Uno de ellos es la eliminación completa de la ansiedad por la batería. Con los audífonos con cable, la música suena al instante sin la preocupación de haber olvidado cargar el estuche la noche anterior ni de quedarse a mitad de un viaje o una llamada importante, algo que definitivamente sí me ha pasado y en el que le doy el punto al dispositivo con cable.
Otro argumento para revivir estos audífonos es la tranquilidad de no perderlos, pues en el caso de los dispositivos inalámbrico, el costo de recuperarlos es importante, ya sea en términos de uno de los auriculares o incluso su estuche de carga, algo que ya me sucedió con unos Nothing Ear, cuyo precio se ubica por encima de los 1,500 pesos, mientras unos EarPods, de Apple, cuestan alrededor de 500 pesos.
A pesar de sus ventajas, no regresaré a los audífonos con cable
Probé durante dos semanas los audífonos con cable y a partir de esa experiencia, que me transportó a mi época de secundaria, puedo confirmar que los audífonos Bluetooth son uno de los más grandes aciertos de la industria tecnológica.
Uno de los argumentos que siempre escucho es la calidad del sonido, aspecto en el que no noté ninguna diferencia. Y es que escucho música en Spotify, por lo tanto, no existe una diferencia real en la calidad si uso un dispositivo Bluetooth o uno con cable. Además, los audífonos con cable carecen de la tecnología de cancelación de ruido, por lo que en entornos públicos es más difícil escuchar la máxima fidelidad de los sonidos.
Otro factor clave que veo entre los más jóvenes en cómo usan este gadget es la señalización social explícita. Desde mi visión, para ellos un cable blanco o negro colgando hacia el bolsillo del pantalón es, por un lado, una muestra de que la persona no está disponible para interacciones, pero también conforma un accesorio de moda vintage asociado a la estética de los años 2000.