La especialista considera que entender el propósito de un proyecto puede ayudar a los jóvenes a elegir una trayectoria profesional y sostenerla en campos que requieren preparación especializada. También permite que la formación deje de ser un ejercicio abstracto y se convierta en una experiencia en la que los alumnos reconocen el alcance de sus decisiones.
Esta forma de aprender tiene consecuencias que van más allá del salón de clases. En áreas como los semiconductores, donde México busca desarrollar capacidades industriales, formar ingenieros implica enseñarles no solo a aplicar conocimientos existentes, sino a utilizarlos para crear productos y resolver problemas que todavía no tienen respuesta.
Los chips procesan información y hacen funcionar computadoras y otros dispositivos electrónicos. Participar en su diseño permite determinar cómo operarán los productos y qué necesidades podrán atender. También abre la posibilidad de desarrollar componentes que utilicen menos materiales, consuman menos energía y funcionen de manera confiable.
“México ha sido un centro de manufactura y creo que, por la complejidad de los chips, eso representa una ventaja, porque una clave para diseñar nuevos productos es que puedan fabricarse”, dijo Liu en entrevista.
Investigar con un propósito concreto
El cambio también implica acercar a los estudiantes a quienes ya han transformado una idea en tecnología. Guillermo José Aguirre Esponda, presidente de la Academia de Ingeniería de México, propone que los jóvenes conozcan las experiencias de personas que han desarrollado soluciones, así como los obstáculos que enfrentaron durante el proceso.
El contacto con profesionales que han pasado de la investigación a la aplicación puede mostrar a los estudiantes que innovar no consiste únicamente en tener una buena idea. También requiere probarla, resolver dificultades técnicas y encontrar una manera de convertirla en un producto o servicio útil.
Aguirre Esponda identifica otra oportunidad en los mexicanos que trabajan en el extranjero. Su experiencia podría contribuir a proyectos nacionales mediante vínculos con investigadores, universidades y empresas, especialmente en campos como el emprendimiento y la innovación.
“Si tuviera que recomendar una acción clave para México, sería mirar a los mexicanos en el extranjero para aprender de ellos y asegurarnos de obtener esos beneficios, especialmente en los campos del emprendimiento y la innovación”, plantea.
La colaboración puede ayudar a que el conocimiento generado en las universidades encuentre aplicaciones fuera de ellas. Pero para que esa relación produzca resultados, los proyectos necesitan continuidad, recursos y objetivos que permitan avanzar más allá de un ejercicio académico o de una necesidad inmediata de la industria.
David Garza, presidente del Grupo Educativo Tecnológico de Monterrey, plantea reunir a empresas de semiconductores, universidades y gobiernos para definir iniciativas que se mantengan en el tiempo. La propuesta supone coordinar la formación de talento con las necesidades de investigación de las compañías y con las oportunidades de desarrollo tecnológico del país.
“Necesitamos pensar en distintos plazos, en el próximo año y en los próximos cinco años, pero también en los siguientes diez o quince, y necesitamos invertir en iniciativas para esos distintos plazos”, dijo en entrevista.