Uno de los objetivos centrales será atraer mayor producción hacia Norteamérica y sustituir parte de las importaciones provenientes de Asia.
El déficit comercial de la región con economías asiáticas supera los 500,000 millones de dólares, por lo que trasladar una fracción de esa producción a la región podría generar nuevas oportunidades de crecimiento industrial.
Una región productiva integrada
Las consultas también evidenciaron el grado de integración que ya existe entre las economías de Norteamérica.
El subsecretario de Industria y Comercio, Vidal Llerenas, destacó que el tratado funciona porque la región opera como un sistema productivo integrado y no únicamente como un espacio de intercambio comercial.
En promedio, 40% del valor de las exportaciones mexicanas a Estados Unidos incorpora insumos estadounidenses, lo que refleja la interdependencia productiva entre ambos países.
El comercio entre México y sus socios del T-MEC es cercano a 2,200 millones de dólares diarios.
Sugieren mejoras
En las consultas también surgieron áreas de mejora.
Entre ellas destacan la necesidad de revisar las reglas de origen, mejorar su instrumentación y evitar medidas comerciales que contradigan el espíritu del acuerdo, como aranceles o restricciones que generan incertidumbre para las empresas.
También se planteó fortalecer la aplicación equilibrada de los mecanismos laborales, homologar normas y mejorar la infraestructura para ampliar la integración productiva regional.
Un reto interno para México.
Las consultas también revelaron una integración desigual dentro del propio país.
Los estados del norte concentran la mayor parte de la manufactura exportadora vinculada al T-MEC, mientras que el centro y el Bajío mantienen una presencia importante en manufacturas y agroindustria.
En contraste, el sureste del país muestra una menor integración en las cadenas productivas de América del Norte, lo que representa uno de los retos pendientes para el futuro del acuerdo.