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La IA ya diseña edificios, pero estas habilidades salvarán al arquitecto del reemplazo

La IA genera imágenes y acelera procesos, pero el arquitecto conservará su valor si sabe elegir ideas viables, coordinar equipos y crear espacios donde las personas quieran estar.
La IA ya diseña edificios: el reto de los arquitectos para seguir siendo indispensables en su trabajo
Juan Carlos Gómez Castellanos considera que dibujar a mano ayuda al arquitecto a expresar su sensibilidad y desarrollar un criterio propio frente a la IA.
(Cortesía)

Con ayuda de la inteligencia artificial, un arquitecto puede generar en minutos las imágenes que antes le tomaban horas; explorar distintas propuestas, analizar información y detectar errores en la documentación de un proyecto. Pero si la tecnología ya ejecuta parte de las tareas técnicas, ¿qué hará valioso a quien comienza su carrera profesional en esta área?

La respuesta no está en competir contra la máquina para dibujar más rápido. El reto está en aprender a convertir una idea en un proyecto viable, entender lo que necesita el cliente y coordinar a los profesionales que harán posible su construcción.

El RIBA AI Report 2025 señala que 59% de las firmas de arquitectura ya utiliza inteligencia artificial, frente a 41% registrado un año antes. El avance tecnológico, sin embargo, no ha reducido la importancia de las capacidades humanas.

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La habilidad más requerida para los arquitectos en la era de la IA

El AI Jobs Report 2025 de Autodesk, hecho a partir del análisis de casi tres millones de vacantes, coloca al diseño como la habilidad más solicitada en los puestos relacionados con IA. La comunicación ocupa el cuarto sitio, mientras que el liderazgo y la colaboración aparecen entre las diez principales competencias.

Juan Carlos Gómez Castellanos, CEO de GVI Arquitectos, entendió desde el inicio de su carrera que la formación técnica no sería suficiente. Su padre, José Manuel Gómez Vázquez Aldana, fundó el taller que dio origen a la firma en 1962 y le advirtió que la universidad le enseñaría a diseñar, pero no necesariamente a dirigir una empresa ni a desarrollar proyectos que generaran valor para sus clientes.

Gómez Castellanos estudió un MBA, cursó filosofía durante una década y se formó en urbanismo, finanzas, sustentabilidad y negocios. Asimismo, trabajó en constructoras, inmobiliarias y firmas de arquitectura en Francia e Inglaterra antes de incorporarse de lleno a la empresa familiar.

“Hay que formarse. Es muy fácil llegar a una empresa familiar, donde quizá no te exigen lo mismo. Primero tienes que aprender a ser una persona en la que puedan confiar, saber que cuando tienes que entregar algo, lo entregas”, afirma.

La experiencia laboral le permitió conocer otras formas de trabajo, reglamentos y mercados , además de entender cómo transformar un despacho familiar en una firma con socios, un consejo y una estructura capaz de operar en distintos países. Actualmente, GVI Arquitectos tiene alrededor de 280 colaboradores, proyectos en 92 destinos y presencia en más de 20 países.

La trayectoria de GVI Arquitectos incluye proyectos como JW Marriott Puerto Vallarta, St. Regis Hotel & Residences Los Cabos, Viceroy Riviera Maya, Rosewood Residences Mayakoba y el plan maestro de Cap Cana, en República Dominicana. La firma también ha participado en desarrollos residenciales, centros comerciales, planes urbanos e instalaciones deportivas.

Los proyectos turísticos realizados en México abrieron la puerta a su expansión internacional. Los clientes que comenzaron a invertir en el Caribe, Centroamérica, Estados Unidos y Europa llevaron consigo a la firma, pero el diseño no fue el único factor.

Gómez Castellanos explica que los proyectos también debían cumplir con los tiempos, responder a las condiciones de cada mercado y resultar financieramente exitosos. La empresa creció alrededor de 18% en 2025 y espera superar 20% en 2026.

