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Este es el mexicano que desarrolla una vacuna contra el coronavirus

Andrey Zarur, fundador de GreenLight Biosciences, trabaja en soluciones de ácido ribonucleico para agricultura y ciencias de la salud. Entre ellas, busca una vacuna "accesible" contra el COVID-19.
mar 23 junio 2020 05:04 AM
Andrey Zarur
Andrey Zarur estudió en la UNAM y tiene un doctorado en ingeniería química por el Massachusetts Institute of Technology (MIT). Fundó su empresa en ese lugar de Estados Unidos.

¿Cuándo llegará la vacuna contra el coronavirus? Es la pregunta que todo el mundo se hace, y también la que más escucha el mexicano Andrey Zarur. Su respuesta es a la vez optimista y pesimista: "Generar una vacuna realmente no es una cosa tan difícil. Lo que va a ser difícil es que, para poder vencer realmente al coronavirus, vamos a tener que producir 7,000 millones de dosis de esa vacuna".

Este ingeniero químico, que estudió en la UNAM y tiene un doctorado en el Instituto de Tecnología de Massachusetts —una de las universidades más prestigiosas del mundo—, fundó en 2009 la empresa GreenLight Biosciences, en Estados Unidos. Desde entonces, ha levantado más de 200 millones de dólares en inversiones para desarrollar soluciones de ácido ribonucleico para agricultura y ciencias de la salud. Entre ellas, busca una vacuna "accesible" contra el COVID-19, con un programa que arrancó hace mes y medio y para el que obtuvo 17 millones de dólares de inversionistas.

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Expansión: ¿En qué consiste el programa para el COVID-19 que ha desarrollado su empresa?

Andrey Zarur: El programa del COVID arrancó prácticamente hace mes y medio, y tiene dos facetas. La primera es introducir una serie de nuevos candidatos, o sea, nuevas formulaciones, para poder prevenir la infección de COVID-19. Hay más de 150 empresas desarrollando diferentes vacunas contra el COVID-19, y dentro de ese grupo, hay aproximadamente 10 compañías que están enfocadas en utilizar ácido ribonucleico como vacuna. Nosotros pertenecemos a esa categoría.

Decidimos empezar con nuestra propia formulación, digamos que como respaldo a las formulaciones que ya se encuentran en pruebas químicas. Hoy en día, hay una empresa aquí en Estados Unidos, que se llama Moderna, que tiene ya una molécula basada en ácido ribonucleico que está en fase 2 de pruebas químicas. Es la vacuna más avanzada dentro de la categoría de ácido ribonucleico. Nuestro candidato a vacuna es diferente que el de Moderna. Digamos que la estamos utilizando como un plan B en el caso de que, para cuando la vacuna de Moderna sea aprobada, el virus haya mutado de forma significativa y la vacuna de Moderna no sea tan eficiente como esperamos. Si éste fuera el caso, las moléculas que está desarrollando Greenlight serían el plan B, el respaldo. Estas moléculas nuestras están ahora siendo probadas en animales, y los resultados hasta el momento han sido extremadamente exitosos.

Por otra parte, el otro compromiso que tiene Greenlight es el de poner nuestra plataforma de manufactura a la disposición de la industria farmacéutica en general. La ventaja que tiene Greenlight es que podemos manufacturar productos basados en ácido ribonucleico de forma muchísimo más barata, con órdenes de magnitud de miles de veces más barato, que otras empresas. Y por las mismas cualidades de nuestra plataforma, también podemos desarrollar muchísimas más dosis que las que se pueden fabricar con otras tecnologías. Entonces, nuestro compromiso con la industria es poder llegar a producir las miles de millones de dosis que se van a requerir para combatir el COVID-19, y hacerlo de manera que el precio de cada una de estas dosis sea accesible a cada uno de los habitantes de nuestro planeta.

¿Por qué su plataforma de manufactura es más barata?

Nuestra plataforma está basada en un proceso biológico natura. Nosotros fabricamos el ácido ribonucleico en una forma muy parecida a como se fabrica en la Naturaleza. El ácido ribonucleico es una molécula natural, que existe en cada uno de nosotros, en todos los seres vivos, y la plataforma que ha desarrollado Greenlight está prácticamente inspirada y guiada por los procesos naturales que existen para llevar a cabo la manufactura de ácido ribonucleico.

En contraste con esto, todas las demás empresas que trabajan en ácido ribonucleico lo reproducen de manera química, a base de una serie de reacciones de química orgánica que realmente no son tan parecidas a la manera en que lo hace la Naturaleza. Por lo tanto los resultados no son de tan alta calidad y se requieren una serie de pasos de purificación y unas materias primas que son muy escasas y muy caras. En cambio, nosotros utilizamos como materia prima básicamente azúcar, que alimenta las células que después fabrican el ácido ribonucleico que nosotros empleamos.

