OPINIÓN: ‘Estados Unidos primero’ deja al último la libertad y el liderazgo

La visión de Donald Trump sobre el mundo es una versión más extrema del enfoque adoptado durante el primer mandato de la administración de George W. Bush.
Algunos analistas consideran que el presidente Trump mostró una propensión a ver el papel de Estados Unidos en asuntos internacionales casi completamente a través de un lente militar.
Perspectiva  Algunos analistas consideran que el presidente Trump mostró una propensión a ver el papel de Estados Unidos en asuntos internacionales casi completamente a través de un lente militar.  (Foto: EFE)
SUZANNE NOSSEL

Nota del editor: Suzanne Nossel es directora ejecutiva de PEN America. Fue directora ejecutiva de Amnistía Internacional de Estados Unidos y subsecretaria adjunta de estado para la oficina de asuntos de organizaciones internacionales del Departamento de Estado. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas del autor.

(CNN) – En su discurso ante Congreso de Estados Unidos, el presidente Donald Trump comenzó a elaborar su visión de una política exterior guiada por el principio “America First” o “Estados Unidos primero”.

Algunos de sus pronunciamientos sobre política exterior fueron familiares y tranquilizadores: Habló de la importancia de las alianzas, la estabilidad global y el aprendizaje de los errores. Pero tras una lectura más atenta, el somero repaso que Trump hizo de los asuntos internacionales en dicho discurso reveló una concepción de miras estrechas del interés de Estados Unidos que alienará al mundo y, en última instancia, lo hará más amenazante para la seguridad estadounidense.

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La declaración sobre política exterior más citada en el discurso del presidente fue: "Mi trabajo no es representar al mundo. Mi trabajo es representar a los Estados Unidos de América". Su formulación no es una sorpresa. Trump nunca ha pretendido liderar el mundo libre, ni tampoco el mundo libre lo puso al mando. Pero como los predecesores de Trump han aprendido, no hay modo de mantener seguro o próspero al país cuando el mundo no lo es.

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Como un empresario mundial con intereses en todos los continentes, la ceguera que demuestra Trump ante la interconexión consolidada por la tecnología, la economía global, los viajes, el comercio y los medios de comunicación es deliberada y preocupante.

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En un nivel más amplio, esta ignorancia voluntaria pone de relieve tres maneras en que las declaraciones de Trump sobre política exterior son alarmantes.

Primer punto

Mostró una propensión a ver el papel de Estados Unidos en asuntos internacionales casi completamente a través de un lente militar.

Ya ha nombrado a militares para dirigir no solo el Departamento de Defensa y el Departamento de Seguridad Nacional, sino también su Consejo de Seguridad Nacional (en dos ocasiones, primero al depuesto Michael Flynn y ahora a H.R. McMaster). En sus palabras: "A los aliados que se preguntan qué tipo de amigo será Estados Unidos, les bastará con mirar los héroes que visten nuestro uniforme".

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Al ponerle un rostro militar a la solidaridad estadounidense alrededor del mundo, Trump confirmó las serias preocupaciones de diplomáticos y altos funcionarios militares que expresaron su preocupación tras conocer el anuncio de que el presidente proponía incrementar en 54,000 millones de dólares el gasto en defensa a través, en parte, de drásticos recortes al presupuesto del Departamento de Estado. Más de 120 generales y almirantes retirados han firmado una carta de protesta.

Mientras tanto, Trump notoriamente omitió mencionar los vínculos económicos o las preocupaciones globales como el cambio climático y los derechos humanos. Su visión del mundo es una versión más extrema del enfoque adoptado durante el primer mandato de la administración de George W. Bush, cuando el singular énfasis en la fuerza militar (o "poder duro") condujo a Estados Unidos a las guerras en Afganistán e Iraq, dilapidó la buena voluntad mundial generada por los ataques del 11-S, provocó que el antiamericanismo creciera y fracturó las alianzas estadounidenses.

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A pesar de la obsesión que tiene con su propia marca personal, Trump parece olvidar el valor de marca de lo que Joseph Nye ha llamado el "poder blando" que proviene de proyectar al exterior aspectos atractivos de la sociedad y el carácter estadounidenses.

También es indiferente a mi concepto de "poder inteligente", o el imperativo de incluir una amplia gama de instrumentos del arte de gobernar, desde la diplomacia, la ayuda y la participación del sector privado hasta la intervención militar.