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Una imagen atractiva no garantiza un proyecto viable

GVI Arquitectos ya utiliza inteligencia artificial en tareas administrativas, investigación de mercados, auditorías y revisiones. También la incorpora en la fase previa al diseño, cuando el equipo ayuda al cliente a definir qué quiere construir y analiza las posibilidades comerciales del proyecto.

La tecnología permite generar rutas y evaluar opciones antes de iniciar el diseño. En algunas etapas finales, Gómez Castellanos calcula que puede reducir los tiempos alrededor de 20%. El objetivo principal, asegura, no es recortar personal, sino elevar la calidad de los proyectos.

La IA también puede producir imágenes atractivas o proponer la decoración de un espacio a partir de una fotografía. El problema es que una imagen no demuestra que la idea se pueda construir, cumpla con los reglamentos, mantenga coherencia con el resto del proyecto o responda a las expectativas financieras del cliente.

“Te puede generar ideas rápido, pero esas ideas no significan que sean realizables”, advierte. El arquitecto todavía debe llevar la propuesta al detalle, coordinar su ejecución y conseguir que el espacio transmita la experiencia para la que fue pensado.

De ahí que la firma no ha frenado la contratación de personal. Gómez Castellanos asegura que este año contrató más jóvenes recién egresados que en 2025 y estima que cerca de la mitad de sus 280 colaboradores tiene menos de 30 años.

La empresa busca jóvenes que dominen las nuevas herramientas, pero coloca otra capacidad por encima del manejo de un programa. La proactividad implica detectar qué debe mejorar, aprender con rapidez y asumir la responsabilidad de una entrega sin esperar instrucciones para cada paso.

El arquitecto que solo sabe diseñar se queda corto

El dibujo, el modelado y la visualización siguen siendo parte de la profesión. La diferencia es que ahora representan el punto de partida y no el conjunto completo de una carrera.

Gómez Castellanos identifica seis capacidades que un arquitecto necesita desarrollar para conservar su valor profesional. La lista incluye creatividad, sensibilidad, dominio técnico, idiomas, dibujo a mano y conocimiento de negocios.

La creatividad no se limita a producir una forma atractiva, dijo. También sirve para resolver restricciones y encontrar alternativas cuando un proyecto enfrenta problemas de presupuesto, espacio o regulación. La sensibilidad ayuda a comprender cómo vivirán las personas los lugares y qué emociones deben provocar.

El dominio de las herramientas digitales resulta indispensable, pero no sustituye las bases técnicas. Los idiomas abren la posibilidad de trabajar con clientes, normas y equipos de otros países. El dibujo a mano, pese al avance de los programas de diseño, conserva un lugar en la formación porque obliga al arquitecto a observar, sintetizar y expresar una idea desde su propio criterio.

El conocimiento de negocios completa ese perfil. Un proyecto debe ser estético, pero también tiene que construirse, atraer inversión y generar valor para quien lo desarrolla. “Tienes que entender el negocio de la construcción, el negocio inmobiliario, la inversión y el valor del dinero para que tus propuestas tengan calidad y trasciendan”, señala Gómez Castellanos.

A su parecer, la IA puede ayudar a analizar información y plantear caminos, pero todavía no construye por sí sola el diálogo entre inversionistas, diseñadores, ingenieros, constructores y operadores. Los nuevos arquitectos pueden encontrar ahí una oportunidad para dejar de pensarse como ejecutores individuales y aprender a trabajar con otros.

Gómez Castellanos aconseja a quienes consideran estudiar arquitectura que no limiten su formación a lo que aprenderán en la universidad. La profesión requiere conocer el negocio, entender otras disciplinas y aceptar que ningún proyecto pertenece solamente al arquitecto. “Los proyectos son de un conjunto de profesionales. Hay que aprender a trabajar en equipo y entenderlo”, señala.

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