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Hasta 50% de las juntas en el trabajo son improductivas: cómo implementar un día sin juntas correctamente

No importa si la modalidad es remota, híbrida o presencial, el calendario se llena de encuentros y el trabajo que requiere concentración, análisis y ejecución se empuja hacia el final del día o para el siguiente.
Las juntas en el trabajo ya son "burocracia" cotidiana: cómo implementar un día sin reuniones correctamente
Entre 25 y 50% de las reuniones laborales son improductivas, de acuerdo con la Asociación Mexicana de Trabajo.
(David Ramos/Getty Images)

A Juan Pablo Ventosa su mamá le hacía siempre la misma pregunta. ¿Y tú cuándo trabajas? Más que reclamo era curiosidad, pues cada vez que lo llamaba por teléfono él estaba en una junta; por la mañana, por la tarde, a veces incluso de noche.

“Yo era director general en una empresa familiar y siempre que mi mamá llamaba yo estaba en una reunión. Para ella, estar reunido tanto tiempo me limitaba de poder trabajar, y sí, cuando salía de la oficina, sentía que no había avanzado mucho”, comparte el actual líder académico del programa ejecutivo HR Evolution de EGADE Business School.

Hoy, el directivo no titubea al señalar que muchas de las juntas son improductivas. “Yo necesito un equilibrio entre lo que leo, aprendo, innovo con lo que aporto en una junta, porque si no, no crezco”, apunta.

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Su experiencia personal tiene respaldo en los datos. De acuerdo con la Asociación Mexicana de Trabajo, entre 25 y 50% de las reuniones laborales son improductivas, no porque reunirse sea inútil, sino porque muchas juntas no tienen un objetivo definido, no se preparan o no terminan en decisiones concretas.

A eso se suma que los altos ejecutivos destinan alrededor de 21 semanas al año a estar en reuniones, según la asociación. No importa si la modalidad es remota, híbrida o presencial, el calendario se llena de encuentros y el trabajo que requiere concentración, análisis y ejecución se empuja hacia el final del día o para el siguiente. “El cansancio no viene solo de la carga laboral, viene de la fragmentación del tiempo”, dice Ventosa.

Las juntas de trabajo nacieron como espacios de toma de decisiones estratégicas, impulsadas por la necesidad de centralizar información y coordinar equipos. Sin embargo, con el tiempo se han convertido en un elemento burocrático cotidiano. Frente a ese desgaste, algunas empresas han empezado a incorporar un día sin juntas como parte de su política interna.

Pero un día sin juntas no consiste únicamente en bloquear un espacio en el calendario y esperar que la productividad aparezca por sí sola. El consejero Gerardo García Rojas señala que esta medida funciona cuando se entiende como una decisión organizacional sobre cómo se usa el tiempo y cómo se toman las decisiones.

“Desafortunadamente, el día sin juntas se puede considerar como un beneficio blando o algo que está de moda en algunas empresas, pero la medida impacta tanto en temas de productividad como en la gobernanza del tiempo, es decir, que las empresas tienen que dejar este espacio para darle a los líderes de la organización la oportunidad de realizar el trabajo que mueve el negocio”, comenta García Rojas.

Cuando el día sin juntas se implementa bien, los beneficios llegan rápido. Hay menos interrupciones, mayor claridad y foco en prioridades, y reuniones más cortas y mejor preparadas. La gente llega con información revisada y con propuestas, no a leer documentos en voz alta. También baja la fatiga mental, porque el día deja de ser una sucesión constante de cortes.

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¿Cómo empezar?

Incorporar una política de día sin juntas requiere más intención que discurso. La experiencia con empresas que ya lo hacen apunta a una serie de pasos prácticos. El primero consiste en definir qué equipos pueden iniciar y cuáles requieren ciertos ajustes, además de establecer excepciones claras para crisis o temas con clientes, según sea el caso.

“Yo creo que no hay que prohibir las juntas, hay que limitarlas. El objetivo de cada reunión tiene que estar claro, así como la excepción a la regla. ¿Te imaginas a un director general que en un día no se reúna con nadie? Cuesta imaginarlo, pero sí se pueden plantear alternativas para que eso suceda”, dice Ventosa.

