Qué hace diferente a Starlink de todo lo que existía antes
Para entender por qué Starlink importa, hay que entender una diferencia técnica que pocas veces se explica con claridad.
Los cables submarinos necesitan una estación de aterrizaje dentro de cada país para funcionar. Esa estación se conecta al gateway nacional, que a su vez se integra con la red interna de fibra óptica. El resultado: cada gobierno controla el ancho de banda que entra y sale por esos cables.
Los satélites funcionan diferente. Una red como Starlink puede conectarse directamente con el dispositivo del usuario en cualquier país, sin pasar por el gateway nacional. Para operar en un territorio, la empresa solo necesita permiso para usar el espectro de frecuencias de radio. No necesita construir nada en tierra.
Esa diferencia técnica tiene una consecuencia que va mucho más allá de la cobertura en zonas remotas: quien controla la red satelital tiene acceso a un canal de comunicación que no puede bloquearse desde adentro con la misma facilidad con que se bloquean los cables.
De los primeros satélites al control de 130 países
Starlink comenzó operaciones comerciales en 2021 en Estados Unidos y Canadá. En 2023 empezó a ofrecer conectividad a bordo de aerolíneas comerciales a 150 Mbps. Para 2024, su red cubre 130 países.
Según un análisis publicado en el National Defense Journal de Vietnam sobre la competencia satelital entre Estados Unidos y China, hoy existen alrededor de 6,000 satélites de órbita baja activos en el mundo. De esos, 5,000 son estadounidenses. China opera aproximadamente 600.
De acuerdo con información citada por The Wall Street Journal a partir de anuncios de la propia compañía, Starlink ya tiene 7,000 satélites fabricados para servicio comercial, con planes de llegar a 12,000 en los próximos cinco años. El horizonte de largo plazo contempla 34,400 satélites en órbita en los próximos 15 años.