Buck los describe como modelos que deben ser “físicamente informados”, porque sólo así podrían servir para entrenar a un robot que aprenda a caminar, saber que no debe chocar o pasarse un alto.
Las cifras ayudan a entender por qué Nvidia está corriendo hacia ese terreno. La Federación Internacional de Robótica reportó que en 2024 se instalaron 542,000 robots industriales en el mundo, más del doble que hace una década, con Asia concentrando casi tres cuartas partes de los nuevos despliegues. Mientras Goldman Sachs calcula que el mercado de robots humanoides podría alcanzar 38,000 millones de dólares en 2035.
Waymo es, por ahora, una de las vitrina más creíble de ese futuro pues muchos de sus autos operan en diversas ciudades del mundo, incluida San José, donde se realizó el GTC de Nvidia.
En febrero, la empresa dijo que su sexta generación de Waymo Driver comenzaría operaciones plenamente autónomas, apoyada en casi 200 millones de millas autónomas acumuladas y en una arquitectura de sensores y cómputo rediseñada para reducir costos y escalar a más ciudades.
Días después anunció que se preparaba para abrir servicio en Dallas, Houston, San Antonio y Orlando. Mientras Nvidia lo anuncia como uno de sus principales clientes.
Su plataforma DRIVE Hyperion para vehículos autónomos de nivel 4 incorpora dos computadoras DRIVE AGX Thor basadas en Blackwell, y en días recientes Nvidia anunció que BYD, Geely, Isuzu y Nissan la usarán para desarrollar vehículos listos para autonomía avanzada.
Además, Uber acordó con Nvidia desplegar robotaxis en 28 ciudades a partir de 2027 mediante esa misma plataforma.
Un error en un asistente de texto puede volverse una anécdota, un error en un robot o en un coche autónomo puede convertirse en un problema regulatorio, legal o de vida o muerte.
De ahí que Buck insista en la simulación como espacio previo de aprendizaje, ya que no se trata sólo de abaratar pruebas, sino de trasladar miles o millones de escenarios raros al entorno virtual antes de soltarlos en calles, almacenes o clínicas.