El cambio regulatorio pone a prueba la competencia
La nueva configuración del mercado coincide con la transformación del sistema regulatorio mexicano. La reforma de telecomunicaciones de 2013 estableció un regulador autónomo, el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), con facultades para promover la competencia, reducir barreras de entrada y establecer medidas para limitar el poder de los operadores preponderantes.
En los últimos ocho años, sin embargo, los contrapesos institucionales del sector se debilitaron, un proceso que culminó con la desaparición del IFT y la creación de una nueva estructura de regulación y competencia.
El nuevo esquema distribuye las responsabilidades entre la Comisión Nacional Antimonopolio (CNA) y la CRT, pero ya no cuenta con la autonomía constitucional que tenía el instituto. Para los críticos del cambio, la mayor vinculación de las nuevas autoridades con el Ejecutivo abre interrogantes sobre la independencia de sus decisiones y la influencia que podrían ejercer los intereses políticos.
Moreno considera que esta transformación institucional ayuda a explicar la pérdida de atractivo del mercado mexicano para algunas multinacionales. La incertidumbre sobre las reglas y su aplicación puede modificar los cálculos de inversión de las empresas, sobre todo en una industria que necesita grandes desembolsos para desplegar y actualizar infraestructura.
Uno de los principales asuntos pendientes será la revisión de las medidas de preponderancia aplicables a América Móvil. Una flexibilización de esas obligaciones podría reducir los costos regulatorios del operador y modificar sus incentivos para invertir, pero también podría fortalecer su posición si no existen condiciones suficientes para contrarrestar su poder de mercado.
Una tendencia internacional
A nivel internacional, la industria avanza hacia estructuras con menos operadores y empresas de mayor tamaño, con el argumento de mejorar la rentabilidad y aprovechar las eficiencias de infraestructura. Esa tendencia ha llevado a revisar las obligaciones impuestas a grandes compañías para incentivar inversiones en fibra óptica y redes de nueva generación.
Moreno advierte, no obstante, que los cambios regulatorios de ese tipo se han producido en mercados que han alcanzado niveles de competencia efectiva, como Australia, Corea del Sur, Japón y Estados Unidos. Por ello, considera que México debe evaluar si cuenta con condiciones similares antes de flexibilizar las reglas.
La responsabilidad recaerá en las nuevas autoridades, que deberán determinar si una modificación de las obligaciones regulatorias puede atraer capital y modernizar las redes sin debilitar la competencia.
“CNA tiene responsabilidades enormes, un menor presupuesto, menos autonomía y menos capacidad técnica. Y probablemente dirán si es duopolio, es duopolio y con algún condicionamiento pero nada estructural”, consideró Moreno.
La especialista también señala la importancia de que las decisiones se sustenten en criterios técnicos y no en intereses políticos. Carlos Slim y Alfonso de Angoitia mantienen canales de interlocución con el Ejecutivo al formar parte del Consejo Asesor Empresarial, una circunstancia que, en opinión de Moreno, refuerza la necesidad de contar con instituciones capaces de aplicar las reglas de manera independiente.