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Cómo el tarot y el hiking ayudaron a directivos de Natura, Caliente.mx y otras empresas a ser mejores líderes

Cinco directivos cuentan cómo sus hobbies les han enseñado a escuchar a sus equipos, delegar tareas y mantener la calma cuando el trabajo se complica.
De izquierda a derecha, Fernanda Sainz con cartas de tarot, Nancy Martínez con su perrita en la montaña y Francisco Demesa bailando tango.
Fernanda Sainz, de Caliente.mx, Nancy Martínez, de Grupo Live, y Francisco Demesa, de Natura y Avon México, relacionan el tarot, el senderismo y el tango con aprendizajes para escuchar, concentrarse y adaptarse al ritmo de sus equipos. (Cortesías)

Nancy Martínez comenzó a caminar por la montaña para que su perrita liberara energía, pero terminó encontrando una manera de frenar sus propias preocupaciones por el negocio. Así como ella, otros cuatro directivos descubrieron en sus hobbies aprendizajes que después trasladaron a sus equipos en México.

El tarot, la natación en aguas abiertas, el buceo y el tango completan las aficiones que estos líderes compartieron en entrevista con Expansión, a través de experiencias que los pusieron frente a sus dificultades para escuchar, repartir responsabilidades o aceptar que las cosas no siempre avanzan a su ritmo.

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Un paso a la vez para frenar la ansiedad

Nancy Martínez, CEO de Grupo Live, conoció el hiking gracias a los amigos con quienes se reunía en el parque para pasear a sus perros, después de que una de ellas le contara que llevaba a su mascota a caminar por la naturaleza.

La empresaria eligió La Monja, en el Desierto de los Leones, para su primera ruta con Mía, su golden retriever, y recorrió unos seis kilómetros sin grandes pendientes ni dificultad técnica.

Durante esa caminata descubrió que alejarse del celular y del ruido de la ciudad también le hacía falta a ella, por lo que las salidas dejaron de ser solo una actividad para su perrita.

Con el tiempo cambió los tenis por botas de senderismo, reunió equipo y se preparó para rutas más difíciles, hasta intentar un ascenso al Pico de Orizaba en el que no alcanzó la cima.

La directora relaciona esa práctica con una dificultad que reconoce al dirigir su empresa, anticipar tantos problemas que termina abrumada antes de enfrentarlos.

“Al subir una montaña, si miras la cima puedes sentirte abrumada y sabotearte; es preferible mirar solo el siguiente paso. Así también llevo el negocio porque si estoy pensando en lo que va a pasar en diciembre, en si alguien se va o si no cumplimos la meta, me genera ansiedad”.

Las caminatas largas también le dan tiempo para ordenar asuntos que lleva pendientes, pues cuenta que algunas soluciones aparecen después de pasar horas en el bosque, cuando deja de dar vueltas a la misma preocupación.

Su equipo reconoce cuándo necesita ese espacio y se lo dice sin rodeos, “ya te hace falta irte de hiking”, ríe.

Las cartas sobre la mesa

Fernanda Sainz, directora de mercadotecnia de Caliente.mx para América Latina, mantuvo durante años las lecturas de tarot en su vida personal, hasta que una colaboradora de Finanzas acudió a su oficina porque atravesaba un momento difícil y alguien le había contado que ella leía las cartas.

Sainz conversó con la colaboradora y sacó el mazo, después otras personas empezaron a buscarla y la práctica encontró un espacio los martes a las cinco de la tarde.

La directiva no cobra dinero por las sesiones, aunque pide un intercambio simbólico que puede ser un chocolate, una planta o una taza, según explica, como parte de sus creencias sobre esa práctica.

Para ella, el valor de estos encuentros está en las conversaciones que surgen fuera de los pendientes de marketing, porque las personas comparten inquietudes que no suelen aparecer en una junta.

“Este hobby me ayuda a estar más conectada con las personas, a leer lo que no siempre se dice y a acompañarlas sin que todo tenga que pasar por lo racional”, cuenta.

Sainz atribuye a esta afición una mayor atención a sus propias emociones y a las de quienes se acercan a ella, además de una forma de compartir una faceta personal que antes dejaba fuera de la oficina.

Su interés, señala, es que el equipo tenga espacios para hablar de cómo se siente y que la relación con sus colaboradores no se limite a revisar metas o entregar pendientes.

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La natación en aguas abiertas

Saskia de Winter comenzó a nadar poco antes de la pandemia y retomó la actividad durante ese periodo, luego de que unas amigas la invitaran a competir, según recuerda la CEO de Saskia de Winter Training, su firma de capacitación empresarial.

Su primera competencia en aguas abiertas fue el Cruce de Cancún, con un recorrido de 3.8 kilómetros, después completó otra prueba de esa distancia, una de cinco kilómetros y más adelante una de diez.

