Un paso a la vez para frenar la ansiedad
Nancy Martínez, CEO de Grupo Live, conoció el hiking gracias a los amigos con quienes se reunía en el parque para pasear a sus perros, después de que una de ellas le contara que llevaba a su mascota a caminar por la naturaleza.
La empresaria eligió La Monja, en el Desierto de los Leones, para su primera ruta con Mía, su golden retriever, y recorrió unos seis kilómetros sin grandes pendientes ni dificultad técnica.
Durante esa caminata descubrió que alejarse del celular y del ruido de la ciudad también le hacía falta a ella, por lo que las salidas dejaron de ser solo una actividad para su perrita.
Con el tiempo cambió los tenis por botas de senderismo, reunió equipo y se preparó para rutas más difíciles, hasta intentar un ascenso al Pico de Orizaba en el que no alcanzó la cima.
La directora relaciona esa práctica con una dificultad que reconoce al dirigir su empresa, anticipar tantos problemas que termina abrumada antes de enfrentarlos.
“Al subir una montaña, si miras la cima puedes sentirte abrumada y sabotearte; es preferible mirar solo el siguiente paso. Así también llevo el negocio porque si estoy pensando en lo que va a pasar en diciembre, en si alguien se va o si no cumplimos la meta, me genera ansiedad”.
Las caminatas largas también le dan tiempo para ordenar asuntos que lleva pendientes, pues cuenta que algunas soluciones aparecen después de pasar horas en el bosque, cuando deja de dar vueltas a la misma preocupación.
Su equipo reconoce cuándo necesita ese espacio y se lo dice sin rodeos, “ya te hace falta irte de hiking”, ríe.
Las cartas sobre la mesa
Fernanda Sainz, directora de mercadotecnia de Caliente.mx para América Latina, mantuvo durante años las lecturas de tarot en su vida personal, hasta que una colaboradora de Finanzas acudió a su oficina porque atravesaba un momento difícil y alguien le había contado que ella leía las cartas.
Sainz conversó con la colaboradora y sacó el mazo, después otras personas empezaron a buscarla y la práctica encontró un espacio los martes a las cinco de la tarde.
La directiva no cobra dinero por las sesiones, aunque pide un intercambio simbólico que puede ser un chocolate, una planta o una taza, según explica, como parte de sus creencias sobre esa práctica.
Para ella, el valor de estos encuentros está en las conversaciones que surgen fuera de los pendientes de marketing, porque las personas comparten inquietudes que no suelen aparecer en una junta.
“Este hobby me ayuda a estar más conectada con las personas, a leer lo que no siempre se dice y a acompañarlas sin que todo tenga que pasar por lo racional”, cuenta.
Sainz atribuye a esta afición una mayor atención a sus propias emociones y a las de quienes se acercan a ella, además de una forma de compartir una faceta personal que antes dejaba fuera de la oficina.
Su interés, señala, es que el equipo tenga espacios para hablar de cómo se siente y que la relación con sus colaboradores no se limite a revisar metas o entregar pendientes.