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México tiene una de las monedas más caras del mundo, solo después del dólar australiano

Desde el punto de vista de su comportamiento en 10 años, el peso mexicano resulta la segunda moneda más apreciada entre 17 divisas analizadas.
Billetes y monedas de peso mexicano junto a gráfica de tipo de cambio, ilustrando la fortaleza de la divisa frente al dólar
El peso mexicano se mantiene entre las monedas más apreciadas frente a su promedio histórico, sostenido por tasas atractivas y flujos de capital, aunque con menor espacio para fortalecerse aún más.
(Andrzej Rostek/Getty Images)

El peso mexicano se ubicó como la segunda moneda más cara frente a su propio comportamiento histórico dentro de una muestra de 17 divisas, solo por debajo del dólar australiano, de acuerdo con un análisis basado en el tipo de cambio real efectivo.

¿Qué quiere decir esto? Los expertos no solo ven si una moneda subió o bajó de precio, sino que la comparan con cómo se ha comportado durante los últimos 10 años, tomando en cuenta la inflación y lo que pasa con las monedas de los países con los que México comercia más.

Con ese método, cuya métrica se conoce como z-score, el peso obtuvo una puntuación de 1.77, solo por debajo del 2.60 registrado por el dólar australiano. Cuanto más alto es ese indicador, mayor es la distancia entre el comportamiento actual de una moneda y su promedio histórico. En otras palabras, el peso se encuentra hoy mucho más fuerte de lo habitual respecto a la última década.

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Ramsé Gutiérrez, vicepresidente senior y codirector de Inversiones en Franklin Templeton, explicó que los valores positivos indican que una moneda está más cara o apreciada frente a su propia historia, mientras que los negativos muestran que se encuentra relativamente barata.

“El peso mexicano aparece entre las monedas más caras del universo analizado, con un z-score claramente positivo”, señaló.

El dato muestra que la moneda opera en una zona de valuación elevada, pero no significa necesariamente que deba depreciarse de inmediato. No obstante, “es importante distinguir entre una moneda ‘sobrevaluada’ desde un punto de vista estadístico y una moneda cuyo precio sea necesariamente insostenible”, explicó Janneth Quiróz, directora de Análisis Económico de Monex.

Los mercados financieros no se mueven únicamente alrededor de promedios históricos. También incorporan las condiciones actuales de una economía y las expectativas de los inversionistas. Si los factores que respaldan una moneda cambian de manera estructural, su nivel de equilibrio también puede modificarse.

Las tasas y los flujos sostienen al peso

La fortaleza del peso se explica, en parte, por las tasas de interés reales de México, que se mantienen entre las más atractivas de las economías emergentes. Aunque el Banco de México ha recortado su tasa de referencia, el diferencial frente a Estados Unidos todavía favorece la entrada de recursos hacia bonos y otros activos denominados en pesos.

A ello se suman los ingresos por remesas, el desempeño de las exportaciones manufactureras y los flujos de inversión extranjera directa, aunque buena parte de estos últimos corresponde a la reinversión de utilidades de empresas que ya operan en México.

Quiróz destacó también la integración comercial con Estados Unidos, la autonomía de Banxico y la percepción de una inflación relativamente controlada como factores que han sostenido la confianza en la moneda.

El peso, además, es una de las divisas emergentes más líquidas y negociadas en los mercados internacionales, señalaron ambos expertos. Esta característica permite que los inversionistas lo utilicen para realizar operaciones relacionadas con el apetito global por riesgo, lo que genera una demanda adicional que no depende únicamente de la economía mexicana.

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Asimismo, la apreciación tampoco responde exclusivamente a factores internos. Parte de ella se explica por la debilidad global del dólar ante las expectativas de una política monetaria menos restrictiva de la Reserva Federal y una moderación del crecimiento estadounidense. “La apreciación observada es resultado tanto de un peso relativamente fuerte como de un dólar relativamente más débil”, dijo Quiróz.

Otras mediciones también muestran un peso fuerte

El hallazgo revelado durante una conferencia de Franklin Templeton coincide con otras medidas de valuación. RBC estimó en abril, mediante un cálculo de paridad de poder adquisitivo, que el dólar debería cotizar cerca de 20.51 pesos mexicanos, frente a los 17.94 pesos observados entonces. Ahora mismo cotiza alrededor de los 17.46 pesos por dólar.

La diferencia de 2.57 pesos calculada por RBC, equivalente a alrededor de 14%, sugería que la moneda mexicana estaba más fuerte de lo que justificarían los precios relativos entre México y Estados Unidos.

La metodología no es idéntica al tipo de cambio real efectivo utilizado por Franklin Templeton, pero ambas mediciones apuntan en la misma dirección, que el peso se encuentra caro frente a referencias económicas o históricas.

Gutiérrez advirtió que una moneda puede permanecer en una valuación elevada durante periodos prolongados. Sin embargo, estos niveles suelen estar asociados con un menor margen de apreciación futura y una mayor sensibilidad ante cambios en las tasas, los flujos globales o la percepción de riesgo.

Esto significa que el peso todavía podría fortalecerse, pero cada avance adicional sería más difícil de justificar y dependería de que continúen los factores que actualmente lo respaldan.

Beneficios y costos de una moneda fuerte

Un peso apreciado genera beneficios para consumidores y empresas. Reduce el precio en moneda nacional de maquinaria, equipo, tecnología e insumos importados, ayuda a contener la inflación y disminuye el costo de las deudas contratadas en dólares. También aumenta el poder adquisitivo de los mexicanos que compran bienes importados o viajan al extranjero.

Pero la fortaleza cambiaria tiene costos para los exportadores. Cada dólar obtenido por sus ventas se convierte en una menor cantidad de pesos, lo que puede reducir sus ingresos y márgenes de rentabilidad.

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El impacto puede ser mayor entre pequeñas y medianas empresas proveedoras, que operan con márgenes más reducidos y tienen menos acceso a instrumentos de cobertura cambiaria.

Una apreciación prolongada también puede disminuir parte de la ventaja de costos que México ha utilizado para atraer manufactura. No obstante, el tipo de cambio es solo uno de los factores considerados por las empresas al decidir dónde invertir.

La cercanía con Estados Unidos, el acceso proporcionado por el T-MEC, la infraestructura, la disponibilidad de trabajadores capacitados y la integración de las cadenas de suministro pueden ser más importantes que el nivel puntual del peso.

Para Quiróz, la principal preocupación no debería ser que la moneda sea fuerte, sino que esa fortaleza no esté acompañada por aumentos sostenidos de productividad. Si la apreciación refleja más inversión, tecnología, capacidad exportadora y estabilidad macroeconómica, puede sostenerse sin comprometer la competitividad. Pero si depende principalmente de tasas elevadas, movimientos temporales del dólar y flujos financieros de corto plazo, el riesgo de una corrección aumentará.

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