"Creo firmemente que el uso del hidrógeno -en combustibles sintéticos o utilizados como fuente de energía primaria para aviones comerciales- tiene el potencial de reducir significativamente el impacto climático de la aviación", apuntó su presidente ejecutivo, Guillaume Faury.
Sus técnicos admiten que el hidrógeno es la energía con más potencial para conseguir el objetivo de las cero emisiones, aunque a nivel tecnológico queda mucha investigación pendiente.
Y es que para dar este gigantesco paso es imprescindible producir hidrógeno a gran escala de forma no contaminante y poner en marcha importantes cambios en las infraestructuras aeroportuarias.
Todos los centros de Airbus en sus distintos países, según Llewellyn, están implicados en el cumplimiento de ese objetivo de liderar la descarbonización en el sector aeronáutico.
"La hoja de ruta es ambiciosa pero nuestra convicción es fuerte", recalcó la jefa de Tecnología Grazia Vittadini, según la cual "si hay algo que la COVID-19 y la crisis ha demostrado es la necesidad de un entorno saludable".
Esa misma pandemia que ha frenado la actividad aérea es la que ha puesto a Airbus en números rojos en el primer semestre, con pérdidas de 1,919 millones de euros (unos 2,270 millones de dólares), que integran cargos por 900 millones (1,065 millones de dólares) relacionados con la epidemia.