Por su parte, la firma de ciberseguridad Akamai señaló que ha crecido la incidencia de ataques a la industria médica en un 35% con respecto a años anteriores.
Ese crecimiento digital convive, además, con una herencia tecnológica que nadie ha terminado de resolver. Palo Alto Networks advirtió desde su reporte Unit 42 que 83% de los dispositivos de imagenología médica operaban con sistemas no soportados, una condición que deja abiertas puertas para vulnerabilidades conocidas y movimientos laterales dentro de la red hospitalaria.
Esto significa que actualizar un equipo médico sin renovar sus sistemas operativos incrementa los riesgos.
David González, investigador de ciberseguridad para América Latina en ESET, advierte que la IA amplía la superficie de ataque dentro de las organizaciones y que no se trata únicamente de un malware más sofisticado, se trata de una infraestructura más compleja, más distribuida y más difícil de proteger.
“La salud se volvió un blanco de alto valor porque concentra datos médicos, financieros y personales, pero además opera con infraestructura que no puede darse el lujo de detenerse”, apuntó Ruiz.
Cuando un atacante entra en ese entorno, puede alterar la continuidad operativa, exponer historiales clínicos, presionar con extorsión y explotar el miedo de organizaciones que no pueden permitirse apagar servicios críticos.
Datos de The Business Research Company señalan que el mercado de ciberseguridad para la salud crecerá 20.7% en comparación con el 2025 y pasará a representar 331,600 millones de dólares en 2026.
Esto se explica porque un hospital puede sobrevivir a un sistema lento, pero difícilmente resiste una red comprometida que detiene diagnósticos, tratamientos o deja expuestos millones de expedientes.