“En pleno siglo XXI, este tipo de acciones son mucho más difíciles, no porque haya desaparecido el interés de Estados Unidos por ampliar su influencia o control sobre espacios estratégicos, como Groenlandia, sino porque cambiaron los costos político y los límites normativos”, dice José Joel Peña, profesor de relaciones internacionales de la FES Acatlán de la UNAM.
Dijo que hace dos siglos, la expansión naturalidad de las grandes potencias se aceptaba con naturalidad, sobre todo cuando esta terminaba vencedora en un conflicto. por ejemplo como en el caso del Tratado Guadalupe-Hidalgo, sin importar que pudiera afectar a la población de los territorios recién apropiados.
“Ahora hay una expectativa más fuerte de que las fronteras no se van a modificar ni con amenazas ni con la fuerza ni con la coerción”, dijo Peña. “Cualquier cambio territorial solo puede sostenerse si se percibe como plenamente legítimo y voluntario, de acuerdo con las normas del derecho internacional”.
El especialista también señaló que Estados Unidos no es el único país que ha mostrado un interés expansionista en años recientes. Puso como ejemplo a Rusia, que invadió a su vecino Ucrania hace casi cuatro año y reclama de la posesión de casi todo el este de este país. O Israel, que sigue con sus planes de ocupación en Cisjordania y la Franja de Gaza.
Peña explicó que en caso de no llegar a un cuarto que respete la autodeterminación del pueblo groenlandés, en el caso de las ambiciones estadounidenses, esto puede tener consecuencias peligrosas para todos los involucrados.
“Una decisión de esta magnitud no se resuelve con una transacción, sino con un proceso legítimo de voluntad de sus respectivas poblaciones. Esto vuelve difícil cualquier solución rápida, porque aún con un acuerdo formal, carecería de base social y sería inestable desde el inicio”, dijo el especialista en Derecho Internacional.
Por otra parte, Dinamarca ya no tiene autoridad para vender la isla y Groenlandia no quiere ser comprada por nadie.
Los groenlandeses tienen ahora derecho a celebrar un referendo sobre la independencia y las autoridades danesas han dicho que corresponde a los 57.000 habitantes de la isla decidir su futuro.
Una encuesta realizada el año pasado reveló que el 85 por ciento de los residentes se oponían a la idea de una toma de posesión estadounidense.