Parte de la confusión radica en entender estos movimientos como excluyentes. En realidad, lo que estamos observando es una reorganización de capacidades productivas donde distintos países cumplen funciones complementarias dentro de una misma cadena. Es decir, la producción no necesariamente regresa por completo, sino que se redistribuye en función de costos, riesgos y prioridades estratégicas.
Y es que lo que estamos presenciando hoy en día es claro: el reshoring, en este último año, ya ha impulsado más de 244,000 empleos en manufactura en Estados Unidos, acompañado de inversiones millonarias que buscan fortalecer sus capacidades estratégicas. Esto, sin embargo, no se traduce en un debilitamiento de la relación comercial con México; al contrario, en 2025 las importaciones estadounidenses desde nuestro país alcanzaron niveles históricos, al mismo tiempo que más del 80% de las exportaciones mexicanas continúan dirigiéndose a nuestro vecino del norte.
Este comportamiento no es contradictorio: es el reflejo de un modelo más sofisticado.
Ahora, las cadenas de suministro dejan de ser lineales y se convierten en redes. Un producto puede atravesar múltiples fronteras antes de llegar a su destino final, incorporando procesos de manufactura, ensamblaje y distribución en distintos puntos de la región. Esta fragmentación permite mayor flexibilidad, pero también eleva el nivel de exigencia operativa.
Y es ahí donde la competitividad se va a redefinir.
Esto porque si cadenas se vuelven más complejas, la eficiencia no dependerá solo de dónde se produce, sino de qué tan bien se coordinan los flujos entre cada uno de los eslabones. Para explicarlo de manera clara, cada cruce fronterizo adicional, cada proveedor incorporado y cada punto de distribución suman capas de riesgo, pero también de oportunidad.
En la práctica, esto se traduce en una presión constante sobre los tiempos de entrega, en una necesidad mucho más exigente de visibilidad en cada etapa del proceso y una dependencia creciente de la capacidad para anticipar cambios bruscos. Es entonces donde la logística deja de ser un componente de soporte para así convertirse en una pieza estratégica que define el desempeño de toda la operación.