OPINIÓN: ¿La comida rápida nos está matando?

Al igual que los comerciales de cigarrillos que los precedieron, los comerciales de comida influyen negativamente en el consumo de las personas en el mundo.
Para combatir los efectos de los comerciales de comida chatarra, los consumidores tienen que reconocer que están obsesionados con el exceso y reducir su ingesta de calorías.
Chatarra  Para combatir los efectos de los comerciales de comida chatarra, los consumidores tienen que reconocer que están obsesionados con el exceso y reducir su ingesta de calorías.  (Foto: Shutterstock)
Sujit Sharma

Nota del editor: Sujit Sharma es médico de emergencias pediátricas de Pediatric Emergency Medicine Associates LLC; vicepresidente del Departamento de Medicina de Emergencias del Centro de Salud Infantil de Scottish Rite, en Atlanta, y director ejecutivo de Taste Earth Acquisition LLC, una empresa emergente dedicada a la innovación en los alimentos. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autor.

(CNN) — La guerra contra el tabaco comenzó hace más de 50 años. Aunque a consecuencia de ella se implementaron varias prohibiciones a fumar en espacios públicos, no fue sino hasta la década de 1990 que empezó a reducirse el tabaquismo considerablemente.

¿Por qué tardamos tanto en aceptar lo que los científicos han sabido desde hace años? Porque para cambiar a la sociedad hay que cambiar la cultura… y ese es un proceso lento.

Las normas culturales se reflejan con mayor fidelidad en los comerciales que influyen directamente en lo que elegimos para consumir y cómo lo consumimos. A través de imágenes de estilos de vida y actitudes que la gente ambiciona (fotos de adultos jóvenes sosteniendo un cigarrillo mientras se divierten en la playa o "Joe Camel" usando una chamarra de cuero mientras monta una motocicleta), los publicistas de las tabacaleras convencieron eficazmente a los estadounidenses de comprar cigarrillos en masa.

Esos mismos métodos se han usado durante varias décadas para promover un estilo de vida de consumo de algo que parece más inocuo pero que puede poner en riesgo la vida: la comida. Los comerciales y las campañas publicitarias de comida han servido para convencer al estadounidense promedio de que está bien consumir alimentos de menor calidad con mayor frecuencia y en porciones más grandes. En otras palabras, nuestra cultura ha aceptado involuntariamente un esquema publicitario que promueve un estilo de vida que literalmente nos está matando.

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En promedio, los estadounidenses consumen más calorías que hace apenas 30 años sin que la necesidad biológica correspondiente haya aumentado. Entre 1971 y 1975, el adulto estadounidense promedio consumía casi exactamente 2,000 calorías al día. Treinta años más tarde, esa cifra aumentó a más de 2,200 calorías. Este incremento aparentemente pequeño, de poco más de 200 calorías, es el motor de los problemas de obesidad que tenemos actualmente.

Soy médico de emergencias pediátricas de tiempo completo, así que los efectos de la obesidad infantil son cada vez más obvios en mi ámbito de trabajo. Cada vez veo más y más niños, niños que apenas están aprendiendo a caminar, que están verdaderamente obesos y que podrían padecer enfermedades crónicas y tener una esperanza de vida menor.

Sin embargo, es muy difícil tratar a estos niños sabiendo que los anunciantes seguirán incitándolos a consumir calorías malas en grandes cantidades.

Como ocurrió con el tabaco, relacionar la publicidad de alimentos con la obesidad es complejo y los sectores que se benefician de nuestro apetito se defienden ferozmente. El argumento de los defensores de este sector es que la intención de los comerciales de comida es simplemente promover una marca y no influyen en el consumo en general.

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Sin embargo, en 2016, en dos de los metaanálisis más extensos que se han hecho hasta la fecha y que se publicó en el American Journal of Clinical Nutrition and Obesity Reviews, se reportó que los comerciales de comida sí influyen en la conducta alimentaria de las personas, particularmente de los niños, lo que provoca aumento de peso.

Analicemos los comerciales de comida en la práctica.

Un adulto promedio debería consumir alrededor de 2,000 calorías al día. Las calorías son el combustible para nuestras células, como la gasolina para tu auto. Las calorías provienen de tres fuentes: los carbohidratos, los lípidos (grasas) y la proteína. Necesitamos los tres como combustible, incluso las grasas y los carbohidratos. La ciencia médica ha establecido el límite a cada una de estas fuentes de calorías para ayudar a definir los parámetros de una dieta básica saludable.

