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No necesitas estudiar una segunda carrera para conseguir un mejor empleo

El 80% de los empleos serán reemplazados por carreras STEM en 2030, según la OCDE. Pero hoy, los jóvenes ya no necesitan estudiar una ingeniería de cuatro años para adquirir habilidades tecnológicas.
mié 24 agosto 2022 12:45 PM
(Estudiante frente a varias computadoras)
Las plataformas de educación en línea tuvieron un gran auge durante la pandemia y continúan creciendo.

Hasta hace dos años María José Reyes no sabía nada de tecnología. Cómo hacerlo si la joven de 33 años estudió antropología y después obtuvo un empleo como maestra. Pero sus intereses cambiaron cuando uno de sus colegas emprendió un negocio tecnológico aplicado a la educación.

Ella se encargaba de las ventas y sin planearlo aprendió lenguaje HTML y CSS. “No sabía cuánto se podía ganar en esta área, pero comenzó a llamarme la atención. Tampoco es que haya estudiado antropología porque no me gustaran las matemáticas”, expresa.

Un día, en su pantalla apareció una publicación de Microverse, una edtech que ofrece un programa educativo de programación en el que se aprende a través del desarrollo de proyectos, simulando dinámicas de trabajo remoto del mundo laboral. Lo que la atrajo es que el programa se empieza a pagar cuando el egresado encuentra empleo.

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A Reyes le tomó un año concluir el curso, en parte porque su fuerte estaba en las habilidades blandas. En cada módulo tenía que presentar un proyecto, trabajos que al final le sirvieron para armar un portafolio llamativo para las empresas foráneas.

“Tenía cero experiencia y venía de otra carrera. El mismo coach que nos asignan para aprender a buscar y encontrar trabajo me dijo que tendría que mandar muchas solicitudes de empleo porque sería difícil la primera vez. De ahí sería más sencillo”, cuenta.

Pese a ello, Reyes halló trabajo desde que egresó, hace dos años. Es freelance y trabaja cinco horas al día para una firma estadounidense de e-commerce. El pago varía según el proyecto elegido de un pool de ofertas que la empresa pone a disposición de los programadores: rediseño de una página web, creación de aplicaciones, botones, mejora de experiencia de usuario.

Sin embargo, su salario oscila de los 1,000 a los 6,000 dólares, según los proyectos que ella elija. Y del monto que percibe al mes, acordó dar el 20% a la edtech como pago por el programa educativo. “Hoy sé que hay mucho trabajo en esta área y que puedo ganar mucho más de lo que obtenía como maestra”.

Ariel Camus, fundador y CEO de Microverse, detalla que se basó en el modelo de financiamiento que utilizan las universidades en Estados Unidos, donde comienzas a pagar por tus estudios hasta que consigues un empleo en tecnología con un salario de al menos 1,000 dólares mensuales.

“Cuando eso sucede, pagas a Microverse el 15% de los primeros 100,000 dólares de tus ingresos. En promedio, nuestros estudiantes tardan de tres a cuatro años para completar el pago de su matrícula”, señala.

Diego Hernández también egresó de esta escuela tecnológica que fue fundada en 2017 en San Francisco. Los encontró en Instagram, tras haberse quedado sin empleo. Su contrato no fue renovado cuando llegó la pandemia, él era ingeniero industrial en General Motors.

“Se complicó mucho la búsqueda de trabajo. Apliqué a varias empresas, pero no estaban contratando personal en plena pandemia. Así que me pareció atractivo estudiar el bootcamp que ofrecían en Microverse, sobre todo por la modalidad de pago”.

A diferencia de Reyes, al joven de 26 años le llevó 10 meses concluir el programa. “Aprender algoritmos y programar puede ser más suave para alguien que ya trae una ingeniería, aunque al principio esta disciplina no es tan cercana a la programación, sino hasta que ves análisis de procesos”, describe.

Sin embargo, Hernández encontró empleo tres meses después de concluir el bootcamp (programa intensivo de desarrollo de software). Es desarrollador de software en la empresa EPAM Systems y ahora gana el triple de lo que ganaba en la industria automotriz.

 

El auge de los programas formativos y la educación STEM en México

Las plataformas de educación en línea tuvieron un gran auge durante la pandemia y continúan creciendo. De acuerdo con las firmas de análisis Pitchbook y Crunchbase, en 2020 y solo en Estados Unidos, la industria de la tecnología educativa recaudó 2,200 millones de dólares (mdd), mientras que para el siguiente año la cifra se elevó hasta los 8,200 mdd.

