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Coyote vs. Acme puso a la productora independiente Ketchup en el mapa con la película que Warner decidió archivar

La distribuidora independiente Ketchup Entertainment retomó una película terminada que el estudio no estrenó y convirtió a un personaje de 70 años en su carta de presentación ante Hollywood.
Anuncio de Coyote vs. Acme colocado en una casa con un mensaje de apoyo al personaje de Looney Tunes.
La promoción de Coyote vs. Acme aprovechó el respaldo al personaje después de que Warner archivó la película y Ketchup la llevó a los cines. (Diana Gante)

Coyote vs. Acme ya estaba terminada y lista para llegar a los cines cuando Warner Bros. Discovery decidió guardarla en 2023. El icónico personaje pasó dos años en una bóveda hasta que Ketchup Entertainment adquirió sus derechos mundiales y finalmente lo puso en la pantalla grande.

La película que Warner dejó fuera de sus planes encabezó la taquilla mexicana durante su estreno con 810,810 asistentes, y a la fecha ya acumula 224 millones de pesos, de acuerdo con la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica .

La jugada dio a Ketchup un personaje con siete décadas de reconocimiento, por lo que la empresa partió de una familiaridad que otros lanzamientos deben construir mediante inversión publicitaria.

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“El Coyote lleva 70 años acumulando afecto en varias generaciones, y ese afecto es trabajo de marca ya hecho. Ketchup se ahorró lo más caro de cualquier lanzamiento, que es construir reconocimiento desde cero”, explicó a Expansión Rodrigo Diez, consultor independiente de estrategia de marca.

El personaje también ofrecía una historia fácil de actualizar, pues después de sufrir durante décadas por los productos defectuosos de Acme, el Coyote decide demandar a la corporación, con lo que la película transforma una frustración conocida por varias generaciones en una trama nueva.

Roberto Báez, especialista en marketing, señaló en entrevista que esa vigencia ayudó a Ketchup a dirigirse tanto a los adultos que crecieron con Looney Tunes como a las audiencias más jóvenes.

“El Coyote es una marca que prácticamente no necesita presentación. Ketchup no está empezando de cero, está reactivando un activo cultural con el que las audiencias han ido empatizando a través de los años”, afirma.

Ketchup convirtió el rechazo de Warner en publicidad

La historia que rodeó a la película dio a Ketchup un segundo recurso de promoción, ya que la empresa pudo presentarse como la distribuidora que rescató un título archivado por uno de los estudios más grandes de la industria.

Warner le hizo el trabajo de promoción de la película sin saberlo . Al archivar una película terminada para deducir 30 millones de dólares, dejas servida una historia de buenos y malos”, sostiene Diez.

La narrativa colocó a Warner en el papel de la gran corporación que privilegió sus cuentas, mientras Ketchup apareció como la empresa que creyó en un personaje entrañable y respondió al interés de quienes querían ver la producción.

Parte del valor de la operación está en cómo puede modificar la percepción de Ketchup dentro de la industria, pues su manejo de Coyote vs. Acme puede acercarla a exhibidores, talento y proyectos que antes quedaban en manos de distribuidoras de mayor tamaño.

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“Coyote vs. Acme podría ser la película que puso a Ketchup en el mapa. El verdadero reto ahora no es solo cuánto recaudará en taquilla, sino la percepción que genere en la industria cinematográfica después de verla operar”, puntualiza Báez.

La taquilla mexicana ya demuestra que el personaje conservaba capacidad para convocar audiencias, aunque el impacto de largo plazo dependerá de que Ketchup convierta esa atención en reputación y nuevos acuerdos.

“Una historia de rescate no es una estrategia, es un golpe de suerte bien aprovechado que ahora hay que instrumentalizar”, advierte Diez. La siguiente apuesta mostrará si el Coyote realmente catapultó a Ketchup o solo le entregó un buen verano.

Acorde con los especialistas consultados, la lección de marketing es que el valor de una propiedad intelectual no depende solo de quién la posee, sino de quién encuentra una manera relevante de volver a presentarla.

En este caso, Ketchup no creó al Coyote ni produjo la película, pero aprovechó el reconocimiento acumulado del personaje y convirtió su rescate en una historia que el público quiso apoyar.

Warner, en cambio, quedó atrapada en el mismo papel que Acme ocupa dentro de la cinta, el de una gran corporación incapaz de reconocer el valor emocional de su propio activo.

Aunque archivar la película pudo responder a una decisión financiera, en términos de marketing cedió a otra empresa el control del relato y terminó generando involuntariamente la controversia que impulsó el estreno.

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