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Pero la política exterior de Trump, estrecha de miras y centrada en el ejército, no echará mano de otros instrumentos de la política exterior estadounidense, incurriendo así en gastos y riesgos significativos para las tropas, presionadas para convertirse en la solución de todos los retos de política exterior del país.

Segundo punto

El segundo aspecto chirriante de la visión de Trump en materia de política exterior fue la ausencia de cualquier concepción de Estados Unidos como adalid de la libertad en todo el mundo. Aun cuando Estados Unidos ha sido en el mejor de los casos un imperfecto ejemplo de libertad, a menudo contradiciendo sus propios ideales, su autoconcepción como inspiración y vía de escape para los demócratas y disidentes de todo el mundo se remonta a la Segunda Guerra Mundial por lo menos.

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Cuando Trump declaró que "las naciones libres son el mejor medio para expresar la voluntad del pueblo", añadió inmediatamente que "Estados Unidos respeta el derecho de todas las naciones a trazar su propio camino". Allí anida una crasa contradicción.

En la edición 2017 de su índice Freedom in the World (Libertad en el Mundo), Freedom House calificó el populismo y el autoritarismo de "doble amenaza para la democracia global". El índice registró retrocesos en los derechos políticos y civiles en más de una docena de países aun calificados como libres. En total, de los 195 países evaluados, el 55% recibió una clasificación inferior a "Libre".

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En un número cada vez mayor de países la voluntad del pueblo no se expresa a través de fuertes instituciones y procesos democráticos. Si bien Estados Unidos tiene una influencia limitada a nivel mundial y en efecto nunca debe tratar de dictar cómo deben gobernarse las otras naciones, se ha esforzado por ser un aliado y un paladín de aquellos que luchan por defender y promover la libertad y las reformas democráticas.

El apoyo de las nuevas y emergentes democracias de Europa Oriental, África, América Latina y Myanmar son algunos de los logros que más enorgullecen a Estados Unidos en las últimas décadas. La promesa de Trump de dejar que todas las naciones tracen su propio rumbo, junto con las propuestas que hizo antes para reducir drásticamente la ayuda exterior de Estados Unidos, no ofrece nada a quienes buscan la libertad y carecen de ella.

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Tercer punto

Finalmente, la visión de Trump contrasta radicalmente con la de Ronald Reagan, esbozada en su discurso de despedida, de una "ciudad sobre una colina" donde "si hubiera muros, los muros tendrían puertas y las puertas estarían abiertas a cualquiera con la voluntad y el corazón para llegar hasta aquí".

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Música para los oídos de Vladimir Putin, Xi Xinping y los líderes autoritarios, el enfoque abstencionista de Trump hacia los pueblos atrapados bajo el yugo de las sociedades represivas contrasta aún más con la llamada de John F. Kennedy en su discurso inaugural: “A esos pueblos de chozas y aldeas de la mitad del mundo que luchan por liberarse de las cadenas de la miseria colectiva, les prometemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para ayudarlos a ayudarse a sí mismos, durante el tiempo que sea necesario. No porque quizás lo hagan los comunistas, no porque busquemos sus votos, sino porque es lo correcto. Si una sociedad libre no puede ayudar a los muchos que son pobres, no puede salvar a los pocos que son ricos”.

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Confiando en los nombramientos de gabinete, los recortes impositivos y los subsidios corporativos para ayudar a los ricos, Trump dejó en claro que su visión de la diplomacia no está sujeta a una obligación práctica, política o si quiera moral de preservar el largo liderazgo de Estados Unidos en el mundo como exponente y defensor de la libertad.

A Trump se le ha dicho - pero se niega a creerlo - que el liderazgo global estadounidense no es un servicio público para el resto del mundo sino una póliza de seguro para nuestro propio pueblo, una póliza que ha mantenido la guerra, la plaga y la devastación económica mayormente fuera de nuestras fronteras durante muchas décadas.

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El desdén de Trump por las cargas y los beneficios del liderazgo global de Estados Unidos - tan claramente articulado en su afirmación de que su trabajo "no es representar al mundo" - no dejará simplemente un vacío. El espacio que deja la retirada de Estados Unidos de la Asociación Transpacífica, sus evasivas sobre el pacto climático de París y sus insultos contra las Naciones Unidas ya está siendo llenado por China, Rusia y otros.

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Al ceder el papel de liderazgo mundial de Estados Unidos, Trump se asegura de que sus sucesores no puedan reclamarlo.

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