La política arancelaria impulsada por Donald Trump no ha logrado reducir el déficit comercial de bienes de Estados Unidos, aunque sí ha contribuido a evitar que el desbalance se dispare. Los datos oficiales muestran un comercio exterior todavía marcado por números rojos profundos, cercanos al billón de dólares, pero con señales de contención en la segunda mitad de 2025.
Trump contiene el déficit comercial de bienes, pero sin descenso
Las cifras desestacionalizadas del Departamento de Comercio de Estados Unidos muestran que el déficit comercial de bienes sumó 1.06 billones de dólares entre enero y octubre de 2025. En el mismo periodo de 2024, el saldo negativo ascendió a 986,579 millones de dólares. El resultado es un aumento anual de 7.7%, confirma la brecha comercial persiste.
El comportamiento del déficit durante 2025 no es uniforme. El primer trimestre concentró una parte significativa del deterioro. Tan solo entre enero y marzo se acumuló 44% del déficit total del periodo. Marzo marcó el punto más alto, con un saldo negativo de 162,517 millones de dólares.
Ese repunte coincidió con la entrada en vigor de los primeros aranceles a Canadá, México y China, aplicados bajo el argumento del combate al fentanilo, así como con la activación de tarifas recíprocas para el resto de los países.
Ese arranque del año dejó una huella difícil de revertir. A partir de abril y hasta octubre, el déficit mostró una tendencia a la baja frente a los mismos meses de 2024.
La contención resultó más clara en septiembre y octubre, cuando el saldo negativo mensual cayó de forma notable. En octubre, el déficit de bienes se ubicó en 59,140 millones de dólares, una cifra que no se observaba en al menos cinco años, de acuerdo con un análisis de la Coalición para una América Próspera (CPA).
Los aranceles aplicados bajo la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional y los gravámenes de la sección 232 al acero, aluminio, cobre, autos, camiones pesados y madera influyeron en ese comportamiento. Estas medidas moderaron el ritmo de crecimiento de las importaciones en algunos sectores y modificaron el origen de los productos que ingresan al mercado estadounidense. En la práctica, los flujos comerciales se ajustaron, tanto por el mayor costo de acceso como por la necesidad de buscar proveedores alternativos.
Sin embargo, los datos todavía reflejan distorsiones importantes. El análisis de la CPA señala que la reducción del déficit de bienes tras la entrada en vigor de la IEEPA es real, pero se superpone con un aumento anticipado de importaciones a principios de año. Muchas empresas adelantaron compras ante el riesgo de nuevos aranceles, lo que infló el déficit en los primeros meses de 2025. Ese efecto inicial prácticamente garantiza otro año con un déficit de bienes superará el billón de dólares, pese a la moderación observada más adelante.
Otros análisis coinciden en que el efecto de los aranceles sobre el déficit comercial tiende a ser limitado. Tax Foundation advierte que los shocks arancelarios inesperados suelen reducir las importaciones más que las exportaciones. El resultado suele ser una ligera disminución del déficit comercial, pero a costa de pérdidas persistentes en el producto interno bruto.
La Reserva Federal de Dallas ofrece una explicación más amplia. La teoría económica y la evidencia macroeconómica no respaldan de manera sólida la idea de que los aranceles puedan, por sí solos, reducir los déficits comerciales. Si bien los aranceles alteran los flujos de comercio, su impacto neto sobre la balanza comercial resulta ambiguo y con frecuencia queda neutralizado por otros factores.
El análisis identifica tres canales clave que ayudan a entender por qué el déficit no desaparece. El primero se relaciona con los costos de los insumos. Muchos aranceles recaen sobre bienes intermedios. Al elevar los costos para los productores nacionales, estos gravámenes reducen la oferta, afectan la producción y debilitan la competitividad de las exportaciones. Ese efecto compensa, al menos en parte, la reducción del déficit que proviene de una menor importación.
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El segundo canal tiene que ver con los precios de los bienes finales y de capital. Los aranceles sobre productos de consumo y de inversión tienden a elevar los precios, lo que frena la demanda de importaciones y reduce el déficit comercial. No obstante, el impacto depende de la capacidad de los consumidores para sustituir productos importados por alternativas nacionales y de la reacción de los productores extranjeros ante los nuevos precios.
El tercer canal pasa por el tipo de cambio. Los aranceles influyen en los flujos de capital y en la cotización de las divisas. Si las tarifas reducen la demanda de importaciones y, por extensión, de moneda extranjera, el dólar puede fortalecerse. Un dólar más fuerte encarece las exportaciones estadounidenses y abarata las importaciones.
Ese movimiento puede amplificar el impacto negativo de los mayores costos de insumos o neutralizar parte de la reducción del déficit asociada a precios más altos de los bienes finales. Este efecto se ve reforzado por el papel dominante del dólar en la facturación del comercio mundial, lo que limita los ajustes vía tipo de cambio.
En conjunto, los datos de 2025 muestran un déficit comercial de bienes elevado, pero con una dinámica distinta. Los aranceles no corrigieron el desequilibrio estructural del comercio exterior de Estados Unidos, aunque sí influyeron en su ritmo y en su composición. El resultado es un déficit contenido, no reducido, en un contexto marcado por la incertidumbre política, los ajustes empresariales y una economía global todavía en transición.