OPINIÓN: Crónica de los primeros cien (malos) días de Trump

Una administración que parece ver solo por los intereses de su camarilla política ha sido nociva para el entorno internacional y particularmente para la relación bilateral con México.
Algo en lo que sí ha sido muy consistente Trump es en los ataques a México.
Ataques  Algo en lo que sí ha sido muy consistente Trump es en los ataques a México.  (Foto: AFP)
Horacio Vives Segl / / Profesor del Departamento Académico de Ciencia Política del ITAM y miembro del Sistema Nacional de Investigadores.

Nota del editor: Horacio Vives Segl es Licenciado en Ciencia Política por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y doctor en Ciencia Política por la Universidad de Belgrano (Argentina). Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad del autor.

(Expansión) — Se cumplen los primeros 100 días de la presidencia de Donald Trump en Estados Unidos, y como suele hacerse al inicio de un gobierno, es un buen momento para llevar a cabo un corte de caja sobre el primer tramo de la administración, donde el balance es notoriamente negativo, particularmente en la relación con México.

Polarización: la amarga luna de miel

Desde que tomó posesión del cargo el 20 de enero, el sello de la administración ha sido profundizar la polarización que se vivió desde la campaña. No ha habido llamados a la unidad y el gobierno ha enfrentado, de manera concentrada en los primeros días, una multiplicidad de manifestaciones de protesta y repudio, en diversas ciudades de Estados Unidos y del mundo. En México, las marchas anti-Trump (pero también contra Enrique Peña) se realizaron el 12 de febrero.

Como lo demuestra una encuesta de The Washington Post-ABC, un 53% de la población estadounidense desaprueba el arranque de la gestión Trump. Se trata del peor inicio de gobierno desde los años 50, cuando comenzaron a realizarse ese tipo de mediciones en Estados Unidos.

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En ese sentido, el gobierno de Trump evaporó muy pronto el clima de opinión favorable que suelen tener los gobiernos en su inicio, tras ganar la elección. Y para contrastar la animadversión que ha generado del gobierno Trump, baste con señalar el cálido recibimiento que tuvo Barack Obama tras su reaparición pública el lunes en la Universidad de Chicago.

Promesas incumplidas

Contrariamente a las vociferaciones de campaña, en las que afirmaba concentrarse en asuntos internos —el discurso de “America first”— y que el mundo tendría que hacerse más responsable, disminuyendo la tutela protagónica de Estados Unidos, Trump ha tenido un hiperactivismo militar.

En apenas un centenar de días, el gobierno de Trump lanzó una operación militar contra Al Qaeda en Yemen, reaccionó ante el uso de armas químicas de Bashar al-Assad sobre población civil en Siria, hizo explotar la llamada “madre de todas las bombas” en Afganistán, y profundizó la tensión con Corea del Norte, tras la visita del vicepresidente Mike Pence a la zona desmilitarizada de la frontera entre las dos Coreas y el envío de una flota naval.

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En este contexto, China, uno de los principales “villanos” en el discurso de campaña de Trump, de momento dejó de tener ese carácter para convertirse en un aliado estratégico en el Pacífico, dejando a México en un dudoso sitio de privilegio como receptáculo de sus fobias.

México, la piñata de Trump

Algo en lo que sí ha sido muy consistente Trump es en los ataques a México. Son innumerables las muestras de desprecio que su gobierno ha proferido contra nuestro país. En tiempos de paz, es difícil precisar un momento, como el actual, en que las relaciones entre ambos países hayan estado en una situación tan tensa.

Sin duda alguna, los cuatro peores episodios hasta ahora se refieren a la cancelación de la reunión entre ambos presidentes, a la insistencia por parte de Trump de construir el muro entre ambos países, a la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, y al endurecimiento de las políticas migratorias.

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A cinco días de iniciada la administración Trump, una delegación mexicana de alto nivel visitó Washington. El saldo de la infructuosa visita fue la cancelación de la reunión programada para el 31 de enero entre ambos presidentes. Pero ahí no quedó esa reyerta. Entre tuitazos y acciones ejecutivas, Trump ordenó la construcción del muro —en realidad, una ampliación— y la disminución del presupuesto a las denominadas ciudades santuario, que focalizadamente dan protección a comunidades de extranjeros (principal, aunque no exclusivamente, a mexicanos).

A pesar de su reiterada insistencia en estos últimos días, el verdadero muro con el que se ha topado Trump es el del Congreso de su país, que hasta ahora le ha negado sistemáticamente el presupuesto para su construcción.

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Por aquellos días, Trump lanzó la advertencia de que en 30 días México tendría que tratar a Estados Unidos “con respeto”. Considerando la dispersión en sus acciones, hasta ahora no se sabe si en su entender, se cumplió.

Para “aminorar tensiones”, entre el 22 y 23 de febrero los secretarios de Estado (Rex Tillerson) y de Seguridad Nacional (John Kelly) visitaron México. No se dieron importantes anuncios (no tocaron el tema del muro ni de la renegociación del TLC) y los que se realizaron sobre las “deportaciones ordenadas”, resultaron al final ambiguos y confusos.

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La tardía confirmación de Wilbur Ross como secretario de Comercio de Estados Unidos, apenas el 28 de febrero, ha retrasado las inminentes mesas para la renegociación del TLC. Las delegaciones de los tres países, incluyendo a Canadá, han manifestado que están en condiciones de enfrentar la nueva realidad comercial. La llamada telefónica del 26 de abril entre los presidentes de los dos países reafirma la intención de preparar a los equipos para la renegociación del acuerdo comercial regional.

A los anteriores frentes de conflicto, se deben sumar las distintas acciones en materia migratoria. Empezaron las detenciones de los llamados dreamers (Daniel Ramírez, el primero), de activistas y se comenzó a acentuar la separación de familias mediante deportaciones masivas. Eso aunado a los anuncios de endurecimiento del proceso para la obtención del visado.

En ese sentido, el anuncio también en 26 de abril de la apertura de VOICE (Victims of Immigration Crime Engagement), una oficina creada específicamente para denunciar acciones o crímenes cometidos por inmigrantes contra ciudadanos estadounidenses, es una clara muestra de la hostilidad de la administración Trump contra los inmigrantes en Estados Unidos, cuya notoria destinataria y principal afectada es la población mexicana que se encuentra en dicha condición. En una palabra, estigmatizar y criminalizar aún más a los inmigrantes.

Conclusión

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Van los 100 primeros días de una administración que parece ver solo por los intereses de su camarilla política (que, ciertamente, ha sufrido algunas bajas significativas, como las de Michael Flynn o Steve Bannon) y para reafirmar a su electorado cautivo, pero que ha sido nociva para el entorno internacional y particularmente para la relación bilateral con México.

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