OPINIÓN: Bajo Trump, Estados Unidos ya no representa al mundo

La posibilidad de que el republicano pueda implementar su visión de un orden mundial basado en Estados soberanos que persiguen sus propios intereses, está comenzando a digerirse y hacer efecto.
Para el presidente republicano su trabajo es solamente representar a los Estados Unidos.
Trump  Para el presidente republicano su trabajo es solamente representar a los Estados Unidos.  (Foto: EFE)
Christopher Preble

Nota del editor: Christopher Preble es vicepresidente de estudios en defensa y política exterior en el Cato Institute. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas del autor.

(CNN) — En su discurso ante el Congreso estadounidense el 28 de febrero, el presidente Trump afirmó que "Estados Unidos respeta el derecho de todas las naciones a trazar su propio camino". En ese espíritu, continuó: "Mi trabajo no es representar al mundo, mi trabajo es representar a los Estados Unidos de América".

Ese comentario pudo parecer irrelevante a quienes seguían el evento desde casa, pues para la inmensa mayoría de los estadounidenses, el propósito obvio del gobierno de Estados Unidos y del poder de Estados Unidos es defender los intereses de esta gran nación.

Pero durante décadas los políticos de los dos principales partidos del país han hablado en términos muy diferentes. Insinuaron que pondrían los intereses de otros países por encima de los nuestros; alentados por las élites y los grandes pensadores que proclamaron una misión global para Estados Unidos. La verdadera grandeza estadounidense, dijeron, no podría lograrse simplemente construyendo una unión más perfecta en casa.

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"Somos Estados Unidos", dijo célebremente Madeleine Albright en 1998, "Somos la nación indispensable. Llevamos la cabeza erguida y vemos más allá que otros países en el futuro y vemos el peligro aquí para todos". Y en fecha tan reciente como el mes pasado, el columnista del New York Times, David Brooks, explicó: "Las cosas que hacen los estadounidenses no son solo para ellos, sino para toda la humanidad".

Ideas similares conforman una colección de ensayos compilados a finales de 2015 por la John Hay Initiative, un texto ad hoc mayoritariamente de republicanos expertos en política exterior. En el ensayo principal, Eliot Cohen, un alto consejero del Departamento de Estado bajo George W. Bush, y dos coautores, discreparon enérgicamente con la afirmación de que "el papel de Estados Unidos como garante del orden global ya no es necesario". Cohen y compañía también desestimaron a "aquellos que piensan que ‘construir la nación en casa’ es una especie de alternativa a la participación en el extranjero". Por el contrario, explicaron, "un Estados Unidos fuerte es esencial para mantener el orden mundial abierto bajo el cual este país y el resto del mundo han prosperado desde 1945".

Muchos países confiaron en tales garantías. Se enfocaron en perfeccionar sus propias comunidades, a su manera, dejando efectivamente la seguridad en manos del siempre dispuesto y típicamente capaz Tío Sam. Estos aliados se preocuparon por los errores de Estados Unidos en Vietnam y, más recientemente, por Iraq, pero se mantuvieron relativamente confiados de que el poder estadounidense era suficiente para defenderlos del peligro. Y creyeron a los funcionarios estadounidenses que les dijeron que el gobierno de Estados Unidos atendería sus preocupaciones de seguridad con una combinación de prudencia e imparcialidad.

Por su parte, los funcionarios estadounidenses ocasionalmente protestaban porque los aliados de Estados Unidos habían descuidado demasiado el poder duro. Las quejas sobre el el reparto inadecuado de la carga y el parasitismo de otros eran un tema perenne en los discursos de los secretarios estadounidenses de Defensa y Estado. Pero en privado, los líderes estadounidenses prefirieron un mundo en el que el poder militar era ejercido principalmente por un solo país y no por muchos. Bret Stephens, del Wall Street Journal, resumió este sentimiento, escribiendo que "Para Estados Unidos es mejor un mundo de presuntos freeloaders (receptores pasivos de ayuda) que un mundo de freelancers (agentes autónomos) en política exterior".

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Obviamente, el presidente Trump piensa diferente. Su lema America First se remonta a los días anteriores a la Segunda Guerra Mundial, cuando los estadounidenses se resistieron a participar activamente en las guerras que libraban Europa y Asia. La mera sugerencia de que un presidente Trump pudiera dar la espalda a más de 70 años de liderazgo global de Estados Unidos movilizó a un repertorio bipartidista de expertos en política exterior (los #NeverTrumpers) decididos a bloquear su camino hacia la presidencia.

Obviamente fracasaron. Pero aún así el presidente Trump podría vérselas difícil para traducir su retórica en acción.

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Para empezar, la inercia es una fuerza poderosa, y la perdurabilidad del status quo está compuesta por instituciones y burocracias establecidas pobladas por personas que no comparten la visión del presidente.

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Rotundos #NeverTrumpers como Eliot Cohen no fueron invitados a trabajar en la administración, pero otros defensores del statu quo de la política exterior, aquellos hombres y mujeres que evitaron criticar a Donald Trump directa y públicamente, sí figuran para algunos nombramientos. Por ejemplo, Brian Hook, cofundador de la Initiative John Hay y uno de los coautores de Cohen, ha sido nombrado director de planificación de políticas en el Departamento de Estado.

Mientras tanto, en las capitales de otros gobiernos, la mera posibilidad de que Donald Trump pueda implementar su visión de un orden mundial basado en Estados soberanos que persiguen sus propios intereses está comenzando a digerirse y hacer efecto. Y en el proceso, los aliados de Estados Unidos probablemente cubrirán sus apuestas y se alejarán de la dependencia de un gobierno impredecible sobre el cual no tienen control.

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