El traslado hacia el partido
El partido era a las 8:00 pm, pero programé el servicio a las 5:30 pm previendo los embotellamientos hacia la "Zona Uber", el espacio de descenso oficial establecido por las autoridades y la plataforma para agilizar el flujo. El conductor llegó media hora antes de lo acordado, a las 5:00 de la tarde. El costo del traslado fue de 278.41 pesos, más una cuota de solicitud de 38.46.
Hay aproximadamente 10 kilómetros que separan a mi casa del estadio. En un día normal, la ruta más obvia es tomar Calzada de Tlalpan en línea recta. Para este torneo, el gobierno remodeló distintos tramos de la avenida, sumó una ciclovía y la vistió con murales alusivos, intentando diseñar un corredor armónico para acompañar a los aficionados. Pero en la práctica, para el conductor, esa inversión fue invisible.
"De nada sirvió que pintaran, el navegador ni siquiera nos manda por ahí por el tráfico", comentó mientras las indicaciones del mapa nos dirigían por una sucesión de calles secundarias y semáforos que parecían alejarnos del destino para, supuestamente, acercarnos más rápido. Avanzamos lejos de la gran vitrina mundialista, sorteando el caos de las colonias aledañas, y apenas en las inmediaciones del Metro Taxqueña volvimos a incorporarnos brevemente a Tlalpan.
De acuerdo con cifras de DiDi, el Mundial disparó la actividad en las plataformas, tan solo en la jornada inaugural del 11 de junio, entre las ocho de la mañana y las cinco de la tarde se registraron más de un millón de viajes en todo el país, de los cuales cerca de 3,000 tuvieron como destino el Estadio Ciudad de México. Uber recibió una solicitud de información para conocer el impacto en su demanda de viajes, pero hasta el cierre de esta nota no compartió cifras.
Para el hombre que manejaba, los datos macroeconómicos contrastaban con su pantalla de ganancias en tiempo real.
"Este mismo tiempo que ya tardé en este viaje en progreso, pude haber aprovechado mínimo tres viajes ya generando hasta un poco más de lo que voy a hacer con este solo viaje", dijo con frustración.
Sin embargo, admite que la justa deportiva tiene otra cara lejos de los estadios que sí suma a sus ingresos, se trata del pospartido. Cuando terminó el juego inaugural, los asistentes salieron a celebrar en bares y restaurantes, y la demanda subió, un panorama que el conductor aseguró que aprovechó. Según DiDi, tras la victoria de México sobre Sudáfrica, otros 3,000 viajes terminaron en el Ángel de la Independencia.
"Empecé a agarrar viajes mejor pagados y la mayoría eran clientes que habían ido al juego e iban a celebrar", recordó el conductor. Ahora que conoce ambos escenarios, prefiere no acercarse al estadio durante el encuentro, sino esperar a que la gente empiece a moverse hacia la cena, la fiesta o el hotel.