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“No lo volveré a hacer”: el veredicto de un chofer de Uber que aceptó un viaje al Estadio CDMX

Entre embotellamientos y cierres viales, un conductor decidió probar las ganancias que prometía el Mundial y terminó convencido de que acercarse al estadio durante los partidos no compensa.
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"Este mismo tiempo que ya tardé en este viaje en progreso, pude haber aprovechado mínimo tres viajes ya generando hasta un poco más de lo que voy a hacer con este solo viaje". (Foto: Selene Ramírez)

Desde la visera del copiloto cuelga un pequeño llavero de un balón de futbol del Mundial que se balancea de izquierda a derecha; sin embargo, el aparente entusiasmo futbolero choca con la realidad del tráfico. “No lo volveré a hacer”, dice el conductor de Uber tras el volante, quien confiesa que el Colombia-Uzbekistán será su primera y última vez para aceptar un viaje rumbo al Estadio Ciudad de México en día de partido Mundialista.

Bajo la condición de anonimato, me contó que desde que se llevó a cabo la inauguración en este recinto vio que la aplicación proyectaba ganancias altas para esta zona, pero su intuición le decía que no valía la pena acercarse a un punto con tanta afluencia.

"Yo sé que es ir a atorarse mucho tiempo en entrar y salir", explicó.

Sin embargo, la curiosidad por ver cómo fluía la movilidad y la promesa de mejores tarifas lo hicieron aceptar mi viaje rumbo al partido de Colombia-Uzbekistán, el segundo de la justa deportiva que se disputó en el Coloso de Santa Úrsula.

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El traslado hacia el partido

El partido era a las 8:00 pm, pero programé el servicio a las 5:30 pm previendo los embotellamientos hacia la "Zona Uber", el espacio de descenso oficial establecido por las autoridades y la plataforma para agilizar el flujo. El conductor llegó media hora antes de lo acordado, a las 5:00 de la tarde. El costo del traslado fue de 278.41 pesos, más una cuota de solicitud de 38.46.

Hay aproximadamente 10 kilómetros que separan a mi casa del estadio. En un día normal, la ruta más obvia es tomar Calzada de Tlalpan en línea recta. Para este torneo, el gobierno remodeló distintos tramos de la avenida, sumó una ciclovía y la vistió con murales alusivos, intentando diseñar un corredor armónico para acompañar a los aficionados. Pero en la práctica, para el conductor, esa inversión fue invisible.

"De nada sirvió que pintaran, el navegador ni siquiera nos manda por ahí por el tráfico", comentó mientras las indicaciones del mapa nos dirigían por una sucesión de calles secundarias y semáforos que parecían alejarnos del destino para, supuestamente, acercarnos más rápido. Avanzamos lejos de la gran vitrina mundialista, sorteando el caos de las colonias aledañas, y apenas en las inmediaciones del Metro Taxqueña volvimos a incorporarnos brevemente a Tlalpan.

De acuerdo con cifras de DiDi, el Mundial disparó la actividad en las plataformas, tan solo en la jornada inaugural del 11 de junio, entre las ocho de la mañana y las cinco de la tarde se registraron más de un millón de viajes en todo el país, de los cuales cerca de 3,000 tuvieron como destino el Estadio Ciudad de México. Uber recibió una solicitud de información para conocer el impacto en su demanda de viajes, pero hasta el cierre de esta nota no compartió cifras.

Para el hombre que manejaba, los datos macroeconómicos contrastaban con su pantalla de ganancias en tiempo real.

"Este mismo tiempo que ya tardé en este viaje en progreso, pude haber aprovechado mínimo tres viajes ya generando hasta un poco más de lo que voy a hacer con este solo viaje", dijo con frustración.

Sin embargo, admite que la justa deportiva tiene otra cara lejos de los estadios que sí suma a sus ingresos, se trata del pospartido. Cuando terminó el juego inaugural, los asistentes salieron a celebrar en bares y restaurantes, y la demanda subió, un panorama que el conductor aseguró que aprovechó. Según DiDi, tras la victoria de México sobre Sudáfrica, otros 3,000 viajes terminaron en el Ángel de la Independencia.

"Empecé a agarrar viajes mejor pagados y la mayoría eran clientes que habían ido al juego e iban a celebrar", recordó el conductor. Ahora que conoce ambos escenarios, prefiere no acercarse al estadio durante el encuentro, sino esperar a que la gente empiece a moverse hacia la cena, la fiesta o el hotel.

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Sin éxito para llegar a la “Zona Uber”

Para ese momento, el mapa señalaba que estábamos a un minuto de la "Zona Uber". Debido al cerco de seguridad que reduce la distancia efectiva del recorrido a unos siete kilómetros, dejando los últimos tres exclusivamente para el tránsito peatonal, el descenso debía ser ordenado. No obstante, un grupo de agentes de tránsito capitalinos habían cerrado el paso hacia este punto.

El conductor explicó que llevaba pasaje y mostró la ruta de la aplicación, pero las autoridades argumentaron de forma tajante que tal zona no existía.

Me bajé antes de tiempo y continué a pie y tras seis minutos de caminata, encontré exactamente aquello que los policías negaban: la Zona Uber estaba ahí, operando. Además, al llegar a este punto me di cuenta que mientras al vehículo en el que yo viajaba le negaron el acceso, otros autos de aplicación llegaban a ese punto, evidenciando la falta de un criterio uniforme.

Los últimos metros los recorrí con el impermeable todavía doblado bajo el brazo, caminando entre familias, muestras de folklore mexicano y una marea amarilla que cantaba y avanzaba con esa mezcla de prisa y entusiasmo. Los aficionados uzbekos, casi invisibles durante todo el trayecto, aparecieron por fin entre la multitud.

Y aunque ya no podía ver el coche, seguía imaginando ese pequeño llavero colgado del retrovisor, como una paradoja: el hombre que había decidido no volver a acercarse al estadio también llevaba el Mundial consigo.

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