OPINIÓN: Ocho años después, Obama sigue siendo símbolo de esperanza

Tras la campaña presidencial más divisiva en la historia reciente de Estados Unidos, el presidente saliente trazó un plano retórico para llegar a un consenso.
Discurso de despedida  Barack Obama argumentó que el futuro de la fuerza laboral de Estados Unidos está en manos de los hijos de piel oscura de los inmigrantes, quienes merecen una educación de calidad.  (Foto: AFP)
PENIEL JOSEPH

Nota del editor: Peniel Joseph es director de la beca Barbara Jordan para estudios en valores políticos y ética y director fundador del Centro para el Estudio de la Raza y la Democracia de la Escuela de Asuntos Públicos Lyndon B. Johnson de la Universidad de Texas en Austin, en donde también da clases de Historia. Ha escrito varios libros y una de sus publicaciones más recientes es Stokely: A Life. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN) — La noche del martes 10 de enero, frente a una multitud de partidarios entusiastas en Chicago, su ciudad adoptiva, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, pronunció un conmovedor discurso de despedida con el que pulió su legado, imaginó un futuro político más esperanzador y recurrió a la retórica política de altos vuelos que le ayudó a proyectarse a la cima hace 12 años.

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El tema de la noche fue definitivamente la democracia: la forma en la que los estadounidenses luchan y hablan de ella, en la que desconfían y a veces no la entienden… y con mucha frecuencia la dan por sentada.

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Dirigiéndose a los más de 65 millones de electores estadounidenses nerviosos que no respaldaron al presidente electo, Obama pidió llegar a acuerdos y a un consenso nacional informado a través de "una base común de hechos", con el fin de que la gente pueda disentir sin impugnar el carácter, el patriotismo ni la ciudadanía de los demás.

Tras la campaña presidencial más divisiva en la historia reciente de Estados Unidos, Obama trazó un plano retórico para que de las cenizas de la brecha racial y económica creciente surja un consenso. Obama dijo que es poco realista desechar las ideas de un "Estados Unidos posracial" y repudió la falsa alternativa de caracterizar la desigualdad económica como "la lucha entre la clase media blanca trabajadora y las minorías que no merecen nada". Señaló que dicha caracterización resulta conveniente para que los ricos "se replieguen aún más en sus enclaves privados".

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Obama argumentó que el futuro de la fuerza laboral de Estados Unidos está en manos de los hijos de piel oscura de los inmigrantes, quienes merecen una educación de calidad.

Obama les recordó a todos que "en adelante debemos defender las leyes contra la discriminación en la contratación de personal, la vivienda, la educación y el sistema de justicia penal" porque es lo que requiere la Constitución "y nuestros ideales más elevados".

El presidente hizo referencia al personaje literario Atticus Finch, el abogado y héroe de la novela clásica de Harper Lee, Matar a un ruiseñor, con el fin de afirmar que la empatía, es decir, la capacidad de ponerse en los zapatos de alguien más, es la clave para que los negros, los blancos, los inmigrantes, los pobres y los habitantes del campo y de la ciudad se entiendan mejor.

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Las palabras de Obama transmitieron con gran consideración el hecho de que la política suele ser un asunto personal (tal vez más de lo que la mayoría reconoce) y que la opresión racial sigue bien arraigada en la incapacidad de muchas personas para ver que las personas con otro color de piel son totalmente humanas.

Sin embargo, Obama no llegó a hablar de las bases institucionales de la desigualdad racial, pero imploró a los afroestadounidenses que conectaran su búsqueda de la justicia con la lucha del proletariado blanco, los refugiados, los inmigrantes y otros.

"Para los estadounidenses blancos, significa reconocer que los efectos de la esclavitud y de Jim Crow no se desvanecieron súbitamente en la década de 1960", dijo Obama, la que fue una de las declaraciones más sinceras de la noche.

Esos efectos tampoco terminaron con la elección del primer presidente negro de Estados Unidos.

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El discurso de Obama sobre la desigualdad racial y el nerviosismo económico se asemejó a un seminario sobre las brechas políticas pronunciadas y crecientes, agravadas a causa del aislamiento de las personas, vecinos y redes sociales que tienen ideas semejantes, lo que ha amenazado con socavar el tejido mismo de la democracia estadounidense porque todo el mundo puede escoger los hechos, los datos científicos, las noticias y la realidad.

La democracia estadounidense demostró que es lo suficientemente adaptable como para sobrevivir durante 240 años gracias a que el país tiene la asombrosa capacidad de cambiar, de crear un territorio en el que los inmigrantes satanizados del siglo XIX se volvieron los líderes políticos y empresarios del siglo XX; en el que los afroestadounidenses esclavizados transformaron la estética misma de la democracia a través de su resistencia creativamente desafiante, misma que ayudó a dar nueva cara al vasto entorno político, cultural y económico de Estados Unidos.

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Obama hizo eco de las advertencias de Franklin Delano Roosevelt en contra del miedo y señaló que las amenazas externas del terrorismo y el extremismo religioso no pueden socavar la democracia estadounidense tanto como el miedo al cambio, a la transformación política y al progreso. "Por eso rechazo la discriminación de los musulmanes estadounidenses", dijo Obama, declaración inspiró una ovación de pie.

Obama terminó su discurso desafiando a los estadounidenses a asumir las responsabilidades de la ciudadanía, ya que "la democracia está bajo amenaza cada vez que la damos por sentada.

Esta declaración final podría haber estado dirigida a los más de 80 millones de ciudadanos que pudieron haber participado en las elecciones pasadas pero no lo hicieron. Los estadounidenses no pueden darse el lujo de adoptar el cinismo que asoló a gran parte del país antes de su presidencia ni la sensación de complacencia que se infiltró después de que lo eligieran.

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La ciudadanía exige buscar la inspiración en los esfuerzos de los estadounidenses comunes para cambiar el mundo, esfuerzos que han originado movimientos por los derechos humanos, el feminismo, los derechos de la comunidad LGBTQ, el medioambiente, los sindicatos y más, incluida su propia campaña electoral.

Obama terminó su discurso pidiendo una vez más a la nación "que crean. No en mi capacidad de generar un cambio… sino en la de ustedes".

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Fue un discurso brillante, un gran discurso que incluso conmovió al presidente hasta las lágrimas cuando alabó los esfuerzos de la primera dama, Michelle Obama, por abrir la Casa Blanca a todos y "enorgullecer al país" en el proceso.

Al final, mientras inspiraba a la multitud a corear por última vez el lema "Sí, podemos" que lo catapultó a la presidencia y que proyectó al mundo a un breve estado de euforia que algún día podremos compartir con nuestros hijos y nuestros nietos, Obama pudo volver a transmitir la magia que hizo que muchas personas creyeran que Estados Unidos es, como destacó la noche de las elecciones, hace ocho años, "un lugar en donde todo es posible".

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