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T-MEC busca sustituir a Asia, pero su dependencia se lo impide

Los déficits con Asia —265,577 mdd en México y 817,330 mdd en EU— reflejan la magnitud del reto, en medio de cadenas que toman años en reconfigurarse.
mié 25 marzo 2026 05:55 AM
México y Estados Unidos quieren sustituir a Asia con ayuda del T-MEC, pero enfrentan un gran reto comercial
China redistribuye producción en Asia para mantener acceso a Norteamérica. (AvigatorPhotographer/Getty Images)

Sustituir a Asia se convirtió en una de las ideas más ambiciosas dentro de la revisión del T-MEC. En el discurso, la meta luce clara. En la práctica, el camino enfrenta límites que la política no siempre reconoce, dicen los expertos.

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México y Estados Unidos colocaron ese objetivo sobre la mesa desde su primera conversación formal rumbo a la revisión del tratado. La intención apunta a fortalecer la producción en América del Norte y reducir la dependencia de insumos asiáticos. Sin embargo, los datos revelan la magnitud del reto.

México registra un déficit comercial con Asia de 265,577 millones de dólares, mientras que Estados Unidos acumula uno de 817,330 millones, según cifras de Banxico y de la Oficina del Censo estadounidense. Ese desequilibrio refleja décadas de integración productiva con la región asiática, difícil de revertir en el corto plazo.

Sergio Barajas, experto en comercio exterior de Basham, Ringe y Correa, advierte que el análisis requiere detalle sector por sector. El caso automotriz es un ejemplo. Desarrollar un proveedor toma entre tres y cinco años, desde su identificación hasta su integración plena en la cadena productiva. Ese plazo choca con la presión por relocalizar producción en cuestión de meses.

A eso se suma otra limitante: América del Norte no cuenta con todos los insumos ni con la tecnología suficiente para sustituir a Asia de forma inmediata. Las reglas de origen, pieza clave del T-MEC, pueden impulsar la integración regional o convertirse en un obstáculo si imponen condiciones difíciles para las empresas.

Sergio Ley, exembajador de México en China, señala que la sustitución total no solo luce complicada, también poco viable. La evidencia apunta en otra dirección. Mientras los socios T-MEC buscan reducir su dependencia de China, las importaciones desde otros países asiáticos crecen.

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Reacomodo

Las cadenas de suministro no desaparecen, cambian de forma. Empresas chinas trasladan parte de su producción a otros países de Asia para mantener el acceso al mercado de América del Norte. La estrategia responde a costos, tratados comerciales y ventajas arancelarias.

El Peterson Institute for International Economics documenta este fenómeno. Antes de la primera guerra comercial de Donald Trump, China concentraba más de 90% de las importaciones estadounidenses de consolas de videojuegos, laptops y monitores, así como más del 80% de los teléfonos inteligentes. Para finales de 2025, esa participación cayó de forma drástica. En algunos casos, la reducción superó los 70 puntos porcentuales.

Vietnam ganó terreno como proveedor clave, porque empresas como Dell y Apple movieron el ensamblaje de computadoras portátiles hacia ese país. Sony, Nintendo y Microsoft instalaron contratistas para producir consolas. Apple también expandió su presencia en India para ensamblar iPhones.

En 2025, las importaciones estadounidenses desde fuentes no chinas más que duplicaron su volumen en computadoras y monitores, casi se triplicaron en teléfonos inteligentes y superaron cinco veces el nivel previo en consolas de videojuegos .

Otros sectores muestran una tendencia similar, por ejemplo, las compras de muebles y calzado a China ya se habían reducido a la mitad antes de nuevos aranceles. Vietnam, Indonesia, Camboya, Tailandia, Bangladesh e India ocuparon ese espacio. El mapa comercial cambió, pero la dependencia de Asia se mantuvo.

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Otra estrategia con México como eje

Las cadenas globales no se rompen, se adaptan. Sustituirlas por completo implicaría elevar costos de producción y restar competitividad a los productos de América del Norte.

La presión por relocalizar existe, pero incluso Estados Unidos enfrenta dificultades para desarrollar capacidades industriales en plazos cortos. Construir una base productiva sólida toma años, en ocasiones décadas.

Ante ese escenario, Sergio Ley plantea una ruta distinta: en lugar de cerrar la puerta a Asia, propone atraer su capital, pero de manera muy transparente. La llegada de empresas chinas y de otros países a México permitiría trasladar parte de la producción al territorio nacional.

El efecto sería doble, por un lado, se fortalecería la industria local y se generarían empleos. Por otro, los bienes producidos en México podrían cumplir con las reglas de origen del T-MEC y acceder al mercado regional como contenido norteamericano.

El origen del capital, sostiene, no debe ser el principal filtro. Lo relevante es su capacidad para detonar inversión y producción. Solo sectores estratégicos, como telecomunicaciones, requieren una evaluación más estricta por razones de seguridad.

Fuera de esos casos, el margen es amplio. Áreas como energías limpias y movilidad eléctrica abren espacio para acelerar la transición tecnológica de la región.

La discusión sobre sustituir a Asia seguirá en la mesa del T-MEC. Sin embargo, la evidencia sugiere otro camino. Más que reemplazar a un socio, América del Norte debe aprender a integrarlo bajo nuevas reglas.

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