¿Es este proceso el que ponen a disposición de otras compañías?

Correcto. Si la vacuna (de ácido ribonucleico) que desarrolle cualquiera de las otras empresas funciona, y continúa funcionando a pesar de las mutaciones que pudiera sufrir el virus, entonces nosotros pondríamos nuestra plataforma a disponibilidad de esas empresas, para que pudiéramos manufacturar juntos los miles de millones de dosis que se requieren.

Por otra parte, si esos candidatos no funcionaran, por las mutaciones que está sufriendo el virus, entonces a lo mejor uno de nuestros candidatos, que como dije los estamos planteando como “suplentes”, podría llegar a funcionar. La otra ventaja de nuestra plataforma es la rapidez con la que podemos desarrollar secuencias nuevas. Entonces, en cuanto veamos una mutación nueva en el genoma del virus, podemos incorporar esa mutación en el diseño de nuestra vacuna.

¿De verdad tendremos vacuna en 2021 o estamos siendo demasiado optimistas?

Yo creo que sí. Yo creo que para el Día de Acción de Gracias, que es a finales de octubre, tendremos suficientes datos para decidir cuáles son los candidatos de vacunas que funcionan, y para la primera mitad de 2021 vamos a tener alguna vacuna aprobada.

Pero eso es muy diferente a que esa vacuna se encuentre disponible en todos los rincones del planeta. En mi opinión, ese es el problema grave que tenemos que resolver en conjunto. Generar una vacuna realmente no es una cosa tan difícil, lo que va a ser difícil es que para poder vencer realmente al coronavirus, vamos a tener que producir 7,000 millones de dosis de esta vacuna, tenemos que vacunar a cada uno de los habitantes de nuestro planeta. Ahí es donde veo yo el gran reto para la humanidad, en trabajar juntos para poder producir todos estos de miles de millones de dosis.

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¿Qué soluciones existen para superar este reto de conseguir una vacuna a escala global y un costo accesible?

Yo puedo hablar de la solución del ácido ribonucleico. Greenlight tendrá la capacidad —hoy en día no la tenemos, pero la estamos construyendo— para poder manufacturar estos miles de millones de vacunas para mediados del año que viene. Estaremos a tiempo para recibir al “ganador”, y a un costo que debe ser menor a los 10 dólares por dosis. Y nuestro objetivo ideal es eventualmente llevarlo a alrededor de 1 dólar por dosis.

Tenemos que desarrollar un proceso que sea escalable, que sea portátil, que se pueda reproducir en cualquier parte del mundo, y que pueda generar todas estas dosis de vacunas a un costo razonable. Eso es lo que creemos que podemos hacer con ácido ribonucleico mensajero.

Desde el punto de vista de las demás vacunas, de las vacunas que están basadas en tecnologías más “antiguas”, el problema que tenemos es la velocidad. O sea, hoy en día tenemos producción de vacunas contra la polio, contra la rabia, contra el sarampión y demás, que han llegado a escalarse a unos costos de producción realmente bajos. Pero el problema con estas tecnologías más antiguas es que la inversión de capital que se necesita hacer por adelantado es enorme. Es un poco el juego del huevo y la gallina, ¿no? ¿Qué hacemos primero? Nadie quiere hacer una inversión de miles de millones de dólares sin saber si su vacuna va a ser la que va a ganar. La ventaja principal de la plataforma de Greenlight es que esta inversión inicial es realmente baja, estamos hablando de menos de 100 millones de dólares de inversión de capital para generar miles de millones de dosis.

¿Por qué eligió fundar la empresa en Estados Unidos?

Desde un principio, el propósito de la empresa fue tratar de reemplazar el uso de productos petroquímicos, tanto en la industria farmacéutica como en la industria de la agricultura, con productos naturales. Nuestra convicción es de que utilizar fuentes de hidrocarburos fósiles para insecticidas y pesticidas, así como materiales primarios en el sector químico, no es sustentable, contribuye de manera significativa al calentamiento global y consume recursos no renovables. Greenlight nace como una idea de tratar de reemplazar todos estos recursos no renovables, todos estos químicos derivados del petróleo, con productos que podamos obtener de la Naturaleza.

Y para poder gestionar una empresa de este calibre, se requiere una inversión muy significativa. Hasta la fecha, Greelinght ha recibido más de 200 millones de dólares de inversión, de inversionistas privados. Esto es muy complicado hacerlo fuera de Estados Unidos. Ciertamente se puede llegar a hacer en ciertas partes de Europa, pero de ninguna manera tenemos este medio ambiente de capital de riesgo en países de Latinoamérica. Estados Unidos es el lugar donde están disponibles estos recursos fundamentales que son indispensables para el desarrollo de ciencia y tecnología de punta.

