Casi el 70% de las amenazas de phishing identificadas utilizó identidades de empresas tecnológicas, instituciones financieras y comercios. Las marcas del sector tecnológico representaron el 41.6% de estas amenazas, seguidas de los servicios financieros, con 18.9%, y el comercio, con 8.4%.
El problema tiene especial relevancia para América Latina, donde se registró un 37.8% de intentos de inicio de sesión clasificados como de riesgo alto o crítico, por encima del 36.4% observado en Asia-Pacífico.
El fraude no termina con el robo de una tarjeta
La transformación de las estafas digitales también alcanza a los medios de pago. Una investigación de NordVPN identificó que las conversaciones en la dark web sobre cómo incorporar tarjetas bancarias robadas a billeteras digitales, como Apple Pay y Google Pay, prácticamente se triplicaron durante un año.
Para incorporar una tarjeta a una billetera digital, las instituciones financieras normalmente solicitan una verificación mediante códigos SMS, aplicaciones bancarias u otros mecanismos. Los criminales intentan superar estas barreras mediante técnicas como la suplantación de identidad, el robo de códigos de un solo uso o el secuestro de números telefónicos.
Una vez que consiguen vincular una tarjeta a otro dispositivo, pueden intentar realizar pagos sin contacto o adquirir productos que posteriormente revenden.
“En el mercado clandestino ya no basta con tener los datos de una tarjeta robada, lo importante es si esos datos pueden convertirse realmente en dinero”, explica Marijus Briedis, director de Tecnología de NordVPN.
La investigación, basada en más de 24,000 anuncios de tarjetas en nueve mercados clandestinos y aproximadamente 3,900 publicaciones de foros y canales de Telegram, encontró que una tarjeta robada se comercializaba por alrededor de 10 dólares.
Sin embargo, cuando los datos bancarios se acompañaban de información personal, como fechas de nacimiento o números de identidad, su valor aumentaba cerca de 60%, al pasar de 11.70 a 18.85 dólares. Si incluían tres o más datos adicionales, como direcciones o teléfonos, el precio superaba los 23 dólares, prácticamente el doble del valor original.