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Puerto Rico y EU: la relación desigual que Bad Bunny expone en su nuevo álbum

Los habitantes de esta isla del Caribe son ciudadanos estadounidenses, pero no pueden votar en elecciones presidenciales, a menos que se muden al territorio continental.
vie 06 febrero 2026 05:55 AM
Bad Bunny actúa en el escenario durante la gira mundial Debí Tirar Más Fotos en el Estadio GNP Seguros el 11 de diciembre de 2025 en la Ciudad de México, México.
La presencia de Bad bunny en el Super Bowl tiene “un componente profundamente político”, explicó Josrell Meléndez-Badillo, historiador de la Universidad Wisconsin-Madison (FOTO: Emma McIntyre/Getty Images)

Bad Bunny, el cantante que hará historia con el primer show de medio tiempo del Super Bowl en español, es un orgulloso puertorriqueño. Su último disco "DeBÍ TiRAR MáS FOToS”, es una carta de amor a esta isla en el Caribe. Pero además del ritmo pegajoso, el álbum lleva un potente mensaje.

Su presencia en el mayor evento deportivo de Estados Unidos y uno de los más sintonizados en el planeta tiene “un componente profundamente político”, explicó Josrell Meléndez-Badillo, historiador de la Universidad de Wisconsin-Madison a la AFP.

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El historiador colaboró con el Conejo Malo en los visuales del último álbum. En los visuales del álbum no aparecen las letras de las canciones, como hacen la mayoría de los músicos, sino fragmentos de la historia puertorriqueña, que está atada a la de Estados Unidos desde hace más de un siglo.

La “isla del encanto” vive bajo control de Estados Unidos desde 1898, por lo que sus ciudadanos son estadounidenses, aunque con menos derechos políticos de los que cuentan los habitantes del territorio continental o de Hawái.

Bad Bunny explora la perspectiva del colonialismo en "DeBÍ TiRAR MáS FOToS", que mezcla ritmos tradicionales como salsa, bomba y plena con el más contemporáneo reguetón, sostiene el académico.

Independencia de España, pero con control estadounidense

La isla estuvo entre las últimas dependencias que mantuvo el Imperio Español hasta finales del siglo XIX, cuando estalló la guerra hispano-estadounidense, lo que no solo dejó a España sin sus territorios de ultramar —Cuba, Puerto Rico y Filipinas—, sino que consolidó la influencia de Estados Unidos en el Caribe.

Las tropas estadounidenses invadieron Puerto Rico durante el conflicto, en julio de 1898. A pesar de algunos enfrentamientos, la resistencia española y puertorriqueña no fue suficiente para detener el avance estadounidense.

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“Los pueblos se lanzaron a vitorear en gran medida al ejército invasor. España significaba para muchos el retraso, mientras que Estados Unidos significaba prosperidad, significa innovación, modernidad y democracia”, dijo Silvia Álvarez Curbelo, profesora de la Universidad de Puerto Rico en entrevista con la BBC.

La invasión culminó con la rendición española y la firma del Tratado de París, en diciembre de ese año, por el cual España reconocía la independencia de Cuba y cedía Puerto Rico, Guam y Filipinas a Estados Unidos. Solo el último territorio lograría su independencia plena.

Puerto Rico era clave para los intereses geopolíticos de Estados Unidos, pues le permitía un acceso fácil al Caribe y principalmente a Panamá, donde ya se construía el Canal que une al Pacífico con el Atlántico.

Ciudadanos con menos derechos

La isla tuvo por varios años gobiernos militares nombrados directamente desde Washington, hasta la entrada en vigor de la Ley Foraker, en 1900, que ordenaba la instauración de un gobierno civil para Puerto Rico.

Otra legislación, la Ley Jones-Shaforth, promulgada en 1917, amplió el gobierno civil de Puerto Rico y concedió la ciudadanía estadounidense a los puertorriqueños. Esta medida se ejecutó durante la Primera Guerra Mundial con el fin de integrar a los puertorriqueños en el ejército estadounidense mediante la Ley de Servicio Selectivo de 1917.

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En 1952, Puerto Rico se convirtió en un estado libre asociado de Estados Unidos, con un mayor grado de autonomía que el que tenía anteriormente. La Constitución otorga a Puerto Rico una importante autonomía interna, pero es crucial recordar que la isla continúa siendo un territorio no incorporado de los Estados Unidos, lo que implica que está sujeta a la soberanía del Congreso de los Estados Unidos.

