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OPINIÓN: Cómo se 'hackea' una democracia

En las elecciones pasadas en EU se demostró que para atacar una democracia avanzada solo se tiene que vulnerar su principal fundamento: la apertura a la libre expresión en los medios digitales.
Hackeo
Hackeo La ingenuidad del sistema permitió a un gobierno extranjero interferir en las elecciones internas de los Estados Unidos. (Foto: Blablo101/Shutterstock / Blablo101)

Nota del editor: Javier Murillo Acuña es fundador y presidente del Consejo de Metrics. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autor.

(Expansión) — Uno de los fundamentos de la democracia es el derecho a la libre expresión y en la época de la comunicación digital, esta libertad transita en forma de contenidos que se publican en herramientas sociales digitales. Los Estados Unidos como inventores, usuarios y promotores de internet, además creadores de las principales aplicaciones de redes sociales y de correo electrónico que rigen las comunicaciones digitales en la actualidad, son la presa perfecta para todo tipo de amenazas.

En sus elecciones pasadas se demostró que para atacar una democracia avanzada, como la suya, solo se tiene que vulnerar su principal fundamento: la apertura a la libre expresión en los medios digitales. Eso fue lo que sucedió.

En 2016, hackers atacaron abiertamente dicha vulnerabilidad mediante cuentas (de sitios web y redes sociales) creadas y manejadas por agentes infiltrados expertos en propaganda (community managers), cuyo principal objetivo fue desestabilizar al sistema, polarizando sus posiciones, sembrando y exaltando dudas sobre el gobierno, las instituciones y políticos de los Estados Unidos. Como buena historia nacionalista, buscaron un enemigo para culpar y un salvador que los guiara en esa cruzada. “Trump contra el sistema” sería el nombre de la telenovela, el resto solo fue movilizar a la opinión pública.

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Hay evidencias que desde 2014 un grupo ruso llamado Advanced Persistent Threat 28 (APT28) o Fancy Bear, hackeó el Comité Nacional Demócrata (DNC), lo que inició la guerra digital del 2016. El “hacking social” comenzó con la filtración en WikiLeaks de la información que APT28 obtuvo ilegalmente del DNC , acto seguido, publicaron esa información con un tratamiento sensacionalista en portales como Russia Today (RT) y Sputnik, entre otros súper blogs para millennials, esa fue la chispa que encendería la mecha, a partir de ahí los contenidos se volvieron virales, lo que propició que los medios tradicionales “mordieran el anzuelo” publicando todo tipo de noticias, reportes y análisis relacionados. La operación estaba en marcha.

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nullLa segunda vulnerabilidad que explotaron los hackers fue la de los algoritmos de publicación de contenido de Google, Facebook y Twitter. Se aprovecharon del sistemático abuso por generar “engagement” y vender publicidad de dichas plataformas, al punto que les permitieron exacerbar el sensacionalismo de notas exageradas, manipuladas o falsas (en su mayoría), pero no solo eso, el diseño de dichos algoritmos permitió a los community managers infiltrados sesgar la información al punto que propiciaron la movilización de la opinión pública en el sentido que les convenía. El inception perfecto.

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La ingenuidad del sistema permitió a un gobierno extranjero interferir en las elecciones internas de los Estados Unidos. Se prepararon para riesgos y oportunidades relacionados con la guerra cibernética que involucra hackeo de sistemas, infraestructura y software, no así, para la posibilidad de ser atacados mediante una operación masiva de propaganda digital, opinión pública. Los hackers lograron manejar la percepción de los estadounidenses ya que entendieron que no es solo una red digital tecnológica, es una red de dispositivos y personas que no están entrenadas para ser críticas con la información que consumen en medios digitales y tradicionales.

¿Puede pasar en México? El nivel de riesgo es menor en democracias menos desarrolladas como la mexicana. Por un lado, la prensa tiene más filtros editoriales, aunque caemos en las mismas trampas de las llamadas #FakeNews, manejamos la información de forma diferente y tenemos más reservas que los estadounidenses para decir lo que verdaderamente pensamos, esto por dos razones: la primera, porque nos resistimos a defender nuestra postura, y la segunda, porque evitamos herir los sentimientos de los demás, ¿les suena familiar?

Por el otro lado, todavía arrastra más una despensa (con todo y frijol con gorgojo) o un billete de quinientos pesos, que lo que se publica en el Feis, aunque eso no quiere decir que es una arena donde habrá batallas digitales épicas. Ya tenemos el ejemplo del hackeo de las elecciones de los Estados Unidos, habrá que aprender de eso y estar preparados.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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