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OPINIÓN: No solo es una guerra comercial, es una guerra del dólar

La globalización ha llevado a China a ser el contrapeso económico del mundo, por eso se vuelve una amenaza para los intereses estadounidenses, señala Iván Franco.

Nota del editor: Iván Franco es fundador y director de la consultora de inteligencia competitiva Triplethree International. Síguelo en su cuenta de Twitter @IvanFranco555 . Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(Expansión) — La guerra comercial que parece incitar Donald Trump con el mundo, con el anuncio de un arancel a las importaciones de acero y aluminio, va más allá de un conflicto comercial. Las razones son geoestratégicas, en donde, lo que realmente está en juego es el dólar.

Recordemos que una guerra comercial es también una guerra de divisas.

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Los economistas han manifestado una y otra vez las pérdidas que conllevan las guerras comerciales, con lo cual coincido. No obstante, si el analista no integra en su análisis la variable geoestratégica, el análisis está incompleto.

Quizá por eso Gary Cohn, el principal asesor económico de Trump renunció al gabinete hace un par de días. Ya que, en principio, él no estaba de acuerdo con las medidas proteccionistas.

En el juego de Trump, que no es únicamente económico, sino uno geoestratégico, uno de los enemigos se llama China.

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Antes, es fundamental recordar un poco de historia para entender más del contexto. Todo inicia en Breton Woods en el año de 1944. Ahí se definió que Estados Unidos aportaría al mundo la moneda de reserva al sistema monetario mundial.

Posteriormente, viene la predicción del economista Triffin sobre las monedas de reserva en los años ‘60, y la ulterior dolarización de la economía global, acompañada de un consistente dólar fuerte. El paso de los años heredó una excesiva acumulación de deuda por parte de Estados Unidos por mantener un consumo creciente, al mismo tiempo que un dólar fuerte. Este modelo está agotado.

La globalización ha llevado a China a ser el contrapeso económico del mundo, por eso se vuelve una amenaza para los intereses estadounidenses. Dentro de esta estratagema económica, una de las piedras en el zapato de Estados Unidos es precisamente la industria del acero y del aluminio.

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Josh Bivens, en su columna en el New York Times, provee un punto clave sobre el tema. Él comenta que la imposición de tarifas a la importación no es nueva. Si uno piensa con la cabeza fría, son medidas temporales y tienen como objetivo modificar alguna presión sobre la industria local. Ya ha pasado en diversas ocasiones.

Según Bivens, la industria del acero y del aluminio está operando con un exceso en su capacidad de producción, en buena medida, por los subsidios que desde hace décadas el gobierno chino ha provisto a su industria nacional, con el fin de incentivar sus exportaciones, principalmente hacia Estados Unidos. Y esto ha provocado una reducción de sus precios.

nullLo que busca Trump con este arancel es castigar a la industria subsidiada, sin importar, claro está, el costo alto o marginal que tendría que pagar su país.

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Además, no se trata de castigar a China solo en materia comercial, sino también en materia cambiaria. Uno de los objetivos de Trump es traer los dólares de vuelta a casa, ante un escenario de subvaluación de las monedas de sus socios comerciales en años pasados, que ha promovido el un aumento del déficit comercial norteamericano reciente. Estados Unidos ha denunciado este hecho en numerosas ocasiones y desde hace años.

En el contexto de la batalla del dólar, el exsecretario del Tesoro y acérrimo crítico del gobierno de Trump, Lawrence Summers, provee otro punto importante. A pesar de su relativa fortaleza, el dólar se está debilitando.

Las tasas de interés de largo plazo en Estados Unidos se encuentran por arriba de las de Alemania y las de Japón. Esto implica que los mercados esperan una depreciación adicional del dólar, y, además, que los activos estadounidenes ya no son tan atractivos hoy en día.

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El anuncio de aranceles a las importaciones de acero y aluminio es una medida ambivalente y riesgosa, no solamente por las posibles represalias de otros países, sino porque se contrapone con otras variables que profundizan aun más la debilidad de largo plazo de la economía estadounidense.

Finalmente, ¿cuál es la jugada de Estados Unidos, un dólar fuerte o un dólar más débil? Toda la política económica del primer año de Trump apuntaría a que es la primera opción, pero esto no está sucediendo aún.

La medida proteccionista posiblemente no pase de ser una medida temporal. Lo que es un hecho, es que Estados Unidos quiere frenar a China.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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