Entre los incidentes reportados por las ARMY se encuentran caídas del sistema durante el proceso de compra, fallas en la fila virtual, invalidación de membresías del club de fans para acceder a la preventa, incrementos de precios al momento de concretar la compra y reventa en otras plataformas. Esto derivó en millones de quejas en redes sociales y más de 4,700 denuncias formales ante la Profeco.
“Estamos ante una crisis sistémica de infraestructura de mercado, porque un porcentaje muy reducido de la demanda real logró comprar boletos. Esto revela que el modelo actual de fila virtual ha alcanzado su techo de obsolescencia frente a una demanda globalizada e hiperconectada”, advierte Ángel Méndez, consultor de negocios y académico de la Escuela Bancaria y Comercial (EBC).
Ticketmaster informó que la venta de boletos para los conciertos de BTS registró una alta demanda, con 2.1 millones de usuarios ingresando a la plataforma y un pico de más de 1.1 millones de personas formadas en la fila virtual. Esto contrastó con la disponibilidad de 136,400 boletos, correspondientes a tres fechas definidas previamente por el artista, su equipo y el promotor de la gira.
“Esta diferencia estructural entre el número de personas interesadas y los boletos disponibles explica por qué no fue posible satisfacer la totalidad de la demanda”, señaló la empresa en un comunicado, en el que negó la imposición de tarifas dinámicas.
Otra de las principales quejas de las ARMY es la reventa de boletos, una preocupación recurrente en otros eventos. Se trata de una práctica sobre la que Ticketmaster asegura no tener control, ya que no puede topar precios sin incurrir en una violación a la Ley de Competencia, mientras que la Profeco aseguró que sancionará a las plataformas de reventa.
En este sentido, la empresa sostiene que la práctica afecta a los fans y distorsiona el acceso equitativo a los boletos. “La reventa ilegal es un desafío que enfrenta toda la industria del entretenimiento y requiere esfuerzos coordinados entre autoridades, promotores y plataformas”, señaló la compañía.
No es la primera vez que Ticketmaster enfrenta una encrucijada. En diciembre de 2022, durante los conciertos de Bad Bunny en el entonces Estadio Azteca, el sistema de lectura de la empresa colapsó ante la cantidad de boletos falsos. La falla derivó en una investigación por parte de la Profeco, sin que se aplicara una multa económica final, luego de que la empresa realizara reembolsos y compensaciones a los afectados.