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La música puede cambiar la forma en que sentimos y actuamos

Investigadores demostraron en un experimento que escuchar música triste o feliz puede poner a las personas en un estado de ánimo diferente, pero también cambiar lo que las personas notan.
sáb 16 febrero 2019 07:01 AM

(CNN) – La música está presente en cada aspecto de nuestras vidas. Nuestros rituales espirituales están acompañados de canciones, los niños aprenden el alfabeto a través de canciones y los centros comerciales y cafés que visitamos durante nuestro tiempo libre rara vez están en silencio.

¿Pero hasta qué punto nos puede impactar la música, afectar la forma en que actuamos y sentimos? La investigación sugiere que puede influir mucho en nosotros. Es capaz de impactar en las enfermedades, la depresión, los gastos, la productividad y nuestra percepción del mundo.

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Algunas investigaciones han señalado que puede aumentar los pensamientos agresivos o fomentar el crimen.

Hace poco, un estudio británico exploró cómo la música "drill", un género de rap caracterizado por letras amenazantes, podría estar vinculada a los delitos cometidos para captar la atención. Aunque eso no es nuevo, la aparición de las redes sociales permite que se comparta a otra escala.

El contenido de estas canciones gira en torno a la rivalidad entre pandillas y, a diferencia de otros géneros, el público juzga al intérprete en función de si cumple con lo que afirma en sus letras, escribe el autor del estudio, Craig Pinkney, criminólogo y profesor de la University College Birmingham, en Reino Unido.

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Además de la música, el estudio analiza el papel de las redes sociales en atizar la violencia. En las plataformas en línea, las rivalidades entre pandillas tienen la oportunidad de moverse en línea y alentar los comentarios de simpatizantes y grupos opositores, lo que solo aumenta la presión para actuar.

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Sin embargo, hay muchas razones para el aumento de la delincuencia, según Pinkney, quien señala que la pobreza, las privaciones, el racismo, el liderazgo deficiente, la falta de inversiones corporativas, la falta de oportunidades y recursos también contribuyen.

Daniel Levitin, profesor de psicología y música en la Universidad McGill en Canadá, reconoce que es difícil analizar si la música puede generar violencia.

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La evidencia de los estudios es muy desigual y, en su mayoría, utilizan datos de observación en lugar de experimentos controlados que pueden tener en cuenta la personalidad de las personas. Las personas que ya son propensas a la violencia podrían sentirse atraídas por la música violenta, explicó Levitin. Pero eso no significa que todos los que disfrutan de esa música son violentos.

"Cuando tienes comportamientos violentos que imitan algo que existe en el mundo de la música o el arte, es fácil llegar a la conclusión de que el arte hizo que la persona se volviera violenta", agregó. "Pero solo porque es fácil concluir eso no significa que sea verdad".

Otro estudio, publicado en 2003 en el Journal of Personality and Social Psychology, determinó que la música puede incitar pensamientos y sentimientos agresivos. Durante cinco experimentos con 75 mujeres y 70 hombres estudiantes universitarios, se demostró que quienes escucharon una canción violenta se sintieron más hostiles que aquellos que escucharon una canción no violenta, del mismo artista y estilo.

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El estudio mostró que las canciones violentas condujeron a pensamientos más agresivos en tres medidas diferentes: interpretaciones más agresivas al interpretar palabras ambiguas, una mayor velocidad de lectura en las personas que leían palabras agresivas en comparación con palabras no agresivas y una mayor proporción de personas que escriben palabras agresivas al rellenar espacios en blanco en cuestionarios entregados durante el estudio.

Una forma de exponer estos hallazgos, dicen los autores, es que los participantes que escucharon canciones de rock violento interpretan el significado de palabras ambiguas como "rock" y "stick" de una manera agresiva.

El estudio agrega que los resultados de los pensamientos hostiles podrían ser de corta duración. Si las letras de la siguiente canción no son violentas o si ocurre algún otro evento no violento, los efectos de las letras violentas se disiparán, afirma.

Mientras tanto, otros tipos de música han sido utilizados con afán de prevenir el crimen, según el libro de la musicóloga Lily E. Hirsch "Music in American Crime Prevention and Punishment" (La música en la prevención y el castigo del crimen en Estados Unidos).

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Hirsch escribió sobre cómo se usaba la música clásica para combatir la vagancia en su ciudad natal de Santa Rosa, California. En 1996, detalló, las autoridades de la ciudad decidieron tocar música clásica para ahuyentar a los jóvenes que se juntaban en la plaza Old Courthouse de la ciudad. Muchos adolescentes no disfrutaron de la música, según Hirsch, y abandonaron el área, lo que alentó a la ciudad a mantener la música de fondo.

La eficacia de la música como medida de prevención del crimen tiene que ver con la construcción auditiva de quiénes somos, pero también lo que no somos, escribió Hirsch, académica de la Universidad Estatal de California en Bakersfield. A menudo nos identificamos con la música según lo que creemos que somos, dijo Hirsch a CNN en un correo electrónico.

