presenciando hoy en día es claro: el reshoring, en este último año, ya ha impulsado más de 244,000 empleos en manufactura en Estados Unidos, acompañado de inversiones millonarias que buscan fortalecer sus capacidades estratégicas. Esto, sin embargo, no se traduce en un debilitamiento de la relación comercial con México; al contrario, en 2025 las importaciones estadounidenses desde nuestro país alcanzaron niveles históricos, al mismo tiempo que más del 80% de las exportaciones mexicanas continúan dirigiéndose a nuestro vecino del norte.

Este comportamiento no es contradictorio: es el reflejo de un modelo más sofisticado.

Ahora, las cadenas de suministro dejan de ser lineales y se convierten en redes. Un producto puede atravesar múltiples fronteras antes de llegar a su destino final, incorporando procesos de manufactura, ensamblaje y distribución en distintos puntos de la región. Esta fragmentación permite mayor flexibilidad, pero también eleva el nivel de exigencia operativa.

Y es ahí donde la competitividad se va a redefinir.

Esto porque si cadenas se vuelven más complejas, la eficiencia no dependerá solo de dónde se produce, sino de qué tan bien se coordinan los flujos entre cada uno de los eslabones. Para explicarlo de manera clara, cada cruce fronterizo adicional, cada proveedor incorporado y cada punto de distribución suman capas de riesgo, pero también de oportunidad.

En la práctica, esto se traduce en una presión constante sobre los tiempos de entrega, en una necesidad mucho más exigente de visibilidad en cada etapa del proceso y una dependencia creciente de la capacidad para anticipar cambios bruscos. Es entonces donde la logística deja de ser un componente de soporte para así convertirse en una pieza estratégica que define el desempeño de toda la operación.

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Lo que he visto es que esta transición está obligando a las empresas a replantear sus operaciones y no me refiero a solo en términos de costos, sino en cómo estructuran sus cadenas de suministro, cómo gestionan la información y cómo responden a un entorno que cambia con rapidez.

En este sentido, considero que el reshoring no representa una amenaza directa para México, pero sí un cambio en las condiciones bajo las cuales compite. La ventaja geográfica que tenemos como país, que durante años ha sido un factor clave, ya no es suficiente por sí sola. Ahora lo que está en juego es la capacidad de integrarse de manera eficiente en una red productiva más fragmentada y exigente.

Si algo deja me claro este momento es que el valor ya no se concentra únicamente en la manufactura, sino en la conexión entre procesos. En otras palabras, en la capacidad de articular producción, movimiento y entrega de forma coordinada.

Por ello, considero que la discusión no debería centrarse en si México gana o pierde frente al reshoring; el punto está en cómo evoluciona su papel dentro de esta nueva configuración. En un entorno donde las cadenas se diversifican, la ventaja está en participar mejor, no en participar más.

Considero que el reshoring marca el inicio de una etapa distinta para la manufactura y el comercio en la región. Una en la que la complejidad deja de ser una excepción y se convierte en la norma. Para mí, entenderla —y saber operar dentro de ella— será lo que determine quién logra sostener su competitividad en los próximos años.

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Nota del editor: Ilan Epelbaum es director general de Mail Boxes Etc. en México. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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