OPINIÓN: Trabajar para Donald Trump es vergonzoso

Sean Spicer solía ser un profesional admirado, pero se ha vuelto la principal prueba de que la gente seria, que tiene una reputación valiosa, sirve al presidente bajo su propio riesgo.
Como lo más importante en su trabajo es la credibilidad, Sean Spicer asumió un gran riesgo al acceder a ser portavoz en jefe de un presidente que tiene una relación tan irregular con los hechos, señalan analistas.
Reto  Como lo más importante en su trabajo es la credibilidad, Sean Spicer asumió un gran riesgo al acceder a ser portavoz en jefe de un presidente que tiene una relación tan irregular con los hechos, señalan analistas.  (Foto: Reuters/Archivo)
Michael D'Antonio

Nota del editor: Michael D'Antonio es autor del libro Never Enough: Donald Trump and the Pursuit of Success (Editorial St. Martin's Press). Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN) — El miércoles 8 de marzo, Jon Huntsman, exgobernador de Utah, aceptó la oferta del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para ser embajador en Rusia. Como ya fue embajador en China, es probable que Huntsman se sienta preparado para la tarea que tiene a mano. Pero es muy probable que sea uno más de los empleados de Trump que se enfrente a la vergüenza profesional en los días y semanas por venir.

Tan solo hay que ver cómo Sean Spicer se retuerce y se escabulle de las preguntas sobre las afirmaciones descabelladas de Trump, algo que el portavoz de la Casa Blanca ha tenido que hacer muchas veces desde la toma de posesión. Spicer solía ser un profesional admirado, pero se ha vuelto la principal prueba de que la gente seria, que tiene una reputación valiosa, sirve al presidente bajo su propio riesgo.

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En su trabajo anterior como director de comunicaciones del Comité Nacional Republicano, Spicer era respetado por ser un partidista apasionado y confiable. Sin embargo, antes de que se pudiera adaptar a su nuevo empleo en la Casa Blanca, el secretario de prensa se vio obligado a defender, a pesar de las pruebas fotográficas, las afirmaciones de Trump acerca de la gran multitud que había asistido a su toma de posesión.

A menos de una semana de haber asumido el cargo, Spicer se volvió blanco de chistes interminables y su credibilidad quedó tan dañada que en los medios abundaron las especulaciones sobre su despido. En California, los exsecretarios de prensa de la gubernatura le extendieron el pésame a Spicer y le dieron consejos. "No hay ninguna posibilidad de que haya una relación de confianza (entre Spicer y la prensa] porque han abusado demasiado de ella", dijo Kevin Eckery, secretario de prensa del exgobernador republicano Pete Wilson.

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Desde entonces, Spicer ha afirmado muchas falsedades más; ha dicho que un decreto de Trump al que se llamó "prohibición" a la inmigración de musulmanes no es una prohibición; que ninguno de los integrantes del equipo de campaña de Trump ha tenido contacto con funcionarios rusos, y, lo más reciente, que durante la presidencia de Obama se había intervenido el teléfono de un reportero de la cadena Fox News.

Como lo más importante en su trabajo es la credibilidad, Spicer asumió un gran riesgo al acceder a ser portavoz en jefe de un presidente que tiene una relación tan irregular con los hechos (de las 372 declaraciones de Trump que ha revisado el respetado sitio Politifact.com, solo 15 se catalogaron como totalmente "ciertas"). Además, Spicer no es el único que ha sufrido humillaciones en la administración de Trump.

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Los hombres encargados de dirigir las diversas agencias de investigación asumieron el cargo a sabiendas de que el nuevo presidente se había mostrado hostil con sus elementos desde hacía varios meses y que había cuestionado la conclusión demostrada de que Rusia había tratado de influir en las elecciones de 2016 para favorecerlo.

Trump siguió socavando a los servicios de inteligencia aun después de haber tomado posesión. Mientras el ánimo decaía, las filtraciones a la prensa revelaban que los profesionales de la investigación se sentían inquietos por el estilo de liderazgo de Trump. Luego vino la renuncia de Michael Flynn, asesor de Seguridad Nacional, quien se vio obligado a dejar el cargo porque mintió sobre sus propios contactos con el embajador de Rusia en Washington.

La caída de Flynn suscita dudas graves sobre la aptitud del presidente para construir equipos. Flynn es famoso por ser arrebatado y se dice que lo echaron del mismo cargo durante la presidencia de Obama porque era brusco y trabajaba en contra de las políticas de Obama.

