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Súper Niño amenaza productividad laboral con calor severo, inundaciones urbanas y traslados más desgastantes diarios

Las olas de calor y lluvias asociadas al Súper Niño comienzan a transformar dinámicas laborales. Compañías implementan pausas, hidratación y home office para reducir desgaste y riesgos entre trabajadores.
El calor reduce hasta 50% de la productividad de los trabajadores, incluso dentro de oficinas
Home office, horarios escalonados, ventilación adecuada y acceso constante a agua son algunas de las medidas que especialistas recomiendan para reducir el impacto del calor en el trabajo. (iStock)

A las siete de la mañana, mientras gran parte de la ciudad apenas empieza a moverse, algunos reclutadores de Manpower ya están en campo. Recorren puntos de reunión para trasladar candidatos operativos hacia plantas y centros de trabajo antes de que el calor convierta el trayecto y la jornada en una carga todavía más pesada.

Lo que hasta hace algunos años parecía un ajuste aislado durante temporadas particularmente cálidas comienza a convertirse en una medida recurrente dentro de las empresas. El llamado “Súper Niño” 2026 amenaza con elevar las temperaturas a niveles históricos y alterar de forma severa las dinámicas laborales dentro y fuera de las oficinas.

El fenómeno climático advierte sobre un calentamiento anómalo sin precedentes en el océano Pacífico central. El término se utiliza cuando la temperatura superficial del mar supera los 2 grados Celsius por encima del promedio histórico en esa región, alterando drásticamente los patrones climáticos globales.

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Los especialistas prevén que las condiciones podrían convertirse en unas de las más fuertes registradas, provocando desde sequías extremas hasta lluvias torrenciales e inundaciones, dependiendo de la región. En México, además, el fenómeno impacta directamente en la formación de ciclones tropicales y puede extender las temporadas de sequía e incendios forestales.

Pero los efectos del clima extremo ya comenzaron a sentirse también en los centros de trabajo. Las altas temperaturas, las lluvias intensas y los trayectos cada vez más desgastantes están obligando a las empresas a modificar horarios, esquemas laborales y medidas de protección para evitar caídas en productividad y problemas de salud entre los trabajadores.

El clima extremo modifica horarios y operaciones

Jorge Morán, gerente de desarrollo de negocios de Manpower, explica que los cambios del clima ya no representan únicamente una incomodidad estacional, sino un riesgo laboral porque impactan directamente en el rendimiento y en la salud física y emocional de los colaboradores.

“Algunos trabajadores de campo comienzan actividades más temprano y concluyen recorridos cerca del mediodía para evitar las horas más agresivas del sol”, detalla.

Aunque Monterrey se convirtió en uno de los casos más visibles por las temperaturas extremas, la compañía asegura que el ajuste de horarios ya comenzó a replicarse en distintas zonas del país conforme las olas de calor se volvieron más frecuentes.

La empresa también reforzó sistemas de aire acondicionado, habilitó espacios de hidratación y modificó dinámicas de traslado para trabajadores operativos. “Lo que aseguramos es que tengan ventilación y un refrescamiento del cuerpo”, dice Morán sobre las camionetas utilizadas para mover candidatos y personal en campo.

En las oficinas tampoco es la excepción. El especialista asegura que, aunque muchas organizaciones todavía consideran el calor como un problema secundario, las olas extremas ya comenzaron a alterar la manera en que se organizan las jornadas laborales.

Como consecuencia, algunos clientes implementaron esquemas híbridos, horarios escalonados y ajustes de entrada y salida para reducir la exposición térmica de sus empleados. Morán calcula que ocho de cada 10 empresas con las que trabajan sí cuentan con condiciones adecuadas para evitar afectaciones mayores en el rendimiento laboral.

Sin embargo, el resto enfrenta mayores dificultades debido a la naturaleza de sus operaciones industriales. En sectores como cerámica, fundición o manufactura pesada, la exposición térmica forma parte del propio proceso productivo y el desgaste físico se intensifica durante las olas de calor.

Ahí, las empresas comenzaron a implementar pausas, rotaciones y espacios de enfriamiento para reducir el agotamiento entre los trabajadores. “La gente entra un tiempo, ya después de que experimentó se sale”, señala Morán sobre industrias donde la rotación también está relacionada con las condiciones extremas de calor.

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Pero el desgaste no comienza únicamente dentro de las plantas o las oficinas. Para miles de personas, el impacto arranca desde los trayectos diarios en transporte público, especialmente en sistemas saturados donde las altas temperaturas y las aglomeraciones generan condiciones cada vez más pesadas.

