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¿Cuál es la postura actual respecto a los edulcorantes artificiales?

Los edulcorantes artificiales podrían contribuir al aumento de peso a largo plazo.
edulcorantes artificiales
Edulcorantes artificiales La diferencia respecto a los azúcares normales es que estos contribuyen al desarrollo de enfermedades cardiovasculares porque crean resistencia a la insulina y dañan el recubrimiento de las células de los vasos sanguíneos. (Foto: gilaxia/Getty Images)

¿Será posible que el edulcorante sin calorías que usas como sustituto del azúcar en tu dieta sea el causante de que subas de peso y no de que bajes, como esperabas?
La respuesta podría ser sí, según un nuevo estudio.

"Los edulcorantes artificiales no están libres de riesgos", dijo Brian Hoffmann, profesor asistente del Departamento de Ingeniería Biomédica del Colegio de Medicina de Wisconsin y de la Universidad Marquette, Estados Unidos, y director del estudio. "Son un tema muy polémico en lo que respecta a la salud y la nutrición… pero son tan prevalentes en la sociedad que creo que debemos intentar descubrir que está pasando en realidad".

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Hoffmann presentó su nueva investigación el domingo 22 de abril en la conferencia anual de Biología Experimental en San Diego, Estados Unidos. Usando ratas y cultivos de células humanas, su equipo identificó varias relaciones entre los edulcorantes artificiales y los cambios metabólicos a nivel genético que podrían provocar diabetes y obesidad. En específico, los investigadores detectaron que tras tres semanas de exposición al aspartame y al acesulfame de potasio (dos edulcorantes artificiales que se combinan frecuentemente en productos como Equal) alteraron la expresión de ciertos genes encargados del metabolismo de los lípidos en las células de las ratas y en las humanas.

"El aspartame mostró cambios significativos, uno de los cuales fue el incremento en los lípidos en el torrente sanguíneo y la reducción de una biomolécula involucrada en la eliminación [de los lípidos] del torrente sanguíneo. Pasó exactamente lo mismo con el acesulfame de potasio", explicó Hoffmann.

"Luego, tomamos esos edulcorantes en particular y los introdujimos en células del endotelio —las células que recubren los vasos sanguíneos y que estarían expuestas a ellos en el cuerpo— y detectamos una disfunción marcada, lo que indica que hay razones para pensar que los edulcorantes y los refrescos de dieta están relacionados con problemas cardiovasculares potenciales", agregó.

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Tal vez lo más sorprendente, de acuerdo con Hoffmann, es que los cambios metabólicos no ocurrieron en presencia de azúcares naturales como la glucosa o la fructosa. Esto indica que los edulcorantes artificiales podrían contribuir con el desarrollo de trastornos metabólicos como la diabetes y la obesidad a través de un mecanismo totalmente diferente al de los azúcares naturales, señaló.

Parece que los edulcorantes artificiales contribuyen al desarrollo de trastornos metabólicos porque alteran la actividad de ciertos genes encargados de la descomposición de macromoléculas como las grasas y las proteínas, explicó Hoffmann. La diferencia respecto a los azúcares normales es que estos contribuyen al desarrollo de enfermedades cardiovasculares porque crean resistencia a la insulina y dañan el recubrimiento de las células de los vasos sanguíneos.

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"La gente suele consumir edulcorantes no nutritivos porque cree que son una 'opción más saludable', pero tal vez no sea cierto", dijo Meghan Azad, investigadora de la Universidad de Manitoba en Winnipeg, Canadá, quien no participó en el nuevo estudio.

"Esto es particularmente importante por el consumo generalizado y creciente de edulcorantes artificiales entre la población general y el aumento en el uso de edulcorantes artificiales en nuestro suministro de alimentos", explicó Azad, quien escribió un ensayo en el que se analizan varios estudios sobre las posibles desventajas de los edulcorantes artificiales en cuestiones de peso y salud.

nullDe acuerdo con Azad, más del 40% de los estadounidenses adultos consume edulcorantes sin calorías diariamente; los estudios que miden la concentración de edulcorantes en la sangre y en la orina indican que mucha gente que dice que no usa edulcorantes artificiales los consume sin saberlo.

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Este es el episodio más reciente del debate permanente sobre los edulcorantes artificiales y su impacto en la salud, debate que comenzó cuando el azúcar, uno de nuestros alimentos más populares, se volvió tema amargo en cuestiones de salud.

