“El Coyote lleva 70 años acumulando afecto en varias generaciones, y ese afecto es trabajo de marca ya hecho. Ketchup se ahorró lo más caro de cualquier lanzamiento, que es construir reconocimiento desde cero”, explicó a Expansión Rodrigo Diez, consultor independiente de estrategia de marca.
El personaje también ofrecía una historia fácil de actualizar, pues después de sufrir durante décadas por los productos defectuosos de Acme, el Coyote decide demandar a la corporación, con lo que la película transforma una frustración conocida por varias generaciones en una trama nueva.
Roberto Báez, especialista en marketing, señaló en entrevista que esa vigencia ayudó a Ketchup a dirigirse tanto a los adultos que crecieron con Looney Tunes como a las audiencias más jóvenes.
“El Coyote es una marca que prácticamente no necesita presentación. Ketchup no está empezando de cero, está reactivando un activo cultural con el que las audiencias han ido empatizando a través de los años”, afirma.
Ketchup convirtió el rechazo de Warner en publicidad
La historia que rodeó a la película dio a Ketchup un segundo recurso de promoción, ya que la empresa pudo presentarse como la distribuidora que rescató un título archivado por uno de los estudios más grandes de la industria.
“ Warner le hizo el trabajo de promoción de la película sin saberlo . Al archivar una película terminada para deducir 30 millones de dólares, dejas servida una historia de buenos y malos”, sostiene Diez.
La narrativa colocó a Warner en el papel de la gran corporación que privilegió sus cuentas, mientras Ketchup apareció como la empresa que creyó en un personaje entrañable y respondió al interés de quienes querían ver la producción.
Parte del valor de la operación está en cómo puede modificar la percepción de Ketchup dentro de la industria, pues su manejo de Coyote vs. Acme puede acercarla a exhibidores, talento y proyectos que antes quedaban en manos de distribuidoras de mayor tamaño.