El objetivo del plan es desarrollar proyectos de alta complejidad mediante la compartición de riesgos, costos y conocimientos técnicos. Además, plantea maximizar el valor de los hidrocarburos en favor del país, fomentar la inversión extranjera directa y fortalecer la transferencia tecnológica.
La cartera incluye campos de petróleo y gas, tanto maduros como nuevos, ubicados en áreas terrestres, aguas someras y aguas profundas, donde se requieren actividades como perforaciones, terminaciones de pozos y reparaciones mayores.
La meta de Pemex es que, una vez desarrollados los 21 contratos, estos aporten 450,000 barriles diarios de aceite en su punto máximo de producción, previsto hacia 2033. Para este año, la empresa proyectó incorporar 90,000 barriles diarios mediante este esquema.
El fin de rondas petroleras
Los contratos son unos de los principales esquemas de participación de empresas privadas en el sector tras la cancelación de las rondas petroleras en 2019.
Las rondas fueron un mecanismo de inversión que surgió tras la reforma energética del 2013 con las que se licitaron diversas áreas a grandes petroleras privadas a fin de que realizaran trabajos de exploración de hidrocarburos y que, eventualmente, se convirtieran en campos productivos de petróleo y/o gas natural.
En caso de que la exploración no fuera exitosa o comercialmente rentable, las pérdidas eran totalmente asumidas por el privado sin afectaciones a Pemex.
En total se realizaron tres rondas petroleras que derivaron en la adjudicación de 103 contratos en áreas terrestres, aguas someras y aguas profundas.
Al cierre de 2024, estos contratos habían generado ingresos por 12,271 millones de dólares, mientras que las inversiones acumuladas a febrero de 2025 ascendían a 18,969 millones de dólares.
El esquema fue cancelado en 2019, al inicio de la administración del expresidente Andrés Manuel López Obrador, bajo el argumento de que los contratos no habían entregado los resultados esperados y reducían el papel de Pemex.