El panorama de la transformación digital en el entorno corporativo vive un momento de dualidad. En todo el mundo, la conversación tecnológica se basa en el potencial de la Inteligencia Artificial (IA) agéntica. Sin embargo, la realidad operativa en las empresas se sustenta en un tipo de IA tradicional que lleva más de 50 años desarrollándose.
Esta clase de IA, conocida como discriminativa o tradicional, se encarga de clasificar etiquetas a partir de datos existentes. Con base en ello aprende a trazar fronteras entre conjuntos de información, analizar sus características y diferenciar para tomar decisiones, mientras que la IA generativa y agéntica identifica patrones para generar resultados y, en un segundo nivel, tomar decisiones por el usuario.
Dichas características son las responsables de que haya tanto ruido mediático en torno a los agentes autónomos, no obstante, la IA tradicional se mantiene como la opción dominante en el entorno empresarial.