OPINIÓN: Trump ha hecho progresos en deslegitimar a instituciones del gobierno

El presidente de Estados Unidos ha estado tomando una serie de medidas que harán un gran daño a los objetivos a largo plazo del Partido Demócrata.
Mientras la atención se centra en el veto a refugiados y el ataque a medios, la administración ha emitido órdenes ejecutivas que debilitan medidas que han sido medulares para regular la economía en las últimas décadas.
Avance dramático  Mientras la atención se centra en el veto a refugiados y el ataque a medios, la administración ha emitido órdenes ejecutivas que debilitan medidas que han sido medulares para regular la economía en las últimas décadas.  (Foto: Reuters/Archivo)
Julian Zelizer

Nota del editor: Julian Zelizer, profesor de historia y asuntos públicos de la Universidad de Princeton e investigador de New America, es el autor de "The Fierce Urgency of Now: Lyndon Johnson, Congress, and the Battle for the Great Society". Copresenta el podcast "Politics & Polls". Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN) – Incluso con un fuerte reporte sobre los empleos y un mercado accionario al alza, es fácil mirar al presidente Donald Trump y ver el caos total.

Muchos días los estadounidenses despiertan con el sobresalto de otro tuit extraño. Leen sobre la amarga disensión interna que hay en la Casa Blanca y la confusión sin fin que caracteriza a la Oficina Oval. A veces, no está claro quién dirige el espectáculo.

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El escándalo de Rusia ha consumido gran parte de la primera mitad de los primeros 100 días de Trump (un escándalo que potencialmente está por hacerse más grande) mientras los republicanos del Tea Party protestan por lo que consideran un ‘Obamacare versión light’ que el presidente apoya para reemplazar a la Ley de Cuidado de Salud Asequible.

La reacción contra la propuesta sanitaria parecería ser la punta del iceberg, pues hay mucho que frustra a los conservadores sobre la manera en que se desarrolla esta presidencia. Sin embargo, desde una perspectiva diferente, el presidente Trump está logrando muchos de sus objetivos más generales. Aunque a veces a puerta cerrada, el presidente ha estado tomando una serie de medidas que harán un gran daño a los objetivos a largo plazo del Partido Demócrata.

Si uno acepta que los demócratas están, en última instancia, más comprometidos con y dependientes de un gobierno federal fuerte, mientras que los republicanos prefieren que el libre mercado haga la mayor parte del trabajo, entonces los conservadores tienen mucho que celebrar.

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El avance más dramático se ha dado con la desregulación económica y financiera. Mientras toda la atención se centra en el veto a los refugiados y el ataque a los medios, la administración ha estado emitiendo órdenes ejecutivas que debilitan las medidas que han sido medulares para regular la economía en las últimas décadas.

Trump ha ordenado a las agencias federales revisar la regulación del agua conocida como Clean Water Rule, que ha sido central para fortalecer las protecciones federales de ese recurso. Emitió, además, una orden ejecutiva el 24 de febrero que establece la figura de los ‘Oficiales de Reforma Regulatoria’ dentro de cada agencia federal cuya responsabilidad será hacer recomendaciones sobre qué regulaciones deben ser eliminadas.

Otra orden ejecutiva estableció los "Principios Básicos" de la regulación financiera, ordenando al Secretario del Tesoro que examinara las regulaciones financieras existentes para ver qué debería ser abolido. Otra orden ejecutiva estipulaba que para cada nuevo reglamento propuesto por el poder ejecutivo, dos tenían que ser derogados.

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En su esfuerzo por "deconstruir el estado administrativo", como lo llamó el estratega jefe de la Casa Blanca Stephen Bannon, Trump ha estado avanzando a un ritmo rápido, mientras que la mayor parte de la atención se ha focalizado en otros lugares.

El presidente Trump también ha hecho muchos progresos en seguir deslegitimando las instituciones del gobierno. De la misma manera que Franklin Roosevelt mostró a los estadounidenses por qué el gobierno podría ser una fuerza positiva para el bien y Ronald Reagan defendió a los mercados de la injerencia gubernamental, Trump sostiene que el gobierno ya no puede ser funcional en absoluto.

El suyo es el producto final de la era Watergate. Sus continuos ataques contra el poder judicial y la burocracia federal han alimentado entre sus partidarios la duda y la desconfianza de que el gobierno, e incluso la propia democracia, funcionen bien jamás.

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Él continuamente pone en entredicho que los funcionarios públicos, como los jueces, alguna vez hagan su trabajo. La comunidad de inteligencia ha sido un blanco perpetuo de sus críticas. Ha puesto en duda todo el sistema electoral del que depende nuestra democracia.

Aunque hasta el momento no ha arremetido contra el Congreso, puesto que la mayoría republicana ha estado de su lado, no tardará en hacerlo blanco de sus ataques. Al desafiar todas las convenciones de la gobernanza y el decoro presidencial, está incluso minando la fe pública en la posición que él mismo ocupa.

Aunque no sabemos si esto es deliberado o no, será imposible para muchos estadounidenses tener la misma confianza en el presidente como la tuvieron en la era de Roosevelt o Eisenhower.

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Si bien algunos republicanos se quejan del hecho de que el presidente Trump apenas ha avanzado en una agenda legislativa y que Washington ha estado básicamente atado en nudos de Twitter desde su toma de posesión, los conservadores acaso también pueden ver que si el gobierno no hace nada, eso les favorece.

Los demócratas, en cambio, dependen del gobierno, guiados por su creencia liberal en el papel que Washington puede desempeñar. Si Washington es disfuncional, los republicanos se benefician. Esta era la premisa para que los republicanos del Tea Party permitieran un cierre o parálisis del gobierno (shutdown), un esfuerzo para demostrarles a los estadounidenses que la vida continuaba aunque no sucediera nada en la capital de la nación.

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El hecho de no dotar de personal a las burocracias gubernamentales y de negarse a proporcionarles los recursos necesarios también socava su capacidad para operar con eficacia. En un reciente artículo sobre el Departamento de Estado escrito por Julie Ioffe para The Atlantic, la periodista pasó tiempo en dicho departamento observando cómo están desmoralizados sus funcionarios públicos, porque no tienen nada que hacer y porque la mayoría de los puestos clave ni siquiera han sido cubiertos.

Trump está debilitando la diplomacia simplemente por no tener el cuidado más elemental con el departamento responsable de esta misión. "Solía amar mi trabajo, ahora se siente como ir al hospital para cuidar a un familiar moribundo", dijo un trabajador.

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Incluso si las cosas parecen difíciles para la administración Trump, y para el Partido Republicano en general, hay una buena razón para que muchos conservadores se crucen de brazos y observen sin actuar. La confusión y la controversia no son agradables de ver, y muchos republicanos ciertamente sienten vergüenza al enterarse de las últimas acciones del presidente.

Pero desde el momento de la toma de posesión, la fortaleza y la santidad del gobierno federal resultaron duramente golpeadas con la llegada de Trump a la Casa Blanca. Pero es una pérdida mayor para los de izquierda que para los de derecha.

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