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Sin embargo, la cadena de comida rápida Hardee's ofrece un paquete de cuatro dólares que consiste en una hamburguesa con queso, un sándwich de pollo frito, un refresco y papas fritas, que en total suma 1,420 calorías (61 gramos de grasa, 43 gramos de proteínas y 187 gramos de carbohidratos). Como contiene cerca de 3,000 mg de sodio, este alimento supera el límite recomendado de la Asociación Estadounidense para el Corazón, que es de 1,500 mg al día. Peor aún, tiene más de la mitad de las calorías que una persona debería consumir en un día.

¿Cuántos de nosotros nos estremecemos al ver un comercial que anuncia una oferta de cuatro dólares? Todos, adultos y niños por igual, estamos bajo un bombardeo constante de mensajes que influyen consciente e inconscientemente en nuestra toma de decisiones. Creemos que la gente del comercial se ve feliz, así que ¿por qué no seguir el ejemplo?

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Aquí entra el segundo ejemplo: en un comercial de Prilosec, un medicamento para la gastritis, se ve a "Larry, el que instala la televisión por cable" contento y con una camisa sin mangas. Encima de él se lee: "sufrir gastritis día tras día es tan innecesario como usar mangas".

Es probable que este comercial por sí solo no cause indignación, pero podemos ver a Larry en otro anuncio de mezcla con especias para capear pollo, con lo que promueve justo el alimento que le causa la gastritis. Vestido casi igual, Larry posa junto a un plato de nuggets de pollo y papas fritas y dice: "¡Tienes que probarlo!".

¡Solo en Estados Unidos vemos a un famoso promoviendo malos hábitos de alimentación y también respaldando el medicamento que trata las complicaciones resultantes!

Desafortunadamente no podemos esperar para abordar esta cuestión de publicidad de los alimentos.

Las proyecciones de los costos de los servicios médicos indican que serán insostenibles a menos que hagamos cambios drásticos ahora. En 2015 se gastaron aproximadamente 3,200 billones de dólares (el 17.8% del PIB de Estados Unidos) en servicios de salud y esa cifra ha aumentado constantemente. Cabe señalar que las enfermedades relacionadas con la obesidad ahora representan el 21% de estos costos.

Con base en las tendencias actuales, el estudio que el New England Journal of Medicine publicó en 2005 indicó que los niños de hoy podrían ser la primera generación que no viva más que sus padres. Esto se debe en gran medida a los problemas de salud relacionados con la obesidad.

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Entonces ¿cómo empezamos a resolver este problema? Como cualquier persona que sepa de adicciones podrá decirte, el primer paso para tratar el problema es reconocer que lo tienes. Por eso tenemos que reconocer que nuestra cultura está enamorada de los excesos.

Luego podemos aprender de la guerra contra el tabaco. Conforme se acumulaban las evidencias científicas, los legisladores empezaron a hacer cambios generales a las reglas para anunciar cigarrillos. De igual forma, las investigaciones sobre la obesidad deben influir en la fabricación y la comercialización de los alimentos.

Como consumidores tenemos que darnos cuenta de que los comerciales de comida de la actualidad promueven y fomentan actos irracionales. Las empresas que defienden estos comerciales lo hacen a costas de un estilo de vida sostenible. A través de las investigaciones de economía conductual podemos ser más innovadores en nuestro enfoque para convencer a los consumidores de que coman más sano. Introducir alimentos más saludables en las cafeterías, cambiar el nombre de los productos y usar a personas famosas para promover hábitos alimentarios saludables puede servir para llegar a un futuro en el que los alimentos promuevan el bienestar, no la enfermedad.

Dentro de unos años indudablemente miraremos atrás y creeremos que era ilógico (y posiblemente inmoral) que aprobáramos los comerciales de alimentos de hoy. Entre más pronto cambiemos las reglas del juego de la publicidad de alimentos y nos demos cuenta de que estamos fomentando malos hábitos alimentarios, más pronto podremos dejar huella.

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Comer en exceso es como fumar, pero no tiene que serlo.

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