Otro paso es comenzar con franjas de horario sin juntas, por ejemplo, de 1:00 a 5:00 no se reúne nadie. Luego se puede pensar en un día completo. Ventosa sugiere, además, limitar la duración de las reuniones que sí ocurren; lo recomendable es no exceder una hora ni encadenar juntas sin que el cerebro descanse al menos 15 minutos.

“Hay que poner las reglas sobre la mesa. No hay juntas sin explicar el objetivo de la reunión y el límite de tiempo. Otro punto es que solo estén las personas que deben estar. Las que no, que sean informadas a través de una minuta y con una bajada de la información. Eso es eficacia”, puntualiza.

No menos importante es considerar la diferencia de horario entre países. Cuando la empresa opera solo a nivel nacional es más sencillo adoptar una política de día sin juntas, pero cuando la compañía es global, su eje debe girar en torno a una franja de horario compartida.

“Trabajar con equipos en distintas partes del mundo no es tanto problema si hay empatía. En ocasiones hay países que ceden una parte de su inicio del día o del final del horario laboral. En ese entendimiento, las reuniones no duran más de 30 minutos para respetar el horario de los equipos”, dice Sandra Márquez, country manager de la agencia Talkability en México.

“Hoy, las juntas las tenemos una vez a la semana para estatus y procuramos que no sean ni en lunes ni viernes. Así tengo en mi reloj del celular horarios de Argentina, Estados Unidos y España. Luego reviso y digo a ver qué hora es en Miami y qué hora en México y en Colombia. Ya agarramos el ritmo”, añade.

El error más común es anunciar un día sin juntas sin cambiar nada en la operación. De ocurrir así, las reuniones se concentran en otros días, los correos se multiplican y el desgaste permanece. “Si no hay reglas, el día sin juntas se convierte en un día para ponerse al corriente y eso no cambia la forma de trabajar”, advierte García Rojas.

Otro error frecuente es aplicarlo de manera rígida. No todos los equipos pueden operar igual. Hay áreas que requieren coordinación constante y otras que necesitan largos periodos de concentración. Por eso, muchas empresas empiezan de forma gradual. Un día cada quince días, medias jornadas protegidas o mañanas sin reuniones.

Las organizaciones que avanzan mejor son las que delimitan para qué sirven las juntas. Acorde con los especialistas consultados, funcionan para decidir, resolver desacuerdos o alinear temas críticos. No funcionan para informar lo que se pudo leer antes ni para suplir la falta de claridad en roles o procesos.

En Talkability, el cambio fue progresivo. “No eliminamos juntas, las ordenamos”, explica Sandra Márquez. “Definimos ventanas muy claras para reunirnos y respetamos esos espacios. Las juntas son solo de seguimiento y para asuntos puntuales previamente mapeados”.

El resto del tiempo se protege para trabajo individual y colaborativo asincrónico. “Al inicio costó trabajo, porque veníamos de resolver todo en juntas largas. Con el tiempo vimos que las decisiones salían más rápido y la gente terminaba menos cansada”, reconoce Márquez.

Para que la política funcione, también se requiere claridad sobre qué no se discute en juntas. Si algo no necesita conversación colectiva, no va al calendario y eso obliga a preparar mejor la información y a confiar más en los equipos.

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¿México está listo para un día sin juntas?

El principal obstáculo no es cultural ni generacional, es de liderazgo. “Si una organización no puede sobrevivir un día sin juntas, el problema no son las juntas, es que todo pasa por control y supervisión constante”, señala García.

México es uno de los países donde más horas se trabajan, pero la productividad no crece al mismo ritmo. El tiempo se fragmenta entre reuniones largas y poco resolutivas, por lo que reducir las juntas obliga a priorizar, delegar y confiar, y eso no siempre es cómodo.

Las empresas que trabajan por objetivos y resultados suelen adaptarse mejor, mientras que las que dependen de validación constante lo resisten más. En pymes, el cambio empieza desde la dirección. En empresas grandes, suele funcionar mejor por áreas o niveles, no como una regla universal. “Un día sin juntas no busca que la gente trabaje menos, pero sí que trabaje mejor. Da espacio para pensar, analizar y decidir sin interrupciones”, afirma Ventosa.

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