La entrenadora mexicana Nora Toledano la inspiró a continuar, porque verla nadar cambió su idea de que necesitaba ser muy alta para practicar este deporte.

Saskia se preparó durante nueve meses para la prueba de diez kilómetros, pero su papá murió una semana antes y el viaje a Cancún quedó atravesado por la duda de si debía competir.

Su padre falleció un domingo, el funeral fue el lunes y el martes recogió sus cenizas, antes de tomar el avión el miércoles, todavía sin resolver si entraría al agua.

Finalmente decidió nadar para honrar su memoria y, cuando sentía que no podía continuar, recordaba momentos que habían compartido y le dedicaba a su padre cada brazada, hasta completar el recorrido en cinco horas.

De Winter relaciona el trabajo mental que requiere ese deporte con el manejo de la incertidumbre en las empresas, pues las corrientes, los animales marinos o el contacto accidental con otros competidores pueden cambiar lo que había previsto.

En una competencia, por ejemplo, otro nadador le dio una patada involuntaria que desplazó sus goggles y dejó entrar agua salada en sus ojos, así que tuvo que responder a un incidente para el que no había hecho planes.

“Si eres capaz de mantenerte tranquila o de estar en paz con todo aquello que no puedes controlar, pues ya lo que puedes controlar pues ya papitas, o sea, es una parte poderosísima para los líderes”, dice.

La preparación también cambió su manera de organizar el trabajo, porque llegar a la alberca, cambiarse, entrenar y bañarse le ocupaba alrededor de tres horas, una rutina que sostuvo cinco o seis días por semana durante su entrenamiento.

“Llegar a esta parte del equilibrio era bien importante, o sea, otra de las cosas que aprendí fue a manejar mejor mi tiempo y a delegar de una manera mucho más eficiente”, revela.

Para reservar ese tiempo, Saskia comenzó a apoyarse más en su equipo y a distinguir las tareas que requerían su atención de aquellas que podía encargar a otros, en lugar de conservar el control de cada responsabilidad .

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Mantener la calma antes de decidir

Bruno Juanes, CEO de Inetum North Latam, empezó a bucear por curiosidad y después se formó como buzo máster e instructor, una afición que lo ha llevado a lugares como Cozumel, Costa Rica y Filipinas.

La preparación antes de cada inmersión y la atención a lo que ocurre bajo el agua le han enseñado a detenerse antes de reaccionar, según cuenta, sobre todo cuando la presión puede llevarlo a tomar una decisión apresurada.

“Cuando buceas, te das cuenta de que la serenidad es vital. No puedes entrar en pánico. Esa misma serenidad intento aplicar cuando hay crisis o momentos de tensión en el trabajo”, dice.

En los días difíciles de oficina, Juanes recuerda esa experiencia e imagina que está bajo el agua, respirando con calma y observando a su alrededor antes de decidir qué hacer.

El directivo también se certificó como sommelier y encontró en la cata de vinos una afición complementaria que le exige prestar atención antes de emitir un juicio, además de reconocer cuánto le queda por aprender

“Mis hobbies me recuerdan que hay mucho que no sabemos. Aprender con humildad también es parte del liderazgo. El vino, el buceo y mi trabajo comparten algo muy importante: todos exigen presencia, paciencia y respeto. Y eso es lo que intento llevar a mis equipos todos los días”, comparte.

Aprender a seguir el ritmo de otros

Francisco Demesa, CEO de Natura y Avon México, llegó al tango por un anuncio en redes sociales, aunque la música ya formaba parte de su vida porque había tocado piano, violín y batería, además de hacer teatro y cantar en escena.

La primera clase se convirtió en una actividad de fin de semana y después participó en exhibiciones, aunque todavía se considera un bailarín de nivel básico.

En la pista, Demesa descubrió que conocer los pasos no basta para bailar con otra persona, porque también necesita observar sus movimientos y adaptarse a su ritmo, una experiencia que relaciona con la manera de acompañar a su equipo.

“Para que algo fluya, debes saber a dónde vas, pero tienes que mirar al otro, confiar, soltar. Eso también aplica a cómo guío a mi equipo”, asegura.

Los ensayos le han dado otra oportunidad de practicar la paciencia, pues los errores requieren correcciones y algunos movimientos tardan más en salir, del mismo modo que ciertos procesos de trabajo necesitan ajustes antes de avanzar.

Por eso promueve que sus colaboradores encuentren actividades fuera de la oficina que disfruten y les ayuden a descansar la mente, algo que también requiere proteger tiempo personal frente a jornadas fragmentadas por el exceso de reuniones .

“Mi abuela decía que descansar no es tirarse en la cama, sino cambiar de actividad. Y creo que cuando haces eso, regresas a trabajar con más energía y mejores ideas”, expresa.

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