La constitución reconoce la ciudadanía estadounidense de los puertorriqueños, sin embargo, los ciudadanos de Puerto Rico no cuentan con los mismos derechos y obligaciones constitucionales de quienes viven en alguno de los 50 estados de la Unión. Por ejemplo, no tienen representación en el Congreso, excepto por un delegado sin voto en la Cámara de Representantes.

El Congreso estadounidense conserva la capacidad de revocar cualquier norma aprobada por la Legislatura de Puerto Rico y puede intervenir en los asuntos internos de la isla.

“En el pasado, por ejemplo, el Congreso excluyó o limitó a los puertorriqueños del acceso a programas financiados con fondos federales como Medicare, la Seguridad de Ingreso Suplementario y el Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria”, escribió Jorge Duany, profesor de Antropología y director del Cuban Research Institute de la Universidad Internacional de Florida, en un artículo

Los problemas del estatus

En los últimos años, el estatus político de la isla le ha traído pocas soluciones a sus problemas económicos, agravados por los desastres naturales.

En junio de 2015, el entonces gobernador Alejandro García Padilla declaró que la deuda pública de Puerto Rico de más de 72 mil millones de dólares no era pagadera.

Pero debido a que Puerto Rico no es un estado, no califica para la quiebra federal. Para reestructurar la deuda, el Congreso aprobó la Ley de Supervisión, Gestión y Estabilidad Económica de Puerto Rico en junio de 2016, que colocó los asuntos fiscales de la isla bajo control federal directo.

En agosto de 2016, el entonces presidente Barack Obama nombró a una junta de supervisión de siete miembros de una lista de candidatos nominados por el Congreso, incluidos cuatro puertorriqueños.

Pero quizás el punto más bajo de la relación entre Estados Unidos y Puerto Rico ocurrió después del paso de los huracanes Irma y María, que destrozó a la isla en septiembre de 2017. Sobre todo el último dejó a gran parte de los habitantes sin electricidad ni agua potable por meses.

La administración de republicano Donald Trump fue muy criticada en los últimos meses desde algunos sectores por la respuesta que se dio desde el gobierno estadounidense al desastre. Las imágenes del presidente lanzando rollos de papel de baño se volvieron virales.

Trump calificó la respuesta como “fantástica”, pero las autoridades de la isla no estuvieron de acuerdo con esta afirmación. "Es imposible que haya habido una respuesta "fantástica", en tanto somos tratados como ciudadanos de segunda clase”, dijo Ricardo Roselló, el entonces gobernador de Puerto Rico, en una entrevista con la cadena CBS en 2018.

Además, Trump desestimó el número de muertes en Puerto Rico por el fenómeno. De acuerdo con la Universidad de Harvard, 4,600 personas murieron por la tormenta, mientras las estimaciones oficiales eran de apenas unas decenas.

El estatus de Puerto Rico, en pausa

Puerto Rico ha celebrado siete referendos sobre su estatus político desde la década de 1960.

El estatus político de la isla es motivo de debate desde hace décadas. El Partido Nuevo Progresista (PNP) aboga por convertirse en un estado de Estados Unidos. El opositor Partido Popular Democrático defiende, por su parte, mantener el status quo actual.

En el último plebiscito, celebrado en noviembre de 2024, un 57% de los votantes puertorriqueños votaron a favor de convertirse en un estado. Sin embargo, la independencia quedó en segundo lugar por primera vez, con el 31%. El resultado es histórico: la independencia nunca antes había recibido más del 6% de los votos en ninguno de los seis plebiscitos anteriores.

Para Duany, la votación es simplemente simbólica, pues cualquier decisión sobre el estatus de Puerto Rico debe ser aprobada por el Congreso de Estados Unidos.

“El Congreso nunca ha tomado acción con respecto al estatus de Puerto Rico”, dijo Duany a la cadena NBC6. “Según la ley estadounidense, solo el Congreso puede iniciar un proceso de cambio de estatus para Puerto Rico desde 1898, porque Puerto Rico pasó a formar parte de Estados Unidos como resultado de la Guerra Hispanoamericana de ese año”.

Donald Trump, por su parte, no ha hablado de cambiar el estatus de Puerto Rico y antes de considerar a la isla, ha pensado en incorporar a Canadá como el estado 51.

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