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Del aula al ranking global, el Tec de Monterrey escala en ligas internacionales

El Tecnológico de Monterrey se abre paso en un terreno donde pocas universidades mexicanas logran sostener presencia internacional.
lun 30 marzo 2026 12:43 PM
Del aula al ranking global, el Tec de Monterrey escala en las ligas internacionales
El Tecnológico de Monterrey logró posicionar 28 disciplinas en rankings globales, con presencia en el Top 50 en áreas como negocios e ingeniería. (iStock)

La conversación sobre universidades en México gira en torno a cobertura, matrícula o empleabilidad. Sin embargo, cuando el foco cambia a la competencia global ya no basta con formar talento; hay que producir conocimiento, conectar con redes internacionales y sostener una reputación que no se construye en ciclos cortos.

De las universidades públicas en México, la UNAM deja ver bien esa distancia. En el QS World University Rankings 2026 aparece en el lugar 136 del mundo, relativamente cerca del grupo de élite, mientras que en el ranking de Times Higher Education se mueve entre las posiciones 801 y 1000.

El lugar que ocupa la UNAM no es solo un cambio de lista, ahí se alcanza a percibir cómo su reputación la mantiene visible, pero cuando entran otros factores como la investigación o la presencia internacional empieza a notarse la distancia frente a universidades privadas que juegan en otra liga

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El Tecnológico de Monterrey empieza a moverse con más consistencia en ese terreno. En la edición más reciente del QS World University Rankings colocó 28 disciplinas entre las mejores del mundo, con 11 dentro del Top 100 y tres en el Top 50, mientras que Mercadotecnia alcanzó el lugar 17 y Administración y Negocios el 22, al tiempo que áreas como Ciencias Sociales y Administración ya se ubican en el sitio 28 global e Ingeniería y Tecnología en el 48.

El avance de esta casa de estudios ocurre dentro de un sistema donde pocas universidades mexicanas logran mantenerse en el radar internacional, de modo que pesa una estructura que no crece al mismo ritmo que otras regiones.

“Cuando se comparan universidades de todo el mundo, todos están tratando de mejorar al mismo tiempo. Muchas instituciones avanzan con inversiones muy fuertes, como las universidades de China o de Medio Oriente, por lo que el comparativo siempre se mueve”, explica Javier Guzmán, vicepresidente de investigación del Tecnológico de Monterrey.

Ahí aparece una de las primeras brechas, porque México no está necesariamente detenido, pero sí avanza a otra velocidad. El contraste se observa en volumen, ya que más de 6,000 instituciones buscan posicionar sus disciplinas en estos listados y menos de 2,000 lo consiguen, por lo que estar dentro ya implica un filtro alto, aunque escalar posiciones exige algo más complejo que buenos programas académicos.

El punto crítico está en la investigación, no solo en cuánto se produce sino en qué tanto se usa, esto es, las citaciones, que reflejan si otros académicos retoman ese trabajo, siguen siendo un indicador donde los países líderes mantienen ventaja, por ello no es casual que China o economías del Medio Oriente hayan escalado en los rankings en pocos años, ya que existe una apuesta directa por ciencia, innovación y transferencia de conocimiento.

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En México, el sistema todavía enfrenta una fragmentación, pues las universidades avanzan, pero no siempre bajo una estrategia común, además el vínculo entre academia, industria y gobierno se mantiene irregular, y sin ese engranaje el impacto de la investigación se queda contenido.

Asimismo pesa la alineación con el mercado, y en este punto algunas instituciones han logrado diferenciarse. “Una de las variables importantes es la reputación entre empleadores. La ranqueadora consulta a empresas de todo el mundo sobre de dónde provienen los egresados mejor preparados, y esa percepción también influye en la posición de las universidades”, añade Neil Hernández, director de Rankings del Tec.

Pese a esto, el reconocimiento no se distribuye, se concentra en pocas universidades que logran sostener inversión, redes globales y producción científica durante años, por lo que no es un fenómeno exclusivo de México, aunque aquí se amplifica por la desigualdad en recursos y capacidades entre instituciones.

La pregunta entonces cambia, porque ya no es por qué una universidad logra entrar al Top 50, sino por qué el sistema completo no logra acompañarla, y la respuesta apunta a decisiones de largo plazo, como financiamiento continuo, políticas públicas enfocadas en ciencia, incentivos a la investigación aplicada y una integración real con la industria.

Desde adentro, el propio sector académico lo reconoce. “Se necesita una visión compartida entre gobierno, empresas y universidades para construir un ecosistema que impulse innovación y conocimiento”, señala Hernández.

Los expertos del Tecnológico de Monterrey consideran que sin cambios estructurales estos casos seguirán siendo excepciones y no la regla, porque el reto no es entrar al ranking, es lograr que más universidades mexicanas jueguen en esa liga y no como invitadas ocasionales, sino como competidoras constantes.

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