Morán menciona el Metro, donde el calor y la concentración de personas provocan una sensación “muy bochornosa y muy extenuante” incluso antes de llegar al lugar de trabajo.

A ello se suman las lluvias torrenciales, otro de los efectos esperados del “Súper Niño”. En distintas ciudades, las precipitaciones intensas ya provocan retrasos, inundaciones y tiempos de traslado más largos, afectando tanto la puntualidad como el desgaste físico y emocional de los trabajadores.

El calor afecta concentración, memoria y toma de decisiones

Para algunas compañías, el problema ya no pasa solo por mantener la productividad durante una ola de calor, sino por entender cuánto tiempo puede sostenerse un ritmo laboral donde el cuerpo enfrenta desgaste desde el trayecto y durante toda la jornada.

Javier Díaz, CEO de Medipraxi, advierte que el calor impacta directamente en la capacidad física y cognitiva de los trabajadores. “El cuerpo deja de trabajar para producir y empieza a trabajar para sobrevivir”, explica.

Datos compartidos por Medipraxi, con base en investigaciones del Departamento de Nutrición, Ejercicio y Deportes de la Universidad de Copenhague, muestran que una deshidratación de apenas 1% o 2% puede disminuir la productividad entre 12% y 20%. Cuando la pérdida de líquidos alcanza niveles de 3% o 4%, el rendimiento laboral puede caer hasta 50%.

La afectación cambia dependiendo del tipo de trabajo. En oficinas aparecen más errores, irritabilidad y menor velocidad para resolver tareas. Mientras tanto, en labores operativas o de campo, el riesgo escala hacia accidentes, agotamiento físico o golpes de calor. “El trabajador sigue presente físicamente, pero ya no está funcionando al mismo nivel”, dice Díaz.

Además, factores como humedad, ventilación, ropa de trabajo, exposición prolongada o enfermedades previas aumentan el nivel de riesgo. “Una persona con hipertensión, diabetes, obesidad o problemas renales tiene una mayor vulnerabilidad frente al calor”, explica el especialista.

La Organización Mundial de la Salud y la Occupational Safety and Health Administration de Estados Unidos ya han advertido que el estrés térmico también deteriora habilidades finas, como escribir, manejar herramientas o mantener precisión en tareas repetitivas. En industrias donde cualquier error puede afectar la seguridad o la operación, el impacto económico empieza a sentirse rápidamente.

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Agua, home office y pausas, las medidas recomendadas para evitar el calor

Frente al aumento de temperaturas extremas, Manpower recomienda que las empresas adapten sus dinámicas laborales para reducir afectaciones físicas y caídas en productividad. Entre las medidas más urgentes aparecen los esquemas híbridos, horarios flexibles y home office para disminuir tiempos de traslado y exposición prolongada al calor.

Jorge Morán, gerente de desarrollo de negocios de la firma, asegura que otra parte importante pasa por revisar las condiciones físicas de los espacios laborales. Algunas empresas ya colocan estaciones de agua y generan pausas obligatorias para evitar golpes de calor o agotamiento físico.

La presión por garantizar condiciones mínimas de hidratación también llegó al terreno legislativo. Estefanía Rueda, abogada laboral del despacho Littler, refiere que actualmente existe una iniciativa para reformar la Ley Federal del Trabajo y obligar a las empresas a proporcionar agua potable suficiente a sus empleados durante la jornada laboral, especialmente en contextos de calor extremo.

Para la especialista, el acceso al agua, ventilación y espacios adecuados de recuperación ya no debería verse como una medida opcional o de buena voluntad. “Las empresas tienen la obligación de proteger la salud y seguridad de los trabajadores”, señala. “Y eso incluye generar condiciones adecuadas frente a temperaturas extremas”.

Rueda advierte que ignorar estas condiciones puede elevar riesgos de accidentes, incapacidades y conflictos laborales, particularmente en industrias donde los empleados permanecen largas horas expuestos al calor. Además, considera que las empresas tendrán que empezar a incorporar protocolos climáticos dentro de sus políticas internas conforme las olas de calor se vuelvan más frecuentes.

Para algunas compañías, las medidas todavía funcionan como ajustes temporales frente a una temporada complicada. Sin embargo, el aumento sostenido de temperaturas ya empieza a obligar a las empresas a replantear cómo cuidan productividad sin deteriorar la salud de sus trabajadores.

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