El principal factor que explica que Corea del sur le haya dado la vuelta a México es el estado dirigista en Corea, explica Juan José Ramírez, doctor en Desarrollo Económico y Social del Centro de Estudios de Asia y África de El Colegio de México. “La intervención del estado tuvo una importancia decisiva en la capacidad que tuvo el país para general grandes empresas desde el inicio de la industrialización de Corea y para instaurar un sistema de protección económica que ha variado con el tiempo”, señala el académico.
En Corea “ha habido una continuidad en la capacidad del estado para dirigir la economía”, dice Ramírez, pero esta continuidad ha tenido también como elemento principal la flexibilidad para que el estado adapte las políticas a los contextos internacionales, haciendo que el país crezca y se desarrolle en un mundo global.
Por el contrario, el desarrollo de México se ha limitado por la falta de una política industrial de visión de Estado (y política) a largo plazo y la “confusión de que el libre comercio era sinónimo de política industrial”, comenta De la Cruz. El error, señala el especialista, es que creyó que con el hecho de que la economía se abriera lograría un intercambio de tecnología e innovación, pero esto solo se quedó dentro de las empresas y no transmitió al resto del país. “Pareciera que México no se ha abierto a los nuevos sectores, que no es participe con empresas propias, está renunciando a participar como líder en eso que es el futuro”, dice De la Cruz.
Las consecuencias de este rezago son más evidentes con la crisis del coronavirus. “La respuesta tanto para enfrentar la pandemia como para reactivar la economía está en tener alto desarrollo tecnológico y en empresas que lo impulsen en conjunto con las decisiones de gobierno”, afirma De la Cruz.