Durante 18 años he trabajado para convertir ideas en activos y de esa experiencia nació PRFormance, una metodología que desarrollé para integrar relaciones públicas estratégicas, performance, creatividad, ventas, conversión y protección de activos comerciales.
PRFormance no es un juego de naming ni una suma superficial de relaciones públicas y performance. Es una categoría de negocio y un proceso para vender y generar valor.
Su principio es que ninguna campaña debería diseñarse sin decidir qué resultado producirá hoy y qué capacidad dejará para mañana.
Cada pieza publicitaria no tiene que resolver ambas tareas, pero la estrategia completa debe contemplarlas desde el inicio. El recorrido tampoco termina en la conversión, pues necesita avanzar hacia la efectividad y la construcción de activos.
Una iniciativa de PRFormance puede generar ventas inmediatas y, al mismo tiempo, dejar datos propios, reputación, contenido reutilizable, una comunidad, una alianza, una innovación comercial, un producto o un sistema que reduzca el costo de volver a crecer.
Las relaciones públicas estratégicas construyen y protegen reputación, relaciones y acceso a actores clave, en tanto que el performance convierte la atención en resultados medibles. La creatividad conecta ambas fuerzas y encuentra nuevas maneras de generar negocio.
Una campaña tradicional pregunta qué debe comunicar y cuánto alcance necesita comprar. PRFormance añade otras preguntas sobre aquello que se venderá, aquello que necesita protección y el activo que permanecerá dentro de la empresa.
La discusión también obliga a revisar el modelo de las agencias. En 2023, 82% de los 162 miembros de la Association of National Advertisers que participaron en un estudio contaba con algún tipo de agencia interna. Sin embargo, 92% continuaba trabajando con agencias externas.
La agencia no está desapareciendo, pero sí está cambiando la razón por la que debe ser contratada.
Un equipo interno conoce profundamente la marca, responde con velocidad y produce volumen. Una agencia externa necesita aportar capacidades difíciles de desarrollar dentro de la operación cotidiana, como perspectiva de mercado, provocación creativa, relaciones estratégicas y sistemas comerciales que todavía no existen.
La inteligencia artificial añade presión porque acelera el trabajo y reduce costos, pero también cuestiona los honorarios calculados por hora. Esta tensión ya comenzó a poner en jaque el modelo de cobro de las agencias de publicidad.
El futuro del modelo no está en replicar la capacidad que el cliente ya construyó dentro de su empresa, sino en convertir la estructura de la agencia en algo más valioso.
Una ruta consiste en vender la estructura completa a un grupo empresarial para que funcione como su departamento central de marketing. Después, esa capacidad puede abrirse al mercado, atender a otras marcas y transformar un centro de costos en una unidad de negocio.
La segunda ruta utiliza la capacidad instalada para incubar marcas, desarrollar propiedad intelectual o invertir en negocios propios. En lugar de cobrar una sola vez por producir valor para terceros, la agencia conserva una parte del activo y de los ingresos que genera.
Una franquicia puede volver este modelo más escalable, debido a que cada unidad se conecta a la misma estructura y hace crecer el ingreso recurrente sin exigir un aumento proporcional del equipo.
La marca puede abrir establecimientos sin construir un departamento de marketing para cada uno y la agencia crece junto con la red, pues convierte su conocimiento en un activo comercial recurrente.
Yo decidí probar esta segunda ruta y hace seis meses puse mi propio dinero donde está la metodología.
Actualmente incubamos dos marcas dentro de la agencia para conocer el dolor de invertir en intangibles, inventario y reputación cuando no existe un cliente dispuesto a pagar la factura.
No presento este ejercicio como un caso de éxito, sino como un laboratorio. Aquello que predico en una junta también debo ser capaz de ejecutarlo en mis propias empresas.
Las agencias ya tienen recursos que a muchas compañías les toma años construir, entre ellos una estructura administrativa y legal, gestores de proyectos, redes de proveedores, conocimiento de distintas industrias y talento creativo capaz de convertir una idea en algo vendible.
Durante demasiado tiempo utilizamos toda esa capacidad únicamente para crear valor para otros. El siguiente paso consiste en transformarla en sistemas, productos, propiedad intelectual y nuevas fuentes de ingresos.
Tenemos casi todo para comenzar, aunque todavía falta evolucionar el modelo. Después de 18 años convirtiendo ideas en activos, esta es la tesis que quiero poner a prueba. El futuro no pertenece a las agencias que produzcan más campañas, sino a aquellas capaces de dejar más valor cuando cada campaña termina.
Una campaña puede durar tres meses. Un activo bien construido puede transformar una empresa.
Vieri Figallo es CEO de Figallo, publicista, empresario y creador de PRFormance, una metodología concebida como un proceso para vender y generar valor.
Nota del editor: Vieri Figallo es director general de Figallo Agency.
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