La necesidad de un sustituto para el azúcar

¿Cómo algo tan bueno como el azúcar puede ser malo para nosotros?

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De hecho, no lo es, según las pautas alimentarias del Departamento de Agricultura de Estados Unidos: solo 10 cucharaditas de azúcar al día para una persona promedio. Desafortunadamente, eso equivale a apenas una botella de 450 ml de refresco regular.

La mayoría de los estadounidenses consume más azúcar que eso: entre 30 y 40 cucharaditas al día . Hemos aprendido lo malo para la salud que eso puede ser. El consumo abundante de azúcar ahora se relaciona con varios problemas de salud: obesidad , inflamación crónica, diabetes tipo II , enfermedades cardíacas e incluso cáncer.

Para satisfacer nuestro antojo de dulces, muchos recurrimos a lo falso: los edulcorantes artificiales. Solo cinco cuentan con la aprobación de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) para su uso en ese país: el acesulfame de potasio (con marca comercial Sunett y Sweet One), el aspartame (se vende como Equal, Nutrasweet y Sugar Twin), el neotame (Newtame), la sacarina (Sweet'N Low, Sweet Twin y Necta Sweet) y la sucralosa (Splenda). El ciclamato, otro edulcorante, se usa en más de cien países, pero está prohibido en Estados Unidos.

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La FDA señaló que los cinco edulcorantes aprobados son seguros siempre y cuando se consuman con moderación. Eso significa no más de 23 sobres de Splenda, Sweet One o Newtame, 45 sobres de Sweet'N Low o 75 sobres de Equal al día.

Suena factible. Entonces, además de subir de peso, cosa que está demostrada, ¿por qué tanta gente considera que los edulcorantes artificiales son peligrosos?

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En parte se debe a que sospechamos de introducir cualquier sustancia química o artificial en nuestro cuerpo. También se debe a una larga historia de estudios hechos en animales, excesivamente difundidos, mal diseñados y mal ejecutados que, según la FDA, relacionaron falsamente a los edulcorantes artificiales con el cáncer .

Esta es la historia de en dónde hemos estado y en dónde estamos hoy respecto a los principales edulcorantes artificiales. Prepárate, será un viaje ajetreado.

Sacarina y ciclamato

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1879: La sacarina, el primer edulcorante artificial, es para chuparse los dedos

El químico ruso Constantin Fahlberg estaba cenando cuando hizo un descubrimiento asombroso: el panecillo que acababa de morder sabía extremadamente dulce. Cuando se dio cuenta de que el sabor dulce y metálico provenía de sus propias manos, corrió al laboratorio para encontrar la respuesta. Después de probar todo lo que tenía a la vista (no precisamente un buen protocolo de seguridad en el laboratorio), descubrió que la dulzura provenía de una reacción química accidental entre unos derivados del alquitrán de carbón (¡yomi!) que produjo sulfimida benzoica .

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Esa es una de las versiones de la historia. Otra indica que el jefe de Fahlberg, Ira Remsen, fue el comensal que olvidó lavarse las manos antes de comer. Sea como sea, fue Fahlberg quien se dio cuenta de la viabilidad comercial de la sacarina como sustituto barato para el azúcar que no se metaboliza en el cuerpo, que no tiene calorías y que no provoca caries. Pronto presentó su solicitud de patente y empezó a ofrecer sacarina en polvo y en píldoras como una alternativa al azúcar "que no engorda".

1908: Theodore Roosevelt, presidente de Estados Unidos, impide que prohíban la sacarina

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A principios del siglo XX, las historias de terror sobre alimentos como La jungla, de Upton Sinclair, empezaron a asustar al público estadounidense. En consecuencia, el Congreso aprobó la Ley de alimentos puros y fármacos en junio de 1906 para proteger al público de "los alimentos, fármacos o medicamentos adulterados, engañosos, venenosos o perjudiciales". No pasó mucho para que la sacarina quedara en la mira.

Harvey Wiley, director de la división química del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, por sus siglas en inglés) encabezó la carga. Wiley era famoso por su "escuadrón del veneno", un grupo de servidores públicos que recibían alojamiento y alimentos gratis si consumían alimentos ricos en conservadores químicos ampliamente usados, incluida la sacarina. Luego, Wiley estudiaba su orina y sus heces para determinar cuál era su impacto en el cuerpo.

