OPINIÓN: Cómo derrotar al terrorismo islamista

Para muchos de los occidentales es difícil entender este grado de intensidad de convicción religiosa de los yihadistas, pero esa es la ideología a la que nos enfrentamos.
Acuerdo  Llevar a los líderes políticos y religiosos de los 52 países mayoritariamente musulmanes a acordar una declaración conjunta en La Meca, tendrá como un consenso obligatorio para los musulmanes.  (Foto: AFP)
Ed Husain

Nota del editor: Ed Husain es analista y escritor especialista en el islam, Occidente y el Medio Oriente moderno. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autor.

(CNN) — Los líderes del mundo se reunieron a finales de mayo en Riad, Arabia Saudita, para buscar la paz y condenar el radicalismo religioso. Al mismo tiempo, un atacante suicida se preparaba para matar personas inocentes que solo querían divertirse en un concierto en Manchester, Inglaterra.

A menos que identifiquemos las motivaciones de la gente que quiere matarnos por ser libres, no podremos combatir el azote del terrorismo mundial.

No somos testigos de accidentes ni de coincidencias. El asesino, que cobró la vida de 22 personas inocentes, eligió su blanco por una razón: porque odiaba su libertad de reír, de amar, de bailar y de disfrutar la música.

El asesino, Salman Abedi, era un musulmán puritano o salafista y creía que todos eran no creyentes y pecadores a los que había que matar. Como era yihadista, actuó, en vez de simplemente odiar (como lo haría la mayoría de los salafistas).

Para muchos de los occidentales es difícil entender este grado de intensidad de convicción religiosa, pero esa es la ideología a la que nos enfrentamos.

Yo soy musulmán practicante y he estado viendo cómo en nuestras comunidades surge este salafismo que lleva al yihadismo en todo el mundo.

Su yihad no está dirigida en contra de los conciertos y los centros nocturnos. Su yihad tiene como objetivo respaldar a un califato que se enfrente a Occidente y a Israel. ISIS es el resultado de ese anhelo salafista e islamista por un califato o Estado islámico.

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En su búsqueda, compiten con Irán. Si los musulmanes chiitas iraníes pueden tener un gobierno basado en su interpretación de la ley islámica como ley estatal, imponer el uso de burkas a las mujeres y castigar a los adúlteros, entonces ¿en dónde está el Estado islámico sunita?

Con esa intención, varios grupos salafistas e islamistas luchan por imponer su interpretación de la religión en las sociedades tomando gobiernos. Peor aún, creen que si no se rebelan para tomar el control de países e instituciones en nombre de Dios, serán profundamente pecadores y arderán en el infierno. Acosan y engatusan a musulmanes ordinarios en todo el mundo con este cuento: apóyenos en nuestra búsqueda de un califato, opónganse a los gobiernos musulmanes y a Occidente; si no lo hacen, son pecadores; si se nos oponen, son apóstatas y los mataremos.

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Esta es la guerra profundamente política, ideológica y teológica en la que todos estamos enzarzados. La buena noticia es que la gran mayoría de los musulmanes del mundo no es yihadista salafista. La gran mayoría de las víctimas de ISIS, de Boko Haram, de Hezbolá y de al Qaeda es musulmana. Deja de haber atentados terroristas cuando los musulmanes normales alertan a las autoridades. En Manchester, fueron los médicos y los taxistas musulmanes los que se apresuraron a ayudar a las víctimas.

En 1979, cuando el gobierno revolucionario iraní creó su teocracia, el terrorismo islamista era un problema en Egipto e Irán. Hoy, más de 40 países de todo el mundo luchan contra el radicalismo y el terrorismo islamista.

Cuando ocurrió el ataque del 11-S, al Qaeda era un ejército variopinto de unos cientos de soldados. Hoy, se estima que hay más de 30,000 yihadistas en Iraq y Siria. También están Hamas, Hezbolá y muchos grupos más.

Pero podemos ganar y ganaremos.

Cuando Donald Trump, presidente de Estados Unidos, pidió a los musulmanes en Riad que "expulsaran a los extremistas", no dijo cómo. Inmediatamente después de su discurso, habló el rey Abdalá II de Jordania. Elocuente y directo, tuvo razón al decir que los grupos como ISIS no solo están en los límites del islam, sino que son khawarij y están fuera del islam. Les recordó a los musulmanes del mundo que cuando un culto del islam temprano empezó a matar en masa en nombre de Dios, los musulmanes los expulsaron del islam. El imán Alí, el cuarto califa, luchó contra ellos y los mató. Esperemos que el recordatorio del rey Abdalá II incite a los saudíes y al islam de todo el mundo a aislar y erradicar la amenaza terrorista.

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Los khawarij, al igual que ISIS en la actualidad, afirmaban que estaban cuidando la observancia de las leyes de Dios. Alí encabezó la formación de un consenso en contra de ellos antes de enfrentarlos en batalla. A partir de la cumbre de Riad, bajo el liderazgo del príncipe heredero suplente a la corona saudí, Mohamed bin Salmán, quien está comprometido al combate del pensamiento extremista, los gobiernos musulmanes deberían encabezar la creación de un nuevo consenso musulmán mundial.

Llevar a los líderes políticos y religiosos de los 52 países mayoritariamente musulmanes a acordar una Declaración de La Meca tendrá como consecuencia la creación de un ijma, un consenso obligatorio para los musulmanes. El Mensaje de Amán de 2004 es buen precedente.

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Para sofocar y poner fin al terrorismo islamista, propongo tres ideas en las que los líderes políticos y religiosos deberían concentrarse:

Primero: los musulmanes pueden practicar el islam sin una teocracia, un califato o un Estado islámico. La máxima autoridad contemporánea del islam sunita, el jeque Abdalá bin Bayyah, ha subrayado este hecho con pruebas basadas en las escrituras. Por lo tanto, no es una obligación religiosa buscar un califato ni es pecado vivir como musulmán sin un califa.

Segundo: Occidente no está en guerra con el islam y el islam no está en guerra con Occidente. La libertad de cultos en Occidente, de la que disfrutan 30 millones de musulmanes, ilustra que el islam y Occidente son totalmente compatibles. Es en la China comunista en donde los musulmanes no pueden ayunar, dejarse la barba, ponerle Mohamed a sus hijos o reunirse para estudiar el islam. Occidente es un territorio de libertad para los musulmanes.

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Tercero: los cristianos, los judíos, los no creyentes, los ateos y otros pueden creer y practicar lo que quieran en todo el mundo. El Corán confirma que no hay una religión obligatoria. Está prohibido matar en el nombre de Dios y la yihad. Quienes asesinan en nombre de la religión no son mártires que irán al cielo, sino asesinos que terminarán en el infierno.

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