Ramsé Gutiérrez, vicepresidente senior y codirector de Inversiones en Franklin Templeton, explicó que los valores positivos indican que una moneda está más cara o apreciada frente a su propia historia, mientras que los negativos muestran que se encuentra relativamente barata.
“El peso mexicano aparece entre las monedas más caras del universo analizado, con un z-score claramente positivo”, señaló.
El dato muestra que la moneda opera en una zona de valuación elevada, pero no significa necesariamente que deba depreciarse de inmediato. No obstante, “es importante distinguir entre una moneda ‘sobrevaluada’ desde un punto de vista estadístico y una moneda cuyo precio sea necesariamente insostenible”, explicó Janneth Quiróz, directora de Análisis Económico de Monex.
Los mercados financieros no se mueven únicamente alrededor de promedios históricos. También incorporan las condiciones actuales de una economía y las expectativas de los inversionistas. Si los factores que respaldan una moneda cambian de manera estructural, su nivel de equilibrio también puede modificarse.
Las tasas y los flujos sostienen al peso
La fortaleza del peso se explica, en parte, por las tasas de interés reales de México, que se mantienen entre las más atractivas de las economías emergentes. Aunque el Banco de México ha recortado su tasa de referencia, el diferencial frente a Estados Unidos todavía favorece la entrada de recursos hacia bonos y otros activos denominados en pesos.
A ello se suman los ingresos por remesas, el desempeño de las exportaciones manufactureras y los flujos de inversión extranjera directa, aunque buena parte de estos últimos corresponde a la reinversión de utilidades de empresas que ya operan en México.
Quiróz destacó también la integración comercial con Estados Unidos, la autonomía de Banxico y la percepción de una inflación relativamente controlada como factores que han sostenido la confianza en la moneda.
El peso, además, es una de las divisas emergentes más líquidas y negociadas en los mercados internacionales, señalaron ambos expertos. Esta característica permite que los inversionistas lo utilicen para realizar operaciones relacionadas con el apetito global por riesgo, lo que genera una demanda adicional que no depende únicamente de la economía mexicana.