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Por qué China es el último país al que EU debe pedir ayuda

Beijing tiene una política exterior de no intervención en los asuntos internos de otro país, una política que parece noble, pero sirve para sus intereses.
vie 04 octubre 2019 01:20 PM
China
La idea de que el gobierno chino acceda a un acuerdo a cambio de algo como investigar a Biden representa una falta de comprensión importante del funcionamiento de la política china
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Sin embargo, el diplomático no nada más expresó su deseo de evitar el escándalo cada vez más caótico que podría dominar los meses previos a las elecciones de 2020 en Estados Unidos, sino que también manifestó un principio fundamental de la política exterior china.

Desde la década de 1950, China ha operado de acuerdo con el principio de no intervención en los asuntos internos de otro país. De hecho, muchas veces el gobierno chino se ha quejado de que otros países están haciendo justamente eso, fomentando la disidencia y alentando manifestaciones y separatismo.

En una llamada telefónica con el presidente de China, Xi Jinping, parecía que Trump confirmó las peores sospechas de China sobre Estados Unidos a este respecto. De acuerdo con dos fuentes que conocen de la plática, Trump prometió callar ante el descontento creciente con el gobierno en Hong Kong si avanzaban las negociaciones comerciales (no han avanzado y Trump no ha callado).

Se puede debatir que China realmente se apegue a su principio de no intervención. Sin embargo, la idea de que el gobierno chino acceda a un acuerdo a cambio de algo como investigar a Biden representa una falta de comprensión importante del funcionamiento de la política china y probablemente sirva de pista para entender por qué Trump no ha logrado avanzar en otros ámbitos con Beijing.

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Una política convenenciera

La política china de no intervención data del rompimiento de relaciones entre China y la Unión Soviética en 1956, suceso que redefinió la Guerra Fría como una disputa tripartita y sentó las bases para un acercamiento entre China y Estados Unidos.

Según los "Cinco principios de la coexistencia pacífica", China, al igual que otras potencias no alineadas como India y Myanmar, accedió a observar "el respeto mutuo de la soberanía y la integridad territorial, la no agresión mutua, la no intervención en los asuntos internos de los otros, el beneficio mutuo y la equidad y la coexistencia pacífica".

En los años y las décadas que siguieron a la exposición de dichos principios, China se enzarzó en una guerra tanto con India como con Vietnam; libró un conflicto fronterizo con la Unión Soviética; extendió enormemente su huella militar y territorial en el mar del sur de China , y amenazó repetidamente con invadir Taiwán .

Pese a que contravino abiertamente los otros principios, la no intervención ha sido un principio clave en la política exterior china, tanto en términos de lo que afirma respetar como en lo que les exige a sus aliados y sus rivales.

En Naciones Unidas, por ejemplo, en donde la República Popular de China ha ocupado un puesto en el Consejo de Seguridad desde 1971, el gobierno chino ha trabajado para "alejarse de los objetivos de desarrollo relacionados con los derechos humanos y centrar sus esfuerzos en el desarrollo económico", según un informe reciente sobre el rol de China en la ONU .

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China también ha votado repetidamente contra cualquier interferencia externa en los asuntos de otros países. El gobierno chino criticó duramente la invasión estadounidense en Irak en 2003, aunque originalmente estuvo a favor de que se tomaran medidas contra Sadam Huseín en la década de 1990, luego de que Irak invadiera Kuwait.

En 2007, el gobierno chino cerró filas con Rusia y vetaron las críticas a Myanmar por su situación en derechos humanos; al año siguiente, ambos también vetaron las sanciones contra Zimbabue, como lo han hecho varias veces en el caso de Siria .

China también ha sido el principal contrapeso en la ONU a cualquier medida contra las ambiciones nucleares de Corea del Norte y ha limitado lo que la comunidad internacional puede hacer y cuándo.

Esto ha sido una constante pese a que el gobierno chino ha aumentado su propio rol de pacificador en el extranjero; ha ampliado su huella militar en África y en toda Asia y ha hecho campañas en varios países para quitarle apoyos a Taiwán.

Tras días de violencia, más de un millón de hongkoneses protestan pacíficamente

"Parece que China encontró el equilibrio más conveniente —y astuto— entre la intervención legítima selectiva en el extranjero y la influencia diplomática al tiempo que conserva su capacidad de vetar a su conveniencia tanto las resoluciones del Consejo de Seguridad como cualquier reproche a sus estrategias y políticas internas", de acuerdo con Sherif A. Elgebeily, director del Center for the Study of International Peace and Security de Londres.

Un error táctico

Aunque en papel suena noble, el principio de no intervención sirve para que China evite las críticas y la interferencia en sus políticas. Desde el punto de vista del gobierno chino, lo que los otros países piensen sobre sus actos en Xinjiang, Tíbet o Hong Kong, su responsabilidad o su capacidad de hacer algo acaba en la frontera con China.

En un discurso ante Naciones Unidas, en septiembre, el canciller chino Wang Yi lo dejó en claro al decir que "para que la relación entre China y Estados Unidos permanezca estable, lo más importante es que respetemos la soberanía territorial, el sistema social y el proyecto de desarrollo del otro, además de no tratar de imponerle al otro la voluntad o el modelo propios".

Lee: China y Estados Unidos, ¿una futura guerra inevitable?

Por eso es tan extraño —y un posible error táctico— que Trump le pida a China, tanto en privado como públicamente, que investigue a uno de sus posibles rivales electorales.

Aunque China no se apegue a sus principios en la práctica —y ciertamente abundan las pruebas de que China lleva a cabo campañas de influencia tras bambalinas a las que tanto Moscú como Washington son adeptos—, nunca lo reconocerá abiertamente ni accederá a ninguna clase de intercambio. Hacerlo abriría la puerta a la intervención extranjera en los asuntos internos de China, cosa que Beijing ha intentado evitar a toda costa desde hace décadas.

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