Seguro de que la sacarina era un riesgo, Wiley presentó su argumento al presidente Theodore Roosevelt . Sin embargo, Roosevelt no quiso escucharlo porque estaba usando sacarina para controlar su peso. Wiley relató la reacción del presidente en su autobiografía: "¿Dice que la sacarina es perjudicial para la salud? Vaya, el doctor Rixey me la da todos los días. Cualquiera que diga que la sacarina es perjudicial para la salud es un idiota".

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Wiley no se rindió y logró que se prohibiera el uso de la sacarina en los alimentos procesados, pero se permitieron las ventas directas al consumidor. A lo largo de los años, la ciencia no lograba encontrar pruebas de que la sacarina fuera perjudicial y el racionamiento generalizado de azúcar durante las guerras mundiales avivó el deseo de los consumidores.

1937: Los diabéticos se gozan cuando el ciclamato desafía a la sacarina

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Michael Sveda, un estudiante de Química de la Universidad de Illinois, Estados Unidos, estaba trabajando en un compuesto llamado ciclamato cuando descubrió que sus cigarrillos sabían a azúcar (obviamente fumaba mientras trabajaba). Los laboratorios Abbot introdujeron el ciclamato al mercado estadounidense en 1950, que estaba destinado inicialmente al control de la insulina para diabéticos .

Sin embargo, lo mejor del ciclamato era que carecía del sabor metálico amargo de la sacarina. La preparación, usualmente agregada a una razón de 10 partes de ciclamato por una parte de sacarina, se volvió la base del popular edulcorante Sweet'N Low y se vendió en millones de botanas y refrescos de dieta. En 1958, la FDA concedió al ciclamato la categoría GRAS ("generalmente reconocido como seguro", por sus siglas en inglés).

1977: Advertencia: la sacarina te provocará cáncer… si eres una rata de laboratorio

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En un estudio de 1969 se descubrieron rupturas espermáticas y cromosómicas en ratas expuestas al ciclamato. Luego, en un estudio de 1970 , se descubrió que al administrar dosis altas de la sustancia a unas ratas de laboratorio (entre el 5 y el 7.5% de la dieta), los roedores desarrollaban cáncer de vejiga. La FDA actuó rápidamente y prohibió totalmente el consumo de ciclamato en 1970. La empresa Cumberland Packing Corp., propietaria de Sweet'N Low, cambió rápidamente a una versión exclusivamente con sacarina.

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Para entonces, el ciclamato y la sacarina estaban interrelacionados, tanto en los estudios como en el imaginario público. En otro estudio de 1970 se detectaron tumores de vejiga en ocho de ochenta ratas a las que se les administró una dosis concentrada de ambos compuestos. Se hicieron más investigaciones y se descubrieron tumores en vías urinarias, pulmones, estómago y órganos reproductores . Pese a las advertencias de que los estudios tenían errores, la FDA anunció en 1976 un plan para prohibir la sacarina.

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Debido a la presión de los cabilderos de la industria alimentaria, debida en parte a las exigencias del público que perdería el acceso a un edulcorante sin calorías, el Congreso estadounidense adoptó una postura más condescendiente. En vez de implementar una prohibición, el Congreso decretó en 1977 que cualquier alimento endulzado con sacarina debía llevar una etiqueta de advertencia: "El uso de este producto puede ser nocivo para su salud. Este producto contiene sacarina, que se ha determinado que provoca cáncer a animales de laboratorio".

2000: La sacarina no te provoca cáncer, aunque seas una rata de laboratorio

Las investigaciones sobre la sacarina continuaron. En un análisis que se publicó en el boletín Annals of Oncology, se determinó que de más de 20 estudios en los que se estudiaron los efectos de la exposición de ratas a altas dosis, solo uno mostraba pruebas de lesiones en la vejiga . Al analizar más de cerca el estudio, se descubrió que los investigadores usaron una raza de rata que se infecta frecuentemente con un parásito que la hace susceptible al cáncer de vejiga.

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En otra serie de estudios en los que se estudió a una segunda generación de ratas también se encontró cáncer de vejiga. Pero después se descubrió que administrar vitamina C a las ratas en las mismas concentraciones que la sacarina también provocaba cáncer de vejiga. Resulta que la orina de las ratas tiene compuestos diferentes que la de los humanos y que dichos compuestos interactuaban con los edulcorantes y provocaban el daño en la vejiga. No se encontraron tumores en estudios con primates y tampoco se encontró relación en estudios con humanos hechos en Dinamarca , Reino Unido, Canadá y Estados Unidos .

