México aparece entre los países con mayor fricción comercial para China, pero el choque todavía no apaga el interés de sus empresas. Mientras Estados Unidos busca usar la revisión del T-MEC para limitar insumos e inversiones chinas , las compañías del gigante asiático conservan expectativas favorables, fortalecen su presencia productiva e identifican nuevos negocios.
México está en el top 3 de fricción con China, pero 66.2% de sus empresas confía en el país
El contraste aparece en dos documentos del Consejo Chino para la Promoción del Comercio Internacional (CCPIT). Su índice de fricción colocó a México entre los tres mercados con mayores registros, junto con India y Estados Unidos, dentro de 20 economías. Los principales conflictos se concentraron en electrónicos y equipo de transporte.
Los 95 puntos divulgados corresponden al indicador global de mayo, considerado medio-alto, no a una calificación exclusiva para México. Pese a esa tensión, el Informe sobre el entorno empresarial de México 2025 revela que 56.9% de las empresas chinas consultadas evalúa favorablemente las condiciones del país, 66.2% mantiene expectativas optimistas y 86.2% prevé que la cooperación con compañías mexicanas permanezca estable o aumente.
Barreras sin ruptura
México elevó desde enero de 2026 los aranceles de 1,463 fracciones de sectores como automotriz, textil, siderúrgico, plástico, calzado y electrodomésticos. La medida afecta principalmente a países sin tratado comercial, como China.
La relación sumó medidas antidumping. México impuso una cuota de 4.2301 dólares por kilogramo a ciertas importaciones chinas de lámina de policarbonato. China, por su parte, fijó depósitos provisionales de entre 17.8% y 51.6% a la nuez pecana mexicana, frente a 54.3% para la estadounidense.
Las exportaciones directas mexicanas de ese producto a China sumaron 21.9 millones de dólares en 2024, aunque otra parte llega mediante reexportaciones desde Estados Unidos. La medida deriva formalmente de una investigación antidumping y no puede presentarse como represalia por el T-MEC.
El comercio, pese a todo, resiste. Según datos chinos, el intercambio bilateral alcanzó 109,376 millones de dólares en 2025. En el primer semestre de 2026 llegó a 57,362 millones, 5.6% más. China vendió a México 45,537 millones y compró mercancías mexicanas por 11,825 millones.
Los gigantes instalados
La presencia china comprende a Huawei y ZTE, en telecomunicaciones; Lenovo, que fabrica servidores en Monterrey; Hisense, con plantas de televisores y electrodomésticos en Baja California y Nuevo León; además de DiDi, en movilidad, reparto y servicios financieros.
En el sector automotriz, BYD, SAIC Motor (propietaria de MG), Geely, Chirey y Great Wall Motor comercializan vehículos, aunque su integración productiva resulta desigual. BYD amplió su red comercial, pero todavía no concreta una fábrica.
Hisense reporta más de 7,000 trabajadores en sus dos plantas y una producción anual cercana a 5.25 millones de televisores y 400,000 refrigeradores. En minería destaca Ganfeng Lithium, propietaria del proyecto de litio de Sonora, ahora atrapado en una disputa con el gobierno mexicano por la cancelación de concesiones.
La inversión oculta de China en México
La huella china cambia según la metodología. La Secretaría de Economía contabiliza 5,878 millones de dólares acumulados hasta 2025. El Monitor de la OFDI china en América Latina y el Caribe 2026, elaborado por Enrique Dussel Peters, identifica 26,451 millones mediante el seguimiento de transacciones empresariales: una cifra 4.5 veces mayor.
La diferencia no implica que el registro oficial sea incorrecto. Parte del capital llega mediante filiales o sociedades domiciliadas en terceros países y queda clasificada bajo otra nacionalidad.
México acumuló 209 transacciones y 267,167 empleos asociados entre 2000 y 2025. Tan solo de 2020 a 2025 fue el primer destino regional por operaciones, con 98, y por empleos, con 157,338. Por monto ocupó el tercer lugar, con 11,567 millones de dólares, equivalentes a 17.41% del total latinoamericano.
La inversión identificada aumentó de 1,508 millones de dólares en 2020 a 3,017 millones en 2024, pero cayó a 588 millones en 2025 . Las operaciones descendieron de 22 a 15, señal de que el capital también reacciona a la incertidumbre geopolítica.
El T-MEC mira al gigante asiático
La revisión del T-MEC ya no se limita a aranceles, reglas de origen o acceso a mercados. Especialistas reunidos por El Colef, el CIDE y la Secretaría de Relaciones Exteriores señalaron que Estados Unidos busca convertir el tratado en una herramienta para reorganizar cadenas, vigilar inversiones y reducir la dependencia de insumos asiáticos.
“México está atrapado en dos grandes proyectos”, afirmó David Fonseca Corral, vinculado al seguimiento del T-MEC en el Senado. Washington quiere cadenas norteamericanas capaces de competir con China, mientras Pekín impulsa la Franja y la Ruta para asegurar mercados, materias primas e insumos estratégicos.
Fonseca explicó que Estados Unidos pretende incorporar blindajes contra insumos asiáticos, en especial chinos, además de controles sobre inversiones en puertos, aeropuertos, semiconductores e infraestructura estratégica. Advirtió, sin embargo, que frenar de manera general el capital chino vulneraría la soberanía mexicana.
Las propuestas podrían traducirse en reglas de origen más estrictas, mayor trazabilidad y restricciones a componentes o inversiones, aunque todavía forman parte de la negociación y no de un acuerdo cerrado.
Del nearshoring a la seguridad
Marcela Maldonado, académica de la Universidad Autónoma de Nuevo León, sostuvo que la región transita del nearshoring al security shoring: ya no basta producir cerca de Estados Unidos, también importa hacerlo con aliados confiables y comprobar el origen de cada pieza.
China domina el procesamiento de minerales críticos y restringe materiales como galio y germanio. Washington responde con controles a semiconductores, inversiones y exportaciones. En ese escenario, el T-MEC puede cerrar espacios a componentes chinos y presionar a México para armonizar sus controles.
Maldonado destacó que México gana participación en Estados Unidos mientras aumentan sus importaciones asiáticas. Esa relación alimenta sospechas de triangulación, pero no prueba transbordo ilegal: los insumos pueden transformarse legalmente dentro de cadenas mexicanas.
Magdalena Alcocer Vega, académica de la Universidad Anáhuac, explicó que Washington teme que México funcione como plataforma indirecta para China. Por eso vigila componentes, puertos e inversiones ligadas a semiconductores, inteligencia artificial y manufactura avanzada. El país, dijo, deberá demostrar que su expansión industrial también fortalece la seguridad regional.
Optimismo condicionado
Las empresas chinas aún observan oportunidades. Un 64.1% confía en la economía digital mexicana y 66% en la economía verde, con interés en comercio electrónico, pagos, transporte digital, generación solar, redes eléctricas, almacenamiento y movilidad sustentable.
Pero también exigen políticas transparentes, revisiones imparciales, estabilidad regulatoria y mejores servicios para inversionistas. México deberá conservar su acceso a Estados Unidos sin aceptar automáticamente todos sus filtros ni permitir que la relación con China alimente dudas sobre sus exportaciones.
China ya atraviesa casi toda la agenda del T-MEC: acero, semiconductores, minerales, puertos, tecnología, inversión y reglas de origen. La fricción aumenta, pero las empresas chinas no se retiran. El verdadero reto consiste en evitar que México termine como terreno de disputa entre dos potencias sin construir capacidades propias.