Los pobres no son los que más consumen comida rápida

Estudios arrojan que hay menos probabilidades de que los pobres consuman comida rápida, en comparación con los miembros de la clase media.
En la práctica, la comida rápida no es muy barata en términos monetarios absolutos.
'Fast food'  En la práctica, la comida rápida no es muy barata en términos monetarios absolutos.  (Foto: iStock)
Jay L. Zagorsky y Patricia Smith, The Conversation
(CNN) -

Se suele creer que la comida rápida perjudica nuestra salud.

Como señalan los expertos en nutrición, no es el alimento más saludable, ya que suele ser rico en grasa y sal. En general se cree que es uno de los factores clave de la creciente epidemia de obesidad en Estados Unidos y en todo el mundo. Como se considera que es relativamente barata, se asume que los pobres consumen más comida rápida que otros grupos socioeconómicos… lo que ha convencido a algunos gobiernos locales de tratar de limitar su disponibilidad.

OPINIÓN: ¿La comida rápida nos está matando?

Mark Bittman, periodista especializado en alimentos, resume este sentir: "El 'hecho' de que la comida rápida es más barata que la comida normal se ha vuelto parte reflexiva de la explicación sobre la cantidad de estadounidenses que tienen sobrepeso, particularmente en los sectores de ingresos más bajos".

En una investigación que publicamos recientemente, examinamos esta suposición y analizamos quién consume comida rápida a través de una muestra aleatoria de estadounidenses. Lo que descubrimos nos sorprendió: de hecho, era menos probable que los pobres consumieran comida rápida (y lo hacen con menos frecuencia) que la gente de clase media; además, la probabilidad de que la consuman más que los ricos es ligeramente mayor.

En otras palabras, el placer culpable de disfrutar una hamburguesa de McDonald's, unos nuggets de pollo de Kentucky Fried Chicken o un burrito de Taco Bell es común a toda la gama de ingresos, ya sean ricos o pobres, aunque la gran mayoría de los miembros de todos los grupos reportan que se han dado el gusto al menos una vez a lo largo de periodos de tres semanas no consecutivas.

Una dieta de Coca Cola y galletas Oreo

En retrospectiva, el que casi todo el mundo consuma comida rápida no debería sorprendernos tanto.

Hay gente rica y conocida (incluido el presidente de Estados Unidos, Donald Trump), famosa por su amor por la comida rápida. Trump hizo un comercial para McDonald's en 2002, en el que alababa las virtudes de sus hamburguesas. Warren Buffett, uno de los hombres más ricos del mundo, dijo que "come como un niño de seis años", lo que significa que consume muchas galletas Oreo y Coca Colas todos los días (y también invierte como si tuviera seis años).

Lo que descubrimos en nuestras investigaciones es que a todos nos gusta la comida rápida. Analizamos una muestra representativa de los miembros más jóvenes de la generación del baby boom (estadounidenses nacidos entre 1957 y 1964), pertenecientes a todos los estratos. Los hemos entrevistado regularmente desde 1979. Los encuestados hablaron de su consumo de comida rápida en 2008, 2010 y 2012, cuando tenían entre cuarenta y tantos y cincuenta y tantos años. Específicamente, los entrevistadores les hicieron la siguiente pregunta: "En los pasados siete días, ¿cuántas veces comió en un restaurante de comida rápida, tal como McDonald's, Kentucky Fried Chicken, Pizza Hut o Taco Bell?".

En general, el 79% de los encuestados dijo que habían consumido comida rápida al menos una vez en esas tres semanas. Al analizarlo por decil de ingresos (grupos determinados por incrementos del 10% en el ingreso familiar) no se notaron diferencias considerables. En el decil de ingresos más altos, alrededor del 75% de los encuestados contestaron que habían consumido comida rápida al menos una vez en el periodo, en comparación con el 81% del decil más pobre. Los encuestados del decil intermedio eran los más aficionados a la comida rápida (alrededor del 85%). Los datos también mostraron que es más probable que la gente perteneciente al decil intermedio consuma comida rápida con mayor frecuencia: poco más de cuatro comidas a lo largo de tres semanas, en promedio, en comparación con las tres del decil más rico y las 3.7 del decil más pobre.

