De la salida forzada de Jobs en 1985 a la transición de Ternus en 2026: cómo Apple dejó atrás décadas de caos
Apple no siempre supo cambiar de CEO. Tras conflictos internos y fracasos en los 80 y 90, la empresa convirtió la sucesión en un proceso más controlado.
Apple cambiará de CEO en 2026 con una transición anunciada y sin señales de conflicto interno. Tim Cook dejará el cargo para asumir como chairman, mientras John Ternus tomará el control operativo. La escena parece controlada, pero rompe con décadas en las que Apple solo cambiaba de liderazgo en medio de crisis.
Durante años, Apple no supo ordenar sus cambios de mando. Cada relevo respondió a crisis internas, tensiones entre ejecutivos o resultados financieros adversos. La transición actual no es continuidad automática: es el resultado de ese historial.
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Cuando Apple tuvo que ceder el control porque sus fundadores eran considerados inexpertos
Photology1971(Getty Images)
En sus primeros años, Apple no confiaba plenamente en sus fundadores para dirigir el negocio. Steve Jobs y Steve Wozniak eran vistos como perfiles técnicos sin experiencia ejecutiva, por lo que la empresa apostó por traer liderazgo externo.
Michael Scott fue el primer CEO bajo esa lógica. Venía de la industria de semiconductores y asumió el control operativo, pero su gestión evidenció la falta de una cultura organizacional sólida. Episodios como el “Black Wednesday”, cuando despidió a decenas de empleados en un solo día, reflejaron un modelo basado en decisiones individuales, no en procesos.
Tras su salida, Mike Markkula —inversionista clave y uno de los primeros accionistas— asumió el rol de forma interina. Su perfil técnico y financiero ayudó a estabilizar momentáneamente a la empresa, pero no resolvió el problema de fondo: Apple seguía sin definir cómo debía estructurar su liderazgo.
El fichaje de Sculley que terminó con la salida de Jobs en 1985
En 1983, Apple tomó una decisión que parecía lógica en ese momento: contratar a John Sculley, entonces presidente de Pepsi, para profesionalizar la empresa y darle una imagen de estabilidad.
La apuesta no funcionó como se esperaba. La relación entre Sculley y Jobs se deterioró rápidamente por diferencias en la forma de dirigir la compañía. Jobs mantenía un estilo intenso e impredecible; Sculley buscaba imponer disciplina corporativa.
El conflicto escaló hasta que el consejo directivo intervino. En 1985, Jobs fue removido de sus funciones y terminó dejando la empresa. La salida del fundador no fue una transición planeada, sino una ruptura interna que evidenció la fragilidad del modelo de liderazgo de Apple.
Los años en los que Apple cambiaba de CEO tras pérdidas y fracasos
Tras la salida de Jobs, Apple vivió una etapa de crecimiento bajo Sculley. Las ventas pasaron de 982 millones de dólares en 1983 a 7.9 mil millones en 1993, impulsadas por productos como el Macintosh y el PowerBook.
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Sin embargo, ese crecimiento no eliminó las tensiones internas ni los errores estratégicos. A inicios de los noventa, la empresa enfrentó presión por la competencia con Microsoft, una guerra de precios en computadoras personales y desacuerdos sobre su dirección.
Cuando los resultados se deterioraron, el consejo volvió a intervenir. Sculley fue forzado a salir en 1993.
Su reemplazo, Michael Spindler, impulsó una reestructuración profunda que incluyó el recorte de 2,500 empleos y una reorganización por líneas de producto. Aunque logró algunos avances, también acumuló fallas importantes, como proyectos que no prosperaron.
En 1996, Gil Amelio tomó el control en uno de los momentos más críticos de Apple. Su gestión estuvo marcada por pérdidas de 1.6 mil millones de dólares y por la incapacidad de definir una estrategia clara para recuperar a la empresa.
Durante toda esta etapa, Apple no cambiaba de CEO por decisión estratégica. Lo hacía como respuesta a problemas acumulados.
El regreso de Jobs que rescató el negocio, pero mantuvo un modelo dependiente de una sola figura
franckreporter(Getty Images)
En 1997, Apple compró NeXT, la empresa fundada por Jobs tras su salida. Con esa operación, el fundador regresó a la compañía, primero como asesor y después como CEO interino.
Su llegada marcó un punto de inflexión. Jobs impulsó productos que redefinieron la industria, como el iMac, el iPod, el iPhone y el iPad. También renovó el sistema operativo con Mac OS X y reposicionó la marca a nivel global.
Sin embargo, el modelo de liderazgo seguía centrado en una figura. Apple volvió a depender de una persona para tomar decisiones clave. El problema de fondo —cómo asegurar continuidad sin crisis— seguía abierto.
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Cook transforma Apple con procesos y la lleva de 1 a 4 billones de dólares
(Apple)
Cuando Jobs dejó el cargo en 2011 por motivos de salud, Tim Cook asumió como CEO. A diferencia de sus predecesores, no llegó como figura externa ni como solución de emergencia.
Cook había sido responsable de la operación global de Apple desde finales de los noventa. Su enfoque no estaba en reinventar productos, sino en optimizar procesos, cadenas de suministro y eficiencia operativa.
Bajo su liderazgo, Apple amplió su portafolio con productos como Apple Watch y AirPods, fortaleció su negocio de servicios y consolidó su presencia global.
Los resultados financieros reflejan ese cambio. En 2018, la empresa alcanzó una valuación de un billón de dólares. Para 2026, esa cifra llegó a cuatro billones.
Más allá de los números, el cambio fue estructural: Apple dejó de depender de decisiones individuales y empezó a operar bajo un modelo más predecible.
Ternus: el primer CEO formado dentro de Apple tras décadas de liderazgo reactivo
El nombramiento de John Ternus como CEO en 2026 representa una ruptura con el pasado. No es un ejecutivo externo ni una respuesta a una crisis.
Ternus lleva más de 25 años dentro de Apple. Ingresó en 2001 en el área de diseño de producto y ascendió hasta convertirse en vicepresidente senior de ingeniería de hardware. Ha estado involucrado en el desarrollo de productos clave como AirPods, Mac y Vision Pro.
Su perfil es distinto al de figuras como Sculley o Amelio. Tampoco responde al modelo de liderazgo carismático de Jobs. Representa una nueva etapa: un CEO formado dentro de la estructura que Apple construyó durante años.
Apple no siempre supo cambiar de CEO. Durante décadas, cada transición estuvo marcada por conflictos, errores o decisiones forzadas. La salida de Jobs en 1985 y la sucesión de 2026 muestran dos extremos de ese proceso. Entre ambos, la empresa pasó de reaccionar a las crisis a diseñar su liderazgo.