La Reserva Federal de Dallas ofrece una explicación más amplia. La teoría económica y la evidencia macroeconómica no respaldan de manera sólida la idea de que los aranceles puedan, por sí solos, reducir los déficits comerciales. Si bien los aranceles alteran los flujos de comercio, su impacto neto sobre la balanza comercial resulta ambiguo y con frecuencia queda neutralizado por otros factores.
El análisis identifica tres canales clave que ayudan a entender por qué el déficit no desaparece. El primero se relaciona con los costos de los insumos. Muchos aranceles recaen sobre bienes intermedios. Al elevar los costos para los productores nacionales, estos gravámenes reducen la oferta, afectan la producción y debilitan la competitividad de las exportaciones. Ese efecto compensa, al menos en parte, la reducción del déficit que proviene de una menor importación.
El segundo canal tiene que ver con los precios de los bienes finales y de capital. Los aranceles sobre productos de consumo y de inversión tienden a elevar los precios, lo que frena la demanda de importaciones y reduce el déficit comercial. No obstante, el impacto depende de la capacidad de los consumidores para sustituir productos importados por alternativas nacionales y de la reacción de los productores extranjeros ante los nuevos precios.
El tercer canal pasa por el tipo de cambio. Los aranceles influyen en los flujos de capital y en la cotización de las divisas. Si las tarifas reducen la demanda de importaciones y, por extensión, de moneda extranjera, el dólar puede fortalecerse. Un dólar más fuerte encarece las exportaciones estadounidenses y abarata las importaciones.
Ese movimiento puede amplificar el impacto negativo de los mayores costos de insumos o neutralizar parte de la reducción del déficit asociada a precios más altos de los bienes finales. Este efecto se ve reforzado por el papel dominante del dólar en la facturación del comercio mundial, lo que limita los ajustes vía tipo de cambio.
En conjunto, los datos de 2025 muestran un déficit comercial de bienes elevado, pero con una dinámica distinta. Los aranceles no corrigieron el desequilibrio estructural del comercio exterior de Estados Unidos, aunque sí influyeron en su ritmo y en su composición. El resultado es un déficit contenido, no reducido, en un contexto marcado por la incertidumbre política, los ajustes empresariales y una economía global todavía en transición.