En 2000, el Congreso eliminó la leyenda de advertencia . La sacarina podía consumirse sin problema una vez más. Pero para entonces, habían llegado varios competidores y se habían apoderado de la mayor parte de un mercado en expansión.

Aspartame

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1965: Otro hallazgo accidental, muy parecido a sus predecesores

El químico James M. Schlatter estaba buscando un fármaco contra las úlceras cuando se topó con el sabor dulce del aspartame (sí, adivinaste) al chuparse los dedos. El aspartame es una combinación de ácido aspártico y la fenilalanina, dos aminoácidos existentes en la naturaleza, y entró en el mercado de los edulcorantes artificiales en 1973. Hoy lo conocemos como Equal, Nutrasweet o Sugar Twin.

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A diferencia de otros edulcorantes artificiales, que usualmente se excretan sin cambios, el aspartame se puede metabolizar, así que tiene muy pocas calorías (unas cuatro por gramo). También tiene algunas desventajas para la salud . Ninguna persona que tenga un trastorno genético conocido como fenilcetonuria debe consumirlo; tampoco personas con ciertos trastornos hepáticos raros ni mujeres embarazadas con niveles altos de fenilalanina en la sangre porque no lo metabolizan bien. La FDA exige que cualquier alimento que contenga aspartame incluya dicha restricción en la etiqueta.

1996: Se demuestran y se refutan las acusaciones de que el aspartame provoca tumores cerebrales

En unos estudios con animales que se llevaron a cabo en los ochenta no se demostró que el aspartame provocara cáncer o daños al ADN , ni siquiera en concentraciones altas. Pero eso no impidió que un investigador de nombre J. W. Olney y sus colegas buscaran una relación entre el consumo de aspartame y el incremento de la incidencia de tumores cerebrales en humanos, ya que ambos ocurrieron a lo largo del mismo periodo de 20 años. Con base en un estudio (que después se refutó) que demostró que doce ratas desarrollaron tumores cancerosos en el cerebro tras consumir aspartame a lo largo de dos años, Olney y sus colegas propusieron que el aspartame podía ser la causa.

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Las reacciones no se hicieron esperar. Hubo quien pidió que se prohibiera el aspartame . Otras personas señalaron que había una " falacia ecológica " en el argumento de Olney. ¿Por qué no culpar a las videocaseteras, a las computadoras caseras o al agujero en la capa de ozono, que también surgieron en el mismo periodo?

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Gracias a un estudio controlado con niños con tumores cerebrales , ese asunto quedó en paz. Se descubrió que "hay pocas pruebas biológicas o experimentales de que el aspartame pueda actuar como carcinógeno para el cerebro".

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La siguiente generación: sucralosa, neotame y acesulfame de potasio

1967: Otro químico valiente que prueba su experimento delicioso

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¿Qué pasó con el protocolo de seguridad en el laboratorio? Sí, Karl Clauss y Harald Jensen descubrieron el acesulfame de potasio, también conocido como acesulfame K, Ace-K o ACK, en Alemania, cuando combinaron isocianato de fluorosulfonilo y 2-buteno. Clauss derramó un poco y —claro— se chupó el dedo. La versión de mesa se llama Sweet One, pero suele usarse en combinación con otros edulcorantes artificiales para emular mejor el sabor "verdadero" del azúcar.

1976: Uno más que muerde el dulce polvo

Los científicos trabajaban en un compuesto clorado del azúcar en 1976 cuando uno de los investigadores decidió probarlo (obviamente). Así nació la sucralosa. Se produce reemplazando tres átomos de hidrógeno y oxígeno de la sacarosa con átomos de cloro, con lo que se logra un compuesto 600 veces más dulce que el azúcar.

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Hoy conocemos este derivado clorado del azúcar como Splenda. Es popular en la industria alimentaria porque es el más estable de todos los edulcorantes al exponerlo al calor.

2002: La planificación del nacimiento del último edulcorante artificial

A diferencia de sus predecesores, el neotame fue un producto planificado. Como el mercado de los edulcorantes artificiales vale una fortuna, los científicos de todo el mundo jugaban con sustancias químicas para encontrar el siguiente gran éxito. También querían mejorar los modelos anteriores: mejorar el gusto amargo que dejaban, desarrollar una estabilidad mejor al exponerlo al calor y un factor de dulzura más elevado (para que uses menos y ahorres).

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Monsanto, empresa dueña de Nutrasweet, desarrolló el neotame y ciertamente logró dos de los objetivos: es estable al exponerlo al calor y la intensidad de su dulzura es entre 7,000 y 13,000 veces mayor que la del azúcar. Pero el dulzor tarda un poco en desarrollarse en la boca, perdura un poco más y puede tener cierto dejo de orozuz, así que suele usarse en combinación con otros edulcorantes artificiales.

2005: Los refrescos de dieta provocan que subas de peso

Para 2005, millones de personas consumían edulcorantes artificiales para controlar su peso. Por eso fue toda una sorpresa que los investigadores de la Universidad de Texas , Estados Unidos, descubrieran que la sabiduría popular estaba equivocada cuando analizaron ocho años de datos del Estudio sobre el Corazón de San Antonio. Entre más refrescos de dieta consumas, más probable es que subas de peso.

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Hasta el día de hoy, nadie sabe por qué. ¿Es por los edulcorantes artificiales? ¿Es otro ingrediente del refresco? ¿Tomar un refresco de dieta provoca que una persona pida una hamburguesa doble o papas fritas? Sigue siendo un misterio, según indican varias investigaciones .

2012: Es probable que los edulcorantes artificiales sean seguros, pero aún hay ciertas inquietudes

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Estudiar los efectos de algún edulcorante artificial en específico es un desafío en el mundo actual porque muchos fabricantes de refrescos y alimentos usan combinaciones de edulcorantes para emular al azúcar y hacer que el sabor de su producto sea único. Por eso es difícil determinar cuál de los edulcorantes podría ser el problema.

Sin embargo, los estudios siguen encontrando efectos que vale la pena analizar. En un estudio de 2008 se descubrió que beber más de dos porciones de refresco de dieta al día duplica el riesgo de degeneración renal en las mujeres. En un estudio de 2012 se detectó una posible relación entre los refrescos de dieta y el incremento de eventos vasculares. Si consumes un montón de edulcorante —más de 1,680 mg al día, y eso es bastante— podría aumentar tu riesgo de desarrollar cáncer de vejiga . Además, en varios estudios se ha determinado que el consumo diario de refresco de dieta podría estar relacionado con el síndrome metabólico (una especie de prediabetes) y con la diabetes tipo II, tal vez porque altera el microbioma intestinal .

Ah, por cierto, en un estudio de 2013 se indicó que sigue habiendo pruebas de que los refrescos de dieta ayudan a bajar de peso.

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2017: Más pruebas de que subes de peso

En un estudio que llevaron a cabo Azad y sus colegas de la Universidad de Manitoba, que se publicó en julio de 2017 en el boletín de la Asociación Médica de Canadá, se analizó la literatura médica de los ensayos más recientes sobre edulcorantes artificiales y peso. Azad dijo que casi no encontraron relación con la pérdida de peso, salvo en ensayos a largo plazo patrocinados por la industria de los edulcorantes artificiales.

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En otro análisis de una muestra más grande de estudios de observación se determinó que las personas que consumen edulcorantes artificiales suben de peso con el tiempo y tienen una circunferencia de cintura mayor, además de una mayor incidencia de hipertensión, síndrome metabólico, diabetes tipo II y eventos cardiovasculares.

"Con base en todas las investigaciones que se han hecho hasta ahora, no hay pruebas claras de que haya beneficios, pero hay pruebas de un daño potencial por el consumo prolongado de edulcorantes artificiales", dijo Azad. "Esto debería inspirar a los consumidores a pensar si quieren consumir edulcorantes artificiales, especialmente de forma regular, porque no sabemos si de verdad son una alternativa inocua al azúcar. Lo más importante —agregó— es que nuestros resultados son un mensaje serio para los investigadores y los organismos patrocinadores de que se necesitan más estudios para entender los efectos de los edulcorantes artificiales en la salud a largo plazo".

Entonces ¿cómo quedamos? La FDA opina que puedes estar bien seguro de que una dosis moderada de esa cosa artificial no te provocará cáncer. Si consumes mucho (mucho edulcorante), la cosa cambia. En cuanto a la relación con problemas renales o cardíacos y con la pérdida (o el aumento) de peso, seguiremos informando. Estamos seguros de que vendrán más estudios que demuestren (o refuten) los hallazgos.

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Mientras tanto, la opinión de la Academia de Nutrición y Dietética de Estados Unidos es que los edulcorantes no nutritivos pueden ayudar a limitar la ingesta de calorías como estrategia para manejar el peso o la concentración de glucosa en sangre.

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