La observación reflejaba una de las paradojas del torneo, que se convirtió en un Mundial capaz de atraer turistas de alto poder adquisitivo, pero cuyos beneficios no necesariamente se derraman de manera uniforme entre pequeños comercios y restaurantes.
Dentro del estadio, el rojo se apoderó de las gradas. Españoles llegados desde Europa y aficionados mexicanos que adoptaron la camiseta de La Roja formaron una marea escarlata.
También había seguidores uruguayos, menos numerosos, pero más ruidosos durante buena parte del primer tiempo.
El ambiente celeste dominó hasta el minuto 42.
Entonces apareció el error. Fernando Muslera dejó escapar una pelota y Álex Baena aprovechó el regalo para marcar el único gol de la noche. Dos aficionados murcianos se abrazaron y levantaron una bandera de su país.
Habían llegado días antes al país. “Fuimos a Chichén Itzá y Cancún, pero nos ha gustado más Guadalajara”, contaron. Viajaban con un amigo mexicano que les había recomendado los lugares por visitar.
Entre las pausas de hidratación llegaron también los silbidos. Las nuevas interrupciones obligatorias de hidratación, implementadas por la FIFA en los 104 partidos del Mundial, han sido criticadas por los aficionados, pero representan una mina de oro para las televisoras.
De acuerdo con datos del Wall Street Journal, retomados por el medio especializado Huddle Up; Fox cobra hasta 200,000 dólares por anuncios de 30 segundos durante esas pausas, cifra que puede elevarse a 750,000 dólares en partidos de la selección de Estados Unidos. Los ingresos derivados de este nuevo inventario publicitario podrían superar los 250 millones de dólares, más de la mitad de los 485 millones que la cadena pagó por los derechos del Mundial.
El segundo tiempo fue más espeso.
La afición intentó llenar los silencios con la ola.
Una vez.
Dos veces.
Tres veces.
La ola no terminaba de despegar.
“Deja de caminar la cancha, cabrón. Vine a ver goles”, gritó un aficionado desesperado mientras España se aferraba al marcador.
Uruguay tampoco encontraba respuestas. En el tiempo agregado llegó el último golpe. Agustín Canobbio fue expulsado tras una dura entrada sobre Pau Cubarsí y luego intentó encender una trifulca con los jugadores españoles. La Roja evitó responder.
El silbatazo final confirmó la eliminación de la selección dirigida por Marcelo Bielsa. España avanzaba. Uruguay terminaba último del Grupo H con apenas dos puntos.
Los aficionados charrúas comenzaron a abandonar las gradas mientras desde algunos sectores ya se escuchaban cánticos dedicados a Cabo Verde, que terminó como segundo del Grupo H en su debut mundialista.
A la salida, un seguidor uruguayo resumió la frustración de su selección y, al mismo tiempo, la extraña fraternidad que el Mundial suele producir.
“Somos la vergüenza de América Latina, porque fuimos los únicos que no clasificamos, pero bueno. Ahora nosotros vamos con México, seremos hinchas de México”.
Mientras las luces del estadio se apagaban y los aficionados abandonaban las tribunas, Guadalajara comenzaba a hacer cuentas. El triunfo de España y el acercamiento diplomático entre dos países quedarán en la memoria, sin embargo, para Jalisco el marcador más importante apenas empieza a escribirse y dependerá de si la exposición global, el turismo y las inversiones logran traducirse en una derrama que alcance más allá de hoteles y zonas exclusivas.