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Flynn se ganó la confianza de Trump cuando empezó a respaldar su campaña desde el principio. En la Convención Nacional Republicana gritó "¡Sí, demonios!" cuando los asistentes coreaban "¡Enciérrenla!". Al designar a Flynn, Trump indicó que la lealtad importaba más que la templanza y el buen juicio.

Cualquiera que tenga dudas sobre el desafío que representa trabajar para Trump solo tiene que pensar que el principal candidato de Trump para reemplazar a Flynn, el vicealmirante Robert Harward, lo rechazó. La razón oficial de Harward (que no podía dedicar toda su atención al cargo) sonaba más bien como la excusa de "renuncio para pasar más tiempo con mi familia".

Según el diario estadounidense The New York Times, la verdadera razón de Harward fue "el estilo impredecible (de Trump) y el grado de caos en el que se ha sumido su Casa Blanca".

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Entre las pruebas crecientes sobre el caos que domina en la administración están el retiro de hombres designados para encabezar al Ejército, a la Armada y al Departamento del Trabajo. Al alejarse de estos cargos prestigiosos, se dio la impresión de que, en cierto grado, los candidatos habían fallado. Sin embargo, también es cierto que probablemente escaparon de algo peor.

Pensemos en la experiencia del candidato de Trump a la secretaría de Estado, el expresidente de ExxonMobil, Rex Tillerson. Poco después de que aceptara el cargo, Tillerson sufrió una humillación pública cuando Trump se rehusó a permitir que eligiera a Elliott Abrams como su subsecretario.

Trump también socavó la autoridad del secretario cuando no lo consultó respecto a los cambios en la antigua política estadounidense en favor de la condición de Estado de Palestina.

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Aunque se considera que el cargo de secretario de Estado es el más prestigioso de cualquier gabinete, Tillerson ha quedado eclipsado por Jared Kushner (el yerno de Trump, quien tiene 36 años) y por Steve Bannon, el jefe de estrategia de Trump.

Trump también tomó la decisión inusual de agregar a Bannon al grupo de jefes del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, cargo que nunca se había otorgado a un asesor político de la Casa Blanca.

Al igual que Spicer, Tillerson está en desventaja respecto a un líder al que probablemente no entiende. En estos casos, es útil conocer la obra de Dan McAdams, psicólogo de la Universidad Northwestern, quien ha estudiado la personalidad de los presidentes de Estados Unidos, incluido Trump, a quien considera un ejemplo extremo del estilo dominante de los chimpancés alfa. El liderazgo a través del dominio es más primordial que otros tipos de liderazgo basados en la experiencia.

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Aunque otros presidentes han recurrido a una mezcla de estos dos estilos, Trump recurre casi exclusivamente al dominio. Es muy probable que las personas que declinaron sus ofertas laborales hayan sentido la falta de respeto de Trump ante su experiencia y la condicionalidad de su apoyo.

Los líderes extremadamente dominantes consideran que la lealtad es una vía de un solo sentido y abandonarán a sus aliados si se les presenta algo mejor. Tan solo hay que pensar en la suerte que corrió Michael Flynn.

El estilo dominante explica la bravuconería de Trump, su estilo acosador y su tendencia a ignorar a las personas que tienen una experiencia genuina. Como me dijo McAdams a principios de marzo: Trump "no respeta ni le interesa ninguna clase de experiencia, la considera una debilidad y la previsión de las élites".

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Esta es la mentalidad que llevó a Trump a dejar algunas dependencias (como la Agencia de Protección Ambiental, el Departamento de Energía y el Departamento de Educación) en manos de personas que sabían muy poco sobre lo que se hace en estas dependencias o que, en algunos casos, son contrarios a su misión.

De entre los primeros designados de Trump, es probable que Spicer sea quien tenga la experiencia más relevante combinada con el menor control sobre su conducta. Atestiguar sus afanes es atestiguar la dinámica que podría desatar el caos en toda la administración.

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Las instituciones modernas, incluida la Casa Blanca, requieren experiencia. Además, McAdams destaca que las colonias de chimpancés "no tienen instituciones democráticas", así que el estilo dominante garantiza el caos. "Las cosas siempre terminan mal para el chimpancé alfa", explicó, ya que atormenta a sus subalternos hasta el momento en el que lo derrocan.

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