A este universo de plataformas formativas pertenece Microverse, que recientemente duplicó su valuación con una extensión a su serie Serie A, elevándola a 16.5 millones de dólares y que provino de los inversionistas Northzone, General Catalyst, All Iron Ventures, business angels y True Equity.

Su promesa es que 85% de los egresados aseguran un trabajo internacional en los últimos tres meses del programa, con un salario promedio de 1,750 dólares. Para ingresar al bootcamp, señala Camus, es necesario sostener conversaciones en inglés y contar con conocimientos básicos de HTML, CSS y JavaScript, aunque si no es el caso, Microverse ofrece un programa de entrenamiento abierto y gratuito de programación para lograr el nivel requerido.

En México también hay otras plataformas que funcionan bajo este modelo de negocio. Una de ellas es Henry, una escuela online de programación que fue fundada por Luz Borchardt y Martín Borchardt y se basa en un esquema de financiamiento y de networking, que facilita a las personas el acceso a la educación tecnológica, pero también les da la posibilidad de conseguir un empleo.

Lo que ofrece es el programa Desarrollo Web Full Stack, un curso que en cuatro meses forma a talentos en programación y metodologías ágiles. No tiene un costo inicial, pues la idea es que las personas primero encuentren empleo y luego comiencen a pagar 15% de su salario, hasta concluir el costo total del programa que es de 80,000 pesos.

Para ello, los cofundadores también crearon una red de más de 300 empresas en México, Colombia, Argentina, Estados Unidos y Europa, que están interesadas en atraer perfiles con habilidades tecnológicas y en ser mucho más inclusivas y diversas en la conformación de sus equipos de trabajo. Algunas de estas empresas, según sus fundadores, pertenecen al sector financiero, farmacéutico y petrolero.

Inroads es otro ejemplo. La organización, que se fundó en 1970 en Estados Unidos, ha apoyado a más de 50,000 jóvenes provenientes de diferentes orígenes étnicos y de un estrato socio económico limitado a vincularse con el mundo profesional.

“Muchas veces la falta de empleo se debe a que no existen las mismas oportunidades para todos. Es muy importante que los jóvenes puedan tener acceso a otro tipo de formación que les permita estar mucho más actualizados y que eso les brinde mejores oportunidades laborales, ya que el sector del trabajo se encuentra en un constante cambio y adaptación”, dice Beatriz Coll, directora general de Inroads México.

A su parecer, los programas formativos hacen que los jóvenes tengan acceso y abran los ojos para saber qué es lo que el mundo laboral está demandando y comenzar su camino profesional de manera exitosa.

Coll asegura que el 80% de los jóvenes que concluyen los programas formativos de la organización son contratados para ocupar una posición dentro de sus empresas aliadas, mientras que el 62% de los egresados ocupan posiciones de liderazgo dentro de sus empresas y/o han formado sus propios negocios.

 

La demanda de habilidades técnicas

El 80% de los empleos serán reemplazados por carreras STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) en 2030, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). No obstante, escasea el talento tecnológico que demandan las empresas.

Mercedes de la Maza, directora de Generation México, una plataforma que ofrece cursos gratuitos de programación Java a jóvenes entre 18 y 29 años, ha visto que los miedos a cambiar de carrera o apostar por un programa formativo son varios: decirle a la familia que no están convencidos con su carrera, no encontrar un trabajo bien pagado, empezar de cero.

“Muchos de los jóvenes tienen muy arraigadas creencias que son inculcadas desde la infancia en torno a las carreras tecnológicas, como que para programar necesitas ser un genio, que las matemáticas son muy difíciles y si son mujeres, todavía está la creencia de que la programación es algo que solamente los hombres hacen”, menciona.

En Generation México, explica, buscan que los jóvenes adquieran las habilidades técnicas y blandas necesarias. Al igual que las plataformas anteriores, dan mentoría y ayudan a los jóvenes a buscar entrevistas con socios empleadores para fomentar la inserción laboral. La promesa es que los egresados hallen empleo en menos de 180 días y que incrementen sus ingresos entre dos y cinco veces.

Sobre qué tan efectivos son los cursos o programas educativos cortos de programación versus una ingeniería de mayor duración, Maza considera que las dos opciones son muy efectivas; sin embargo, no todas las personas tienen el tiempo o los recursos para poder cursar una licenciatura o ingeniería, además de que los cursos se pueden adecuar ágilmente a las necesidades del mercado laboral y las carreras universitarias ya tienen planes de estudio estipulados.

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