E: ¿Cómo puede un propietario de hotel pertenecer a la cadena Oyo?
FS: En este momento, estamos muy enfocados en ir a buscar a esos hoteles, ir a ver propiedades que creemos que les podemos dar un valor. De eso viven la mayoría de ellos, muchos son emprendedores o empresarios, y nosotros queremos ayudarlos a maximizar la utilización de ese activo que ya tienen. A muchas dependencias de gobierno les gusta trabajar con Oyo y nos buscan porque ayudamos a renovar estas ubicaciones que ya están en las ciudades, edificios que ya tienen muchos años, que por cualquier razón no se les ha podido invertir. De alguna forma, revitalizamos un ecosistema en la ciudad que ya existe, y hacemos que los huéspedes sepan que tienen un lugar donde se pueden hospedar y van a recibir el servicio que están esperando.
E: ¿Cuánto invierten en la rehabilitación de las propiedades?
FS: Primero, tenemos un acercamiento con los dueños de la propiedad. Luego, de la mano con ellos, hacemos un diagnóstico, les damos una consultoría sobre el potencial que le vemos a la propiedad y una sugerencia sobre los cambios que habría que hacer. Dependiendo de la propiedad y de nuestros propios modelos, hay un cierto monto que podemos invertir, aunque tenemos obviamente nuestros límites. Normalmente, lo que hacemos es coinvertir con los propietarios. Al momento que ellos saben que si le invierten un poco de dinero, más el que nosotros le vamos a invertir, van a poder tener mayor ocupación y mayores ingresos, cobra sentido todo el modelo financiero.
E: ¿Cuál es el esquema económico que le plantean a sus propietarios?
FS: Cada uno de los acuerdos es diferente. Después de la consultoría a cada hotel, para saber si cumplen con lo necesario para ser parte de grupo, diagnosticamos los cambios que se tendrían que hacer. De ahí se desprende un presupuesto, que compartimos y platicamos con los dueños de la propiedad.
En Oyo tenemos un esquema de trabajo bastante flexible. Hay algunos propietarios que quieren invertir en su propiedad, así que solo nos ponemos de acuerdo en los cambios y ellos hacen toda la inversión de frente. Hay otros casos en los que los dueños no tienen acceso a capital o, en ese momento, no pueden hacer la inversión, y nosotros decidimos no entrar. El caso que más nos gusta, que es además el más frecuente, ambas partes invertimos para hacer adecuaciones en la propiedad. Como la inversión es variable, también lo es la comisión. Al final del día, en función de cuánto dinero tengamos que invertir en la propiedad, determinamos el retorno que queremos alcanzar, y así es como fijamos la comisión con los propietarios.
El esquema más habitual es aquel en el que nuestra inversión ronda entre los 5,000y los 8,000 pesos por habitación, lo que nos permite hacer cambios significativos en la propiedad, y donde los dueños también tienen que aportar con montos que no les suponen a ellos descapitalizarse. Ese es el rango normal, y la comisión viene en función del monto de inversión y el plazo del contrato. Nosotros firmamos acuerdos en los que administramos todo el inventario del hotel, la venta de todas las habitaciones, y cobramos tarifas que rondan los veintitantos por ciento de las ventas. Además, tenemos algunos cargos como son cuotas de retribución, en los casos en los que la inversión es más fuerte o los propietarios quieren campañas de marketing más específicas. Cuando no se requiere hacer ninguna transformación en la propiedad, ahí pueden ser más bajas las tarifas.
También lee: Cómo conseguir la mejor habitación de hotel
E: ¿Cuál es la permanencia mínima que les exigen a sus socios?
FS: Como en cualquier acuerdo, hay un contrato. Típicamente, buscamos firmar acuerdos a cinco años, porque nos permiten invertir capital y asegurarnos de que tenemos el tiempo suficiente para obtener retornos. Hay acuerdos con banderas más provisionales y otros de mayor plazo. Cuando un propietario está contento, el plazo del contrato se vuelve secundario, porque van a querer permanecer y renovar. Si la otra parte no está contenta va a tratar de llegar a una salida anticipada. Entonces, nos gusta darnos ese plazo para saber que recuperamos la inversión, que podemos mostrar nuestro trabajo, pero, al final del día, el dueño de la propiedad sigue siendo él, y el contrato no los ata de por vida, ni nada por el estilo.