De hecho, Greenlight acaba de lograr un financiamiento Serie D por 107 millones de dólares. ¿Para qué se emplearán los recursos?

Levantamos 17 millones de dólares hace casi un par de meses, para acelerar la producción de compuestos que nos puedan ayudar a contrarrestar el COVID, pero eso sucedió a la mitad de nuestro esfuerzo para levantar capital con el que respaldar muchos de los otros proyectos que tenemos en agricultura y en ciencias de salud.

Entonces, ahora hemos cerrado esos otros 102 millones de dólares, que son realmente para impulsar la introducción de una serie de productos para el campo, insecticidas principalmente, a base de ácido ribonucleico, y para poder llevar a las clínicas una serie de soluciones dentro de las ciencias de la salud humana, incluyendo vacunas contra la influenza, tratamientos contra la anemia y una serie de plataformas que estamos desarrollando en colaboración con compañías farmacéuticas.

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Más allá del tema de la vacuna, ¿cuáles son sus proyectos?

Del lado de la agricultura, estamos súper emocionados porque estamos a punto de someter nuestro primer producto a que sea aprobado por la EPA (la Agencia de Protección al Medioambiente de Estados Unidos). Es un insecticida que protege la cosecha de papa.

Justo detrás de esto, tenemos dos productos, también para agricultura, que se encargan de proteger cosechas de frutas y vegetales contra infecciones por medio de hongos. Estas infecciones por medio de hongos son las causantes de aproximadamente el 30% del desperdicio de alimentos a nivel global, es un problema humanitario bastante grande y que obviamente tiene un impacto económico enorme en los agricultores.

Del lado de las ciencias de la salud humana, además de la vacuna contra el coronavirus, estamos desarrollando una vacuna contra la influenza, tanto para la influenza anual, de la cual ya recibimos una vacuna, como para podernos preparar contra una pandemia que no esté basada en coronavirus sino que esté basada en influenza.

Yo siento que la humanidad, dentro de toda la miseria que estamos viviendo y toda la pérdida de vidas humanas, ha sido muy afortunada de que la causa de esta pandemia fuera un coronavirus y no un virus de la influenza. El problema con los virus de la influenza es que el grado de mutación es mucho mayor que el del coronavirus, y por lo tanto, desarrollar una vacuna contra la influenza es mucho más complicado. En Greenlight, tenemos ya casi tres años preparándonos para contrarrestar una potencial pandemia basada en influenza.

Realmente, no nos imaginábamos, cuando empezamos con estos esfuerzos, que nos fuéramos a enfrentar a una pandemia causada por otro virus. Pero continuamos con esos esfuerzos porque creemos, así como cree la sociedad científica mundial, que una pandemia basada en influenza es solamente cuestión de tiempo antes de que la tengamos que enfrentar.

Por un lado, ahora todo el mundo está esperando la vacuna. Pero por otro, hay gobiernos recortando los presupuestos de Investigación y Desarrollo, debido a la crisis económica. ¿Cuál es su opinión sobre este tema?

Exactamente, creo que hay mucho énfasis ahora en investigación en la salud humana, en enfermedades infecciosas, en continuar tratando de descubrir nuevas plataformas para producir vacunas y medicamentos que nos permitan prevenir o contrarrestar una pandemia. Yo creo que esto va a continuar, pero sí va a haber una reducción de los presupuestos de investigación en otras áreas, desgraciadamente.

Ahora, la humanidad debería invertir más en tecnología e investigación, y no hacer lo que está haciendo México, por ejemplo, cortando los presupuestos de investigación en más del 75% en el CIDE y en el Conacyt y en el Cinvestav. Es una blasfemia, en un momento en el que necesitamos más recursos en ciencia e investigación. Y tener como pretexto que los científicos de la UNAM y del Conacyt y del Cinvestav son corruptos, no se lo cree nadie.

¿Ve complicada la situación para la ciencia en México?

Complicadísima. Creo que tenemos un liderazgo que no cree en la ciencia. Es lo mismo que está pasando en la Casa Blanca, donde tenemos un presidente que no acepta que el calentamiento global es un hecho comprobado científicamente, y que no es un instrumento político. Creo que hay muchos paralelos entre lo que estamos viviendo en México y lo que estamos viviendo en Estados Unidos. A final de cuentas, los presidentes de estas naciones desarrolladas, de estas naciones de primer mundo, deberían creer firmemente que la ciencia y la tecnología son vehículos para la prosperidad, y no manchas en su presupuesto.

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