Una imagen atractiva no garantiza un proyecto viable
GVI Arquitectos ya utiliza inteligencia artificial en tareas administrativas, investigación de mercados, auditorías y revisiones. También la incorpora en la fase previa al diseño, cuando el equipo ayuda al cliente a definir qué quiere construir y analiza las posibilidades comerciales del proyecto.
La tecnología permite generar rutas y evaluar opciones antes de iniciar el diseño. En algunas etapas finales, Gómez Castellanos calcula que puede reducir los tiempos alrededor de 20%. El objetivo principal, asegura, no es recortar personal, sino elevar la calidad de los proyectos.
La IA también puede producir imágenes atractivas o proponer la decoración de un espacio a partir de una fotografía. El problema es que una imagen no demuestra que la idea se pueda construir, cumpla con los reglamentos, mantenga coherencia con el resto del proyecto o responda a las expectativas financieras del cliente.
“Te puede generar ideas rápido, pero esas ideas no significan que sean realizables”, advierte. El arquitecto todavía debe llevar la propuesta al detalle, coordinar su ejecución y conseguir que el espacio transmita la experiencia para la que fue pensado.
De ahí que la firma no ha frenado la contratación de personal. Gómez Castellanos asegura que este año contrató más jóvenes recién egresados que en 2025 y estima que cerca de la mitad de sus 280 colaboradores tiene menos de 30 años.
La empresa busca jóvenes que dominen las nuevas herramientas, pero coloca otra capacidad por encima del manejo de un programa. La proactividad implica detectar qué debe mejorar, aprender con rapidez y asumir la responsabilidad de una entrega sin esperar instrucciones para cada paso.
El arquitecto que solo sabe diseñar se queda corto
El dibujo, el modelado y la visualización siguen siendo parte de la profesión. La diferencia es que ahora representan el punto de partida y no el conjunto completo de una carrera.
Gómez Castellanos identifica seis capacidades que un arquitecto necesita desarrollar para conservar su valor profesional. La lista incluye creatividad, sensibilidad, dominio técnico, idiomas, dibujo a mano y conocimiento de negocios.
La creatividad no se limita a producir una forma atractiva, dijo. También sirve para resolver restricciones y encontrar alternativas cuando un proyecto enfrenta problemas de presupuesto, espacio o regulación. La sensibilidad ayuda a comprender cómo vivirán las personas los lugares y qué emociones deben provocar.
El dominio de las herramientas digitales resulta indispensable, pero no sustituye las bases técnicas. Los idiomas abren la posibilidad de trabajar con clientes, normas y equipos de otros países. El dibujo a mano, pese al avance de los programas de diseño, conserva un lugar en la formación porque obliga al arquitecto a observar, sintetizar y expresar una idea desde su propio criterio.
El conocimiento de negocios completa ese perfil. Un proyecto debe ser estético, pero también tiene que construirse, atraer inversión y generar valor para quien lo desarrolla. “Tienes que entender el negocio de la construcción, el negocio inmobiliario, la inversión y el valor del dinero para que tus propuestas tengan calidad y trasciendan”, señala Gómez Castellanos.
A su parecer, la IA puede ayudar a analizar información y plantear caminos, pero todavía no construye por sí sola el diálogo entre inversionistas, diseñadores, ingenieros, constructores y operadores. Los nuevos arquitectos pueden encontrar ahí una oportunidad para dejar de pensarse como ejecutores individuales y aprender a trabajar con otros.
Gómez Castellanos aconseja a quienes consideran estudiar arquitectura que no limiten su formación a lo que aprenderán en la universidad. La profesión requiere conocer el negocio, entender otras disciplinas y aceptar que ningún proyecto pertenece solamente al arquitecto. “Los proyectos son de un conjunto de profesionales. Hay que aprender a trabajar en equipo y entenderlo”, señala.