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Como los datos se recabaron a lo largo de cuatro años, también pudimos examinar si los cambios radicales en la riqueza o el ingreso alteraron los hábitos alimentarios de los individuos. Los datos indicaron que el ser más rico o más pobre no tuvo gran efecto en la frecuencia con la que la gente consume comida rápida.

La regulación de la comida rápida

Estos resultados indican que centrarse en evitar que los pobres tengan acceso a la comida rápida podría ser un enfoque erróneo. Por ejemplo: en 2008, el ayuntamiento de Los Ángeles, California, prohibió la instalación de restaurantes no fijos de comida rápida en los barrios pobres del sur de la ciudad. La justificación fue que "los negocios de comida rápida en áreas de bajos ingresos, particularmente a lo largo de los corredores comerciales del sureste de Los Ángeles, intensifican los problemas socioeconómicos en los barrios y generan graves problemas de salud pública".

Las investigaciones indican que esta prohibición no funcionó porque comparadas con otros barrios en los que no había restricciones a la comida rápida, las tasas de obesidad aumentaron después de la entrada en vigor de la prohibición. Aparentemente esto frustra otros intentos por resolver problemas de obesidad a través de la regulación de la ubicación de los restaurantes de comida rápida.

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No es tan barata

Otro de los problemas del estereotipo de los pobres y la comida rápida es que en general no es tan barata en términos monetarios absolutos.

El costo típico de una comida en un restaurante de comida rápida (que el Censo de Estados Unidos llama de "servicio limitado") es de más de ocho dólares (alrededor 160 pesos), con base en el promedio de todos los restaurantes de este tipo. La comida rápida es barata solo si se compara con un restaurante de servicio completo, en el que el costo promedio ronda los 15 dólares (unos 280 pesos).

Es más, ocho dólares es mucho para una familia que vive bajo el umbral de pobreza en Estados Unidos, que es de poco más de 16,000 dólares al año (unos 300,000 pesos) o de 44 dólares al día (alrededor de 820 pesos). Es dudoso que una familia pobre con dos miembros pueda dedicar regularmente más de un tercio de su ingreso diario a consumir comida rápida.

El atractivo de la comida rápida

Si los políticos de verdad quieren mejorar la salud de los pobres, limitar los restaurantes de comida rápida en los barrios de bajos ingresos probablemente no sea la vía adecuada.

¿Cuáles son las alternativas?

Descubrimos que las personas que dijeron que revisan los ingredientes antes de probar alimentos nuevos consumían menos comida rápida. Esto indica que ayudar a los estadounidenses a que conozcan los ingredientes de sus alimentos puede servir para disuadir a los consumidores de recurrir a la comida rápida y para que opten por alimentos más saludables.

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Otro de los hallazgos es que trabajar más horas eleva el consumo de comida rápida, sin importar el nivel de ingreso. La gente la consume porque es rápido y cómodo. Esto indica que la implementación de políticas que ayudan a que sea más fácil tener acceso a alimentos más nutritivos podría servir para reducir el atractivo de la comida rápida. Reducir los trámites para autorizar camiones de comida que ofrezcan alimentos que contengan frutas y verduras, por ejemplo, podría servir para promover hábitos de consumo más saludables y convenientes.

Nuestro objetivo no es ser defensores de la comida rápida. No dudamos que llevar una dieta abundante en comida rápida sea poco saludable. Simplemente dudamos, con base en nuestros datos, que los pobres consuman más comida rápida que todos los demás.

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Jay L. Zagorsky es economista e investigador de la Universidad Estatal de Ohio, Estados Unidos. Patricia Smith es profesora de Economía en la Universidad de Michigan, Estados Unidos.

Derechos reservados 2017, The Conversation.

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