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"Si ves la música clásica como una música de la élite blanca y encopetada, puedes pensar: ‘Yo no soy eso’ y luego te desvinculas de esa música", lo que lleva, por ejemplo, a abandonar el área, dijo refiriéndose al ejemplo de Santa Rosa. En esta situación, las personas se identifican negativamente, es decir, lo que no son, a través de cierta música. A la gente le sorprende esa utilización de la música, agregó Hirsch, pero la música "siempre se ha utilizado de varias maneras, positiva y negativa".

La música puede hacernos sentir todo tipo de emociones, algunas de ellas negativas, agregó Laurel Trainor, profesora de psicología, neurociencia y conducta que dirige el Instituto McMaster para la música y la mente.

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De acuerdo con ella, "puede unir a las personas y alimentar estos lazos sociales", esto puede ser tanto positivo como negativo. Por ejemplo, desde que tenemos discos, la música se ha utilizado en la guerra, explicó Trainor, porque unía a las personas socialmente.

La música tiene poder sobre nuestros sentimientos. Ninguna otra especie ha evolucionado de manera tal para atribuir significado y crear respuestas emocionales a la música como los seres humanos, agregó.

Poder sobre los sentimientos

Todos pueden identificarse con la experiencia de escuchar música melancólica y luego no poder escapar de ese estado de ánimo. Pero, según la investigación, incluso la forma en que percibimos el mundo que nos rodea puede verse influenciada por la música.

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Investigadores de la Universidad de Groningen demostraron en un experimento que escuchar música triste o feliz puede poner a las personas en un estado de ánimo diferente, pero también cambiar lo que las personas notan.

En un estudio de 2011, 43 estudiantes escucharon música alegre o triste de fondo mientras tenían la tarea de identificar caras felices y tristes. Cuando sonaba la música feliz, los participantes vieron más caras felices y lo contrario sucedió con la música triste.

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Los investigadores argumentan que esto podría deberse a la decisión perceptiva de nuestros estímulos sensoriales, en el caso del experimento, las expresiones faciales están directamente influenciadas por nuestro estado mental.

Pero si la música puede cambiar nuestro estado de ánimo y nuestra percepción, la pregunta sigue siendo si eso es algo bueno.

La respuesta de otro estudio reciente es que…todo depende. Las personas con tendencias de depresión clínica se sienten peor después de escuchar música triste. Por otro lado, aquellos que no tenían esas tendencias informaron sentirse mejor después de escuchar música triste.

La música ayuda a trabajar las emociones y fomenta las conexiones entre las personas, según otro estudio previo. El estudio incluyó a personas con y sin depresión y encontró que ambos grupos se sintieron mejor después de escuchar música feliz.

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Levitin cree que "el peso de la evidencia es que la música puede ayudar a la depresión" porque ofrece a las personas una distracción. Sin embargo, durante la depresión clínica, que es una cosa diferente, agregó Levitin, la persona está desconectada y es posible que no quiera involucrarse con la música.

Influye en las tareas diarias

La investigación muestra que, aparte del estado de ánimo y las emociones, la música también puede afectar acciones simples como cuánto dinero gastamos o qué tan productivos somos.

Las personas que bailan y se involucran activamente con la música resultaron ser más felices que otras, que no se involucraron con la música de esa manera, según un estudio de 2017 hecho en Australia. Los investigadores entrevistaron a mil participantes por teléfono y analizaron sus puntuaciones subjetivas de bienestar, sus evaluaciones individuales de satisfacción con la vida.

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Las personas que bailaban y acudían a eventos musicales tuvieron puntuaciones de bienestar subjetivo significativamente más altas que las que no se involucraron con la música de esa manera. Las personas que se involucran activamente con la música de forma grupal también obtuvieron puntajes más altos que otras personas que disfrutaron de la música de esta manera mientras estaban solos.

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"En el nivel más fundamental", Levitin explicó que la música feliz tiende a tener un ritmo acelerado "y sabemos que los neutrones se disparan en sincronía con el ritmo de la música y que la música feliz realmente puede energizarte".

Pero hay que tener en cuenta la actividad que se realiza. Durante las tareas repetitivas o aburridas puedes sentirte somnoliento y la música puede funcionar como un estímulo "lo que te permite hacer un mejor trabajo". Pero si la tarea es más compleja, "la música es dañina" porque actúa como un distractor para nuestra concentración.

La música activa las hormonas oxitocina y serotonina, responsables de la conexión emocional, la confianza y la intimidad, explicó Levitin.

Trainor cree que es "parte de nuestro patrimonio biológico" que la música no solo tenga un lado positivo en la conexión social, sino también uno negativo. "Necesitamos reconocer eso si queremos usar la música de manera positiva".

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