OPINIÓN: ¿La crisis en Uber afectará la confianza de Silicon Valley?

Las grandes empresas tecnológicas son ahora tan poderosas que sus rasgos negativos afectan rutinariamente a millones de personas.
Otros dos ejecutivos de Uber renuncian
Charles Arthur

Nota del editor: Charles Arthur fue editor de tecnología del diario británico The Guardian de 2005 a 2014 y de The Independent entre 1995 y 2004. Actualmente escribe un libro sobre incidentes de piratería informática. Escribe en el blog The Overspill. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN) — Los comediantes británicos David Mitchell y Robert Webb capturaron perfectamente ese momento en el que todo se aclara.

La sátira comienza con Webb, haciendo el papel de un comandante alemán, recorriendo un campamento de artillería. "Ahora veremos cómo estos rusos se las arreglan con una división SS de primera", dice firmemente.

Llega Mitchell, quien luce preocupado. "Hans, acabo de notar algo. ¿Te has puesto a observar nuestras gorras recientemente? Los escudos de nuestras gorras. Tienen cráneos. Tienen imágenes de cráneos pequeños". Hace una pausa. "Hans —dice mientras su voz deja ver que cada vez está más horrorizado— ¿nosotros somos los malos?".

Podemos imaginarnos una escena como ésta, desarrollándose en las oficinas de Uber, la empresa de "taxis que no se llaman taxis". A la gente de Uber le gusta decir que no es simplemente un servicio de taxis baratos, sino que es "la redefinición de la ciudad".

Pero en los pasados dos meses ha aumentado la cantidad de ejecutivos que ha partido. El caso más reciente es el del presidente de viajes compartidos, Jeff Jones, debido a que las acusaciones sobre la arraigada cultura sexista, aunada a la falta absoluta de consideración a los reglamentos y a la seguridad, se han vuelto demasiado prominentes como para ignorarlas. Travis Kalanick, el director ejecutivo de Uber, se ha tomado muy en serio las acusaciones y ya ordenó que se lleve a cabo una investigación interna.

Jones dijo en entrevista para el sitio Recode: "Las creencias y el enfoque de liderazgo que han guiado mi carrera no coinciden con lo que vi y viví en Uber". En otras palabras: ¿nosotros somos los malos?

OPINIÓN: La verdadera historia detrás de los problemas del CEO de Uber

Mientras Google comparece ante la Oficina del Gabinete del gobierno de Reino Unido para explicar cómo es que los anuncios publicitarios de esta última terminaron en videos extremistas en YouTube (los productores del video se llevan una parte de las ganancias por publicidad). Esta revelación provocó que otras marcas retiraran publicidad por millones de libras esterlinas, entre ellas The Guardian, Marks & Spencer y Havas, la agencia de adquisiciones de medios de comunicación, que controla el gasto de 175 millones de libras esterlinas de sus clientes.

Una vez más puedes imaginarte el desconcierto que reinó en las oficinas de Google: ¿le estamos dando dinero a los extremistas? ¿Nosotros somos los malos?

Lee: El CEO de Airbnb opina que crisis de Uber es por falta de experiencia

Matt Brittin, director de Google en Europa, dijo durante una conferencia de la Advertising Week Europe en Londres que la empresa lamenta mucho lo ocurrido y "estamos analizando nuevamente cómo mejorar nuestras medidas de vigilancia", pero no explicó si habrá cambios concretos a las políticas.

Se suele instar a las empresas de tecnología a que tengan una opinión exagerada de sí mismas y del mundo. Steve Jobs urgió a Apple a "dejar su marca en el universo". Google busca "alcanzar la luna". Mark Zuckerberg exhortó a los programadores de Facebook a "moverse rápido y a romper cosas".

El ideal de Silicon Valley es la "disrupción": desmantelarlo todo, arrojar todas las cartas al aire. Vaya, no solo estás recogiendo y entregando ropa limpia a domicilio, estás causando disrupción en las lavanderías. No importa que mucha gente necesite lavanderías. Son personas carentes de imaginación que pronto descubrirán lo maravilloso que es gastar una cuarta parte de su ingreso semanal en limpieza.

¿Y los impuestos? Como dijo el ejecutivo de una empresa ficticia de Silicon Valley a su vicepresidente en el programa satírico de televisión Veep, "nos gusta pensar que somos post-impuestos".

Pero seguramente no puede ser malo que estés cambiando el mundo, ¿o sí? Miren a Facebook, que conecta a todos y que hace del mundo un lugar mejor. ¡No, no me digan que también alberga noticias falsas, ventas ilícitas de armas e imágenes de abuso infantil!

¿Y qué hay de Twitter, cuya misión es "dar a todos el poder de crear y compartir ideas e información instantáneamente, sin barreras"? Se suponía que eso no incluía ataques coordinados de jugadores de videojuegos enfurruñados en contra de mujeres ni ataques sexistas y racistas contra la actriz Leslie Jones, aunque se ha advertido desde hace años que existe un problema de abuso.

Lee: Twitter ensaya nuevas medidas contra el acoso

Desde entonces, Facebook ha actualizado sus políticas relativas a publicaciones sobre ventas de armas y ha denunciado ante la policía a quienes hacen circular imágenes de abuso infantil, pero en ambos casos, la empresa depende de que los usuarios activos reporten el mal uso de la plataforma. De forma parecida, Twitter actualizó sus políticas sobre denuncia de abusos en noviembre de 2016, lo que permite que los espectadores reporten a un usuario abusivo. No cuesta entender por qué los detractores creen que esas medidas no son suficientes.

Pero nadie en Twitter o en Facebook podía creer que tal vez eran los malos, si todo lo que quieren es hacer el bien en el mundo. Pero ya saben qué se dice sobre el camino al infierno.

Tener una visión estrecha del mundo es necesario en las primeras etapas de una empresa de tecnología, cuando es necesario encontrar ingresos y ganancias. Pero llega un momento en el que hay que ser responsables y analizar un poco los actos propios. Como señaló el escritor Stephen King, "nadie cree que es el malo". Pero a veces, es justo quien resultas ser.

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Las grandes empresas de Silicon Valley son ahora tan poderosas que sus rasgos negativos afectan rutinariamente a miles de personas; en un mal día, a millones de personas o a países enteros. En ese caso, sí, ellos son los malos. No hay de otra.

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