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Construir ciudades a un paso lento pero inteligente

Las ciudades inteligentes no se construyen en un santiamén, ni es responsabilidad única de autoridades; a las urbes del siglo 21 las edifican ciudadanos, autoridades, asociaciones civiles y academia.
Construyendo una ciudad inteligente
Palanca tecnológica. Los ciudadanos pueden contribuir en la mejora de la infraestructura y los servicios en tres áreas principales: servicios sociales; reducción de la contaminación y sustentabilidad ambiental; y recolección, tratamiento y reciclaje de residuos.

(Expansión) – En el centro de salud en Tixkokob, Yucatán, un joven médico accede a la historia clínica de los pacientes a través de su computadora. Consulta en línea más detalles de la enfermedad del paciente e incluso se conecta, vía teleconferencia, con un médico experto en la materia para mostrarle el caso y recibir retroalimentación directa.

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Esto se logra por una iniciativa que arrancó en 2012 para llevar más tecnologías al estado de Yucatán. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) participó con recursos, asesoría y seguimiento para que los poblados de Yucatán con más de 10,000 habitantes tengan este servicio en el centro de salud.

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Las tecnologías digitales son el alma de las ciudades y de los pequeños poblados hoy. Se aplican en la industria y la sociedad, desde la tecnología de la información y las comunicaciones (TIC) hasta el Internet de las cosas (IoT), en la que los objetos están conectados a la red.

A medida que los sensores convierten cualquier objeto en parte de una red urbana inteligente, y en que estos envían información para ser analizados por computadoras, los administradores de la ciudad pueden obtener una comprensión vasta de la infraestructura y los servicios de su localidad.

Lee: ¿Quién sí entra a la ciudad inteligente?

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Para aprovechar al máximo esta inteligencia, otro ingrediente es esencial: el compromiso ciudadano. Gracias a las tecnologías digitales, los ciudadanos pueden proporcionar un flujo constante de comentarios e ideas a los funcionarios de la ciudad. “No bastan las ciudades inteligentes, se requieren ciudadanos inteligentes y activos”, dice Mauricio Bouzquela, especialista senior de la división de Vivienda y Desarrollo Urbano del BID.

La palanca tecnológica

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Los ciudadanos pueden contribuir en la mejora de la infraestructura y los servicios en tres áreas principales: servicios sociales (salud y educación); reducción de la contaminación y sustentabilidad ambiental; y recolección, tratamiento y reciclaje de residuos.

Sin embargo, cuando se trata de proyectos de ciudades inteligentes específicamente, pocos encuestados (15%) creen que estas pueden hacer contribuciones significativas a su calidad de vida, según el reporte que realizaron en 2016 The Economist Intelligence Unit y Philips Lighting.

Lee: Ciudades inteligentes: ¿conviene invertir?

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“La tecnología es solo una herramienta que debe vincularse al proceso de planificación y de gestión”, opina Manuel Redondo, presidente de Fira Barcelona México, una iniciativa que impulsa la transformación de las ciudades convencionales a inteligentes.

Un caso en México

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En Guadalajara hay un barrio que se propone ser el ejemplo a seguir: lo llaman Ciudad Creativa Digital (CCD), un conjunto de 42 hectáreas. Tendrá sensores digitales en las redes urbanas hidráulicas, de luz, de gas, en las calles, semáforos, por doquier. Las capas que cubrirán digitalmente son: movilidad, residuos, telecomunicaciones, agua potable, servicio eléctrico de medio y baja tensión, red sanitaria, alumbrado público y pluvial.

Para ello se estableció un fideicomiso, un sistema de gobernanza donde participan tanto el gobierno local, estatal y federal. Y para establecer esta intraciudad, se donaron terrenos, se fondeó la operación y el gobierno federal puso dinero a fondo perdido para la infraestructura. Se estableció una asociación civil para representar a las otras hélices impulsoras de este proyecto: las universidades, la sociedad civil y la Cámara Nacional de la Industria Electrónica, de Telecomunicaciones y Tecnologías de la Información (CANIETI).

Lee: Por qué queremos una ciudad inteligente

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“Al principio se politizó el proyecto y durante tres años estuvo varado”, recuerda Julio Acevedo García, presidente del Fideicomiso de CCD.

Proyecto fundacional

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“CCD se erigirá en una zona vieja, con más de 70 años de antigüedad que ha recibido mantenimiento mínimo y que por lo tanto requiere atención y un plan maestro de infraestructuras de actualización”, explica Jacobo González, director general del Fideicomiso de CCD.

Para que el proyecto funcione ya se trabaja en el tendido de la plataforma tecnológica que dará sustento a los servicios. Este proceso tomará de 15 a 18 años para establecer el hub digital, de este tema llevan 30% de avance, en tanto que de los proyectos catalizadores han avanzado 25%.

“Lo más difícil en esta trayectoria ha sido tener pocas referencias de proyectos transexenales, el gobierno municipal era de un partido y el estatal de otro”, explica Acevedo García.

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OPINIÓN. Tecnología en las ciudades: Sí, pero ¿para qué?

Otras dolencias mencionadas por los ejecutivos del Fideicomiso de Ciudad Creativa Digital fueron que los marcos regulatorios no favorecen la eficiencia en costos que busca un proyecto de este tipo; por ejemplo, en el consumo de energía, en el tratamiento y reciclado de la basura, en el manejo de agua, entre otros. Y no hay un trato preferencial para tener redes eléctrica, de datos, hidráulica, sanidad o de movilidad de última generación para que los costos sean menores.

Menos violencia

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Esa parte del centro de la ciudad era una zona prácticamente abandonada y la gente no le daba valor. Un primer logro que ya presumen los ejecutivos del fideicomiso es que el C5 -el centro de mando de seguridad del municipio- ha rendido resultados como una reducción de 5% del índice delictivo. “Es poco a poco”, dice Acevedo García.

Lee: ¿Puede una ciudad ser más inteligente que sus habitantes?

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¿Qué sigue? Los entrevistados coinciden en señalar que es importante “blindar” el proyecto de los vaivenes electorales y políticos. Y por ello es crucial la participación de la sociedad civil y la academia. De ahí que la asociación civil y el fideicomiso reciban el fondo anual por 35 millones de pesos y a los ejecutivos salientes les toca convencer a la nueva administración federal que mantenga el proyecto y destine los 700 millones de pesos para que no vuelva a estancarse.

El proyecto en Yucatán funcionó gracias a la infraestructura tecnológica, al tendido de fibra óptica, la instalación de torres de Wimax (Wifi con esteroides) y a la conexión de más de 2,000 oficinas, hospitales y escuelas al gobierno para ofrecer mejores servicios. “No se trata de ser smart por ser smart, sino que hay que resolver problemas y hallar soluciones, tecnológicas o no”